Marcaje policial en la zona de los «after»

Tres patrullas del 092 y un coche sin distintivos acudieron en cinco minutos para abortar una pelea que comenzó en Joaquín Vaamonde y terminó con un detenido


Parecía el inicio de una pelea, pero se quedó solo en un amago porque la policía se presentó en la zona de after-hours de Pintor Joaquín Vaamonde sin dar tiempo a que los ánimos se alterasen todavía más. La intervención de los agentes puso punto final ayer a una mañana que una vecina calificaba de «mucho más tranquila que otros fines de semana». Y, a su entender, fue así por un motivo: «Desde hace unos días la policía pasa continuamente por aquí».

Pero tranquilidad no significa en esa céntrica calle lo mismo que en otros puntos de la ciudad. A eso de las seis los locales comenzaban a llenarse de clientes, y la actividad ya no pararía hasta bien entrada la mañana. A partir de esa hora, el paso de las patrullas de la Policía Nacional y del 092 era frecuente. Sin embargo, en el lapso entre una y otra visita de los cuerpos de seguridad no era muy difícil ver a alguna que otra persona consumiendo drogas en plena vía pública. Mientras, varios noctámbulos parecían tener problemas para mantener la verticalidad y para oírse a sí mismos.

Poco más tarde, un coche aparcaba justo delante de uno de los establecimientos hosteleros. El conductor también necesitaba una buena dosis de decibelios para seguir el ritmo de la música, que, en cuanto se abrieron las puertas del vehículo, huyó en todas direcciones. Era tal el jaleo que un portero se acercó y, de muy buenas maneras, le pidió al melómano que girase la rueda del equipo musical hacia la izquierda. Varios vecinos aseguraron que desde el viernes pasado esta es una práctica habitual del personal de puerta de los bares de última hora.

A empujones

Rondaban ya las ocho y dos grupos salían de un local a empujones. La cosa parecía seria. Finalmente los daños fueron algún cardenal y camisas que habrá que tirar a la basura. Nada más. La policía, en este caso, ni estaba ni llegó. Tampoco parecía ser muy necesario.

Una hora más tarde la calle estaba más vacía. En el camino entre bar y bar, dos jóvenes aprovechaban el escaso cobijo de un portal para desenvolver, casi a cuatro manos, algo diminuto mientras echaban un par de miradas rápidas a sus espaldas. Terminaron con lo suyo y entraron a tomar algo. Cuando se abrió la puerta se escapó un poco el sonido chunda-chunda del interior.

Un vecino con ojeras y cara de pocos amigos se acercó a la entrada de otro establecimiento. Se puso a discutir con los porteros y los amenazó con avisar a la policía. Su enfado era monumental, y a grito pelado hacía mención a la licencia del local. «Os voy a denunciar», dijo en voz bien alta mientras se marchaba señalando con el índice. Los trabajadores del bar apenas discutieron con él.

Pasaba ya de las diez de la mañana. De un after salían varias personas vociferando. Un hombre amenazaba a otros y un par de amigos se lo llevaron prácticamente a empujones hasta Menéndez Pelayo, que hace esquina justo al lado, y después por Emilia Pardo Bazán. En esa última calle aparecieron casi de inmediato tres vehículos del 092 y un coche policial camuflado. No tardaron ni cinco minutos desde que el conato de pelea se iniciase en la puerta del bar.

La cuestión se zanjó con un detenido -el gritón-, que ya dentro del coche policial, en la parte trasera, protestaba y golpeaba los cristales. Los agentes, que mientras tanto también atendían a lo que estaba sucediendo en la calle e interrogaban a los presentes, agotaron su paciencia. Abrieron el portón trasero del turismo y una de las puertas, le agarraron las muñecas al hombre y lo esposaron para que se estuviese quieto.

Reportaje

Todo esto sucedió poco después de que el presidente de la asociación El Ensanche, Gerardo Crespo, abandonase el lugar. El dirigente vecinal se pasó a primera hora de la mañana por la plaza de Vigo y la calle del Pintor Joaquín Vaamonde para acompañar un equipo de reporteros de un programa televisivo y explicarles en directo los motivos de las quejas de los residentes en la zona.

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