Fervor contestatario en el Obelisco

Javier Becerra
Javier becerra A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

Más de 400 personas continuaban su desafío a la Junta Electoral tras la medianoche

21 may 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

La Acampada Coruña es una bola de nieve que no para de girar y de crecer. El martes pasado se reunieron apenas una veintena de personas. Ayer se podía contar un millar. No solo se incrementan las personas, también las propuestas, los discursos y los aplausos. A las ocho de la tarde el Obelisco desprendía un aroma entre Woodstock y Mayo del 68. Cientos de personas sentadas escuchaban a las voces del desencanto, arropándolas con aplausos, sintiéndose, de algún modo, partícipes de una revolución que camina decidida hacia un destino aún por determinar.

«Tenemos que ser un rebaño e ir todos juntos, abrir los ojos y luchar por lo que tenemos que luchar», resumía una de esas portavoces anónimas de la indignación. Ocupaba su puesto en el megáfono instalado frente a la carpa. Pegada a la pared aguardaba más de una decena de personas en fila, para hablar y lanzar al vuelo su indignación. Anxo, un chico de 21 años, lo sintetizó: «Aquí se está dando o de Robin Hood pero ao revés: quítanos a nós para darlles todo a uns poucos». Y despertó un explosión de aplausos.

La Acampada Coruña no es ya una cosa de jóvenes parados o universitarios. Realmente no lo fue nunca -el martes había gente de más de cuarenta años-, pero ahora el crisol sociológico es infinito. Va gente de veinte, de treinta, de cincuenta, de setenta años... Los indignados y los que entienden la indignación, los que lucen simbología antisistema o anarquista y los que se visten de manera totalmente estándar.

Entre todos moldean cómo debe ser el mundo. Primero diagnostican las enfermedades («el problema es el bipartidismo», indicaba Ruth), luego exponen su solución («Sin un cambio en la ley electoral, no hay democracia porque solo vale para dos partidos», añadía). Y a otra cosa. Del pequeño comercio a la ley de educación, pasando por los abusos de la banca. Los temas vienen y van como una pelota dialéctica que rebota de lado a lado.

Desafío a la prohibición

Durante la tarde se planteó la permanencia del campamento del Obelisco, una vez conocida la decisión de la Junta Electoral. La postura fue la de mantener la protesta. «Permaneceremos no mesmo lugar concentrados porque non consideramos que vaiamos a incumprir ningunha lei», explicaba ayer uno de los portavoces del movimiento coruñés, que volvió a recalcar que son totalmente autónomos. La opción inicial era la de llevar a cabo «unha manifestación aséptica, sen referencia aos partidos e baseada en actividades artísticas».

A las once de la noche los responsables de la acampada empezaron a retirar todos los carteles con contenido político. En su lugar colgaron otro en el que se podía leer: «Sin drogas (esto no es un botellón), sin violencia (deja tu odio en casa), sin banderas (estamos unidos con la humanidad)».

Asimismo, durante la asamblea de la tarde se convocó a la gente para una comida popular en el Obelisco, a las dos de la tarde y con carácter vegano.

La propuesta más original, sin embargo, estaba fijada para la medianoche, coincidiendo con la entrada en vigor de la prohibición de la Junta Electoral. Una buena parte de la gente allí reunida (alrededor de cuatrocientas personas) se pusieron un trozo de celo en los labios en señal de protesta. Era lo que denominaban «un grito de silencio».

Como en las jornadas anteriores, hubo muchos que optaron por pasar toda la noche en el Obelisco. Al cierre de esta edición, varias personas se encargaban de distribuir a la gente por el campamento.

«Aquí se está dando o de Robin Hood ao revés: quítanos a nós para darlles todo a uns poucos»

Anxo

«Sin un cambio en la ley electoral, no hay democracia porque solo vale para dos partidos»

Ruth