Galeano dedica un relato a un deportivista fusilado en 1936

Rubén Ventureira

A CORUÑA

Bebel García era un destacado socialista. «Muy buen chico y buen delantero», recuerda García Vizoso, que jugó con él

24 sep 2008 . Actualizado a las 12:12 h.

La última voluntad de Bebel García antes de que un pelotón de fusilamiento lo mandase al otro mundo fue orinar ante sus verdugos. Ocurrió en punta Herminia, A Coruña, en 1936. Este episodio es narrado con prosa certera por Eduardo Galeano en uno de los relatos incluidos en su último libro, Espejos. Una historia casi universal (Siglo XXI), publicado el pasado febrero. Ya se han vendido más de 25.000 copias de una obra en la que el uruguayo abarca desde la prehistoria hasta Bush, pasando por Hitler y Bebel García.

¿Quién era Bebel? En A Coruña, los más viejos del lugar responderían: «Uno de los hermanos de la lejía». Rojos hasta la médula y hasta la bala final. En el 2002, el Ayuntamiento dedicó una calle a los hermanos García. En el 2008, Galeano, autor de uno de los grandes libros sobre el balompié jamás publicados ( El fútbol a sol y sombra ), convierte en universal la historia de uno de ellos: Bebel.

Ocho hermanos

«Los hermanos llegaron a la ciudad procedentes de Ribadeo porque su padre había sido desterrado, por socialista, a 150 kilómetros de la villa», explica el historiador Carlos Fernández. «De los ocho, solo uno fue bautizado, José. Los otros tenían nombres tan llamativos como Voltaire, Jaurés, France o Bebel», continúa. Su padre, que se dedicaba a la venta y distribución de lejía, era un destacado militante socialista, ideología que abrazaron sus hijos. El 20 de julio de 1936, Bebel, France y Jaurés ayudaron en la defensa del Gobierno Civil, atacado por una batería de artillería situada en el Parrote. Pepín, otro de los hermanos, también colaboró en la defensa, pero pudo escapar. Los otros tres fueron detenidos. «Tras una parodia de juicio militar sumarísimo, Bebel y France fueron ejecutados el 29 de julio. Jaurés se libró porque era menor de edad, pero al año siguiente, durante un cambio de cárcel, apareció muerto junto al cementerio de San Amaro. Dijeron que se había intentado escapar», añade el historiador.