Abocados a las elecciones anticipadas desde la última y «provisional» victoria de Sócrates


redacción / la voz

La celebración de su segunda victoria fue muy breve y poco intensa. La rúa Castilho de Lisboa parecía en la noche del 29 de septiembre del 2009 más el escenario de concentración de un reducido grupo de fans que el de los seguidores del líder del proyecto político elegido para gobernar Portugal hasta el 2013.

Entre los miembros del equipo de José Sócrates se trató de convencer esa misma noche a la prensa de que la pérdida de la mayoría absoluta no tenía por qué llevar la inestabilidad política a la Asamblea de la República y por consiguiente a todo el país. Pero pese a esa tarea, hasta los medios situados a la izquierda apostaron desde ese mismo momento porque el período legislativo que comenzaba ese día llegaría a duras penas a la mitad del mandato.

Por ello la provisionalidad ha marcado profundamente el segundo mandato de Sócrates. Provisionalidad porque resultaba evidente que el primer ministro luso no ha dejado de buscar desde el principio el momento más propicio para convocar elecciones, y poder hacerlo acusando al conservador Partido Social Demócrata de haber dejado de remar junto al Gobierno para afrontar la crisis y ayudar a los portugueses. Provisionalidad también porque la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional llevan meses diciendo al Ejecutivo qué es lo que tiene que hacer para reducir el déficit público y ganar la confianza de los mercados, haciendo que Sócrates se tenga que corregir a sí mismo con cuatro planes de austeridad consecutivos. Y provisionalidad también en la oposición, porque el PSD ha permitido respirar al Ejecutivo hasta ahora para que su nuevo líder, Pedro Passos Coelho, lograse músculo político suficiente y la confianza de los grandes nombres de Portugal para hacer que de una vez la derecha cuente con el líder que no encuentra desde que Cavaco Silva regía con el partido naranja el Gobierno portugués.

La provisionalidad se ha convertido en todo caso en el peor aliado de Portugal para hacer frente a su interminable crisis, que, por larga en lugar de coyuntural, se ha hecho eterna, minando la credibilidad del Ejecutivo y de toda la clase política, por lo que solo las urnas pueden ya diseñar un nuevo escenario, que, sin embargo, puede volver a ser provisional.

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