«Si eras relaciones públicas de Pachá ligabas diez veces más»

La Voz

A CORUÑA

20 jul 2009 . Actualizado a las 13:13 h.

«Era la época del vespino, de los pantalones tobilleros, de Los Limones, de saltarte la cola para entrar en la discoteca y que todo el mundo lo viera». Los recuerdos se agolpan en la mente de Javier Álvarez, más conocido como Ché. Él estuvo involucrado en la época en la que la sesión de tarde de Pachá se convirtió en uno de los mitos juveniles de la ciudad. «Fue entre finales de los ochenta y el 92 o 93 -precisa-. Esa fue la época dorada de Pachá, algo impresionante. Y para nosotros, que nos eligieron como las estrellas de todo ese tinglado, ya ni te cuento».

«En ocasiones se superaban 2.500 personas», asegura Hugo Chas, otro de los personajes carismáticos que formaban parte del equipo. «No solía bajar de los 1.500 los días flojos y a todo ello había que sumarle entre 200 y 400 vips». Esa era la clave. Ser un vip (es decir, una persona muy importante) en ese contexto, suponía tener una vida iluminada como una especie de estrella local.

Ché revela cómo era aquel ambiente: «Había gente importante por el papel que representaba. Gente de locales emblemáticos como Agarimo, Marengo, Star, Finita, RKO y otros. En esos sitios tenías dos modos de entrar, uno saludando a todo el mundo y formando parte del rollo. Si no, te sentías tan incómodo por el examen visual al que eras sometido que optabas por marcharte».

Uno de los modos más eficaces para penetrar en esos círculos era convertirse en relaciones de Pachá. Se buscaba líderes de opinión en cada colegio que arrastrasen a sus compañeros. A excepción de los que dirigían el negocio, al resto no se les pagaba. Entrada y copas gratis era la retribución. El resto, intangible. «Si eras relaciones públicas de Pachá ligabas diez veces más», apunta Ché. «Había tema y no ligaba el que no quería», añade Chas.

El interés en los relaciones públicas, trascendía a la discoteca. «Las tiendas nos regalaban ropa para que la llevásemos puesta, porque así la ponían de moda», rememora Ché, que detalla las directrices que tenían los porteros: «Calcetín blanco no y zapatillas solo si eran Dunlop o Victoria. Las marcas eran importantísimas. Desde las coruñesas como Marta Morodo o Amarras a otras como Levi's o Lacoste».

Capítulo aparte merecen algunas bebidas, hoy obsoletas, pero populares en la época. «Está el Licor 43 con cacaolat, luego el cuac-cuac que aparte llevaba Cointreau y, por último, el cristal, con vodka, Licor 43 y Cointreau a pelo. Eso garantizaba la borrachera total», comenta Ché

Concursos de grupos

Todo movimiento juvenil tiene su banda sonora y la de Pachá, aparte de la de los Nikis, Hombres G o Los Secretos, la crearon grupos coruñeses como los recordados Encuentro Casual o Brillan por su Ausencia, que participaron dentro de los concursos de grupos noveles. «Recuerdo ver allí a alguno de los componentes actuales de Meu, Hit o Rockers Go To Hell», sostiene Chás. También fueron míticos los Miss Pachá («la que lo ganó se llevó un vespino», comenta Ché), las fiestas de la espuma y, como no, la famosa piscina.