La esvástica oculta del cementerio de San Amaro

Los restos del panteón nazi continúan escondidos en el camposanto


a coruña

La presencia nazi en A Coruña fue algo más que anecdótica, tal y como recoge el historiador Jesús María Reiriz en su libro La Coruña y la Segunda Guerra Mundial (Arenas). Es conocido, por ejemplo, que en el parque de Santa Margarita hubo una emisora de radio que informaba a los submarinos alemanes en el Atlántico. Pero hubo que esperar hasta el año 2009 para comprobar que todavía quedaban resquicios de aquella presencia. Más concretamente, en el cementerio de San Amaro, cerca de donde se levanta un monumento a los republicanos y una placa dedicada a los caídos por la Libertad.

Ocultos, emparedados tras un bloque de nichos, perviven los restos del mausoleo nazi que fue inaugurado el 9 de noviembre de 1944 en el departamento civil del camposanto coruñés. Una esvástica tallada en piedra es lo poco que puede adivinarse entre la maleza que termina de tapar este conjunto funerario que contaba con un bajorrelieve del águila de la Luftwaffe y dos cruces gamadas. Un hallazgo hecho público por La Voz ante la sorpresa de la clase política municipal y de los familiares de los enterrados en las proximidades.

El mausoleo, levantado por el consulado alemán para acoger los cuerpos de los soldados caídos en combate en Galicia, llegó a contar con 16 sepulturas, ocho de las cuales correspondían a las víctimas del submarino U-966 hundido por los ingleses en Estaca de Bares. Pero el monumento funerario cayó en el olvido después de que en 1982 los restos mortuorios allí enterrados fueran trasladados al cementerio alemán de Cuacos, en Cuenca.

No tardó la Comisión pola Recuperación da Memoria Histórica en reaccionar tras salir publicada en La Voz la existencia del panteón. Manuel Monge trasladó la petición al gobierno local de que fuese urgentemente destruido: «Non importa que estea oculto. Algo coma iso non pode estar no noso cemiterio», exclamaba entonces. Los políticos tardaron algo más en pronunciarse. Si bien todos expresaron su sorpresa ante la presencia de estos restos, se mostraron cautos ante la posibilidad de echar abajo lo que queda del mausoleo por dos motivos: en primer lugar, está fuera de la vista e intencionadamente escondido; y por otro lado, realizar obras en un entorno tan delicado necesita de un estudio técnico previo que garantice su viabilidad.

De todos modos, el primero en hablar fue el nacionalista Henrique Tello, que se sumó a la solicitud presentada por Monge abogando por la eliminación de cualquier símbolo nazi, ya que «se hai algo que representa a memoria histórica no seu sentido máis negativo é sen dúbida isto». El concejal popular Julio Flores resaltó en su momento que los restos «no están a la vista», mientras esperaban a la reacción oficial del gobierno local, que aun tardaría algo más en llegar.

Y mientras los políticos discutían qué hacer, la curiosidad de los coruñeses hizo que la esvástica de San Amaro se convirtiese en punto de parada obligado en las visitas guiadas al cementerio.

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