Del paseíllo a la pasarela

A CORUÑA

El Coliseo registró ayer más presencia femenina que en otras ocasiones. Las mujeres vibraron con las actuaciones del matador Francisco Rivera Ordóñez

08 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Que Francisco Rivera atrae a las mujeres tanto en la plaza como fuera de ella se demostró ayer en el Coliseo de A Coruña. El público, quizá menos numeroso que en la jornada del jueves, reunía más presencia femenina que en otras ocasiones. A ellas el diestro no las decepcionó. A ellos les costaba creer que la estrella del cartel no produjera sentimiento en su primera entrada.

Entre pasarelas y cerveza se pasó su intervención. Minifaldas en los toros, como no dice la canción, y la distracción que cambiaba del ruedo a las piernas largas. Fran era el nombre que a más de un presente le hubiese gustado tener.

Pero los gritos femeninos y las ansias de los flashes por tener la foto en la que el torero luciese más valiente y viril no bastaron paga ocultar los silbidos. «Francisco Rivera Ordóñez no vino a A Coruña a torear como sabemos que ha hecho en otras plazas», se oía desde el palco más alto. Ni una oreja en el primer toro, y el público que se echaba las manos a la cabeza. Mucha niña mona, pero ni un solo pañuelo blanco. La música llegaba entre la decepción como agua de mayo. Y es que dicen que amansa a las fieras y al mal ruedo en la plaza.

Comparaciones odiosas

«En la plaza la emoción llega cuando menos te lo esperas», decía uno de los pocos hombres que esperaban un cambio de tornas. Y así fue, los que habían oído su premonición asentían con la cabeza.

«Fran, aprende», gritaron los que vibraron con David Fandila. Comenzaba el espectáculo con un granadino al que se calificaba de auténtico ciclón, aunque en recinto cerrado no corría la brisa, tan odiada a veces y a la que se le echa la culpa de la falta de concentración.

Todas las filas en pie cuando se quitó el sombrero y agitó los brazos. Las mujeres se enamoraron de otro hombre. Algunas manifestaban tener el corazón dividido y los flashes volvían a eclipsar el coso.

Los asientos vacíos, las banderas españolas y las camisetas uniformes de las peñas pusieron el color a la plaza que se presentó escaso por momentos. Cuatro Caminos, Ciudad Vieja y El Cordobés, entre otras, competían por ser las más amantes de la tauromaquia.

Salió Ambel Posada y pasaba rápido por el ruedo con más gloria que pena. Pero el ambiente ya pedía a Francisco Rivera. Llegó y cumplió. La reacción de las mujeres no se hizo esperar. La plaza chillaba como si el acto recibiera de repente a un grupo popero de adolescentes enloquecidas por el fanatismo. Ni los Backstreet Boys en sus mejores tiempos.

Sabor agridulce

La banda de música merendaba a ratos. Los demás se mordían las uñas. Ya nadie quería dejar de mirar a la plaza. La pasarela se terminó y la tortilla española apetecía a todos. Las mujeres abandonaba la plaza del brazo que las había acompañado, y que perdonaba por la emoción del toreo los celos que inundaron por momentos el Coliseo coruñés.