«A David Copperfield hubo que conseguirle unos patos»

Ramón Barros ha organizado 640 espectáculos en cinco años con Cávea


a coruña / lavoz

Es la persona con más papeletas para no disfrutar de un concierto. Como organizador de espectáculos, Ramón Barros tiene que acertar en la elección -«hay que asegurar la viabilidad económica», explica-, y luego estar al pie del cañón durante el evento para resolver imprevistos -«no entiendo a los promotores que organizan a distancia, yo procuro estar cuando se celebra el espectáculo»-. Con esta filosofía, Cávea Producciones programa en colaboración con la Fundación Caixa Galicia una media de 140 espectáculos al año en el Teatro Colón, a lo que se suman eventos en otros recintos de Galicia como el Monte do Gozo, la plaza del Obradoiro y los teatros del país. En total, esta empresa dependiente de Corporación Novacaixagalicia ha gestionado 640 espectáculos en cinco años. La cabeza visible de Cávea es Ramón Barros, que ha pasado 21 de sus 47 años organizando espectáculos.

-La leyenda dice que el artista de fama exige extravagancias.

-Muchas veces no son los artistas los que ponen condiciones, sino los que están alrededor. Cambia mucho si vienen a taquilla y son los responsables de los gastos o no. Cuando pagan ellos las necesidades se reducen a la mitad, y cuando pagas tú te piden el oro y el moro. Recuerdo cuando trabajé en el equipo del concierto de Prince en A Coruña en 1990. Las exigencias eran escandalosas. Era televisado en directo y habían programado a Madonna para el mismo día en Vigo. Finalmente a Prince vinieron 25.000 personas y a Madonna sobre 7.000.

-También ha programado a Van Morrison, con fama de difícil.

-Venía precedido por anécdotas como la sucedida en Madrid, en donde avisó que si veía flashes en las gradas se iba. Y se fue. En A Coruña exigió un cátering espectacular cocinado en los propios camerinos. Era bastante huraño, aunque no tuvimos problemas. Eso sí, tocó exactamente el tiempo que ponía en el contrato. Ni un minuto más. Lo mismo nos pasó con Whitney Houston. Su concierto era televisado para toda Europa, y cuando la televisión cortó, ella, curiosamente, se puso afónica y paró de cantar.

-También tuvo anécdotas jugosas con David Copperfield.

-Firmamos un contrato de confidencialidad sobre sus trucos. También tuvimos que conseguirle unos patos de una raza determinada, porque los suyos no llegaron a tiempo. En otras ocasiones encuentras personajes muy famosos pero cercanísimos como Frank Sinatra o Iron Maiden. Luego hay artistas cuya dificultad viene de las exigencias técnicas. Por ejemplo, Maná trajo al concierto del Monte do Gozo veinte tráilers de material.

-Desde fuera, programar espectáculos parece un negocio de riesgo.

-Y todo influye, desde sucesos inesperados hasta partidos de fútbol que se programen a la misma hora. Cuando contrato algo, chequeo antes todo: el calendario de la liga y la Champions, la programación de otras ciudades, si cae en un puente... Es un sector en el que todo el mundo sabe, pero poca gente entiende. Aunque con la crisis hay menos intrusismo, y existen filtros que dan garantías como la Asociación de Promotores Musicales, en la que estamos.

-Además, el público se ha vuelto muy exigente con el nivel técnico de los espectáculos.

-La tendencia es que el público escape de las aglomeraciones, y prime la calidad acústica y la confortabilidad del lugar. Una de las cosas que hemos trabajado en el Teatro Colón es cambiar el concepto de algunos conciertos programando artistas como Dominique A, Nacho Vegas o Quique González, que no suelen aparecer en teatros.

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