Galeano dedica un relato a un deportivista fusilado en 1936

Bebel García era un destacado socialista. «Muy buen chico y buen delantero», recuerda García Vizoso, que jugó con él


La última voluntad de Bebel García antes de que un pelotón de fusilamiento lo mandase al otro mundo fue orinar ante sus verdugos. Ocurrió en punta Herminia, A Coruña, en 1936. Este episodio es narrado con prosa certera por Eduardo Galeano en uno de los relatos incluidos en su último libro, Espejos. Una historia casi universal (Siglo XXI), publicado el pasado febrero. Ya se han vendido más de 25.000 copias de una obra en la que el uruguayo abarca desde la prehistoria hasta Bush, pasando por Hitler y Bebel García.

¿Quién era Bebel? En A Coruña, los más viejos del lugar responderían: «Uno de los hermanos de la lejía». Rojos hasta la médula y hasta la bala final. En el 2002, el Ayuntamiento dedicó una calle a los hermanos García. En el 2008, Galeano, autor de uno de los grandes libros sobre el balompié jamás publicados ( El fútbol a sol y sombra ), convierte en universal la historia de uno de ellos: Bebel.

Ocho hermanos

«Los hermanos llegaron a la ciudad procedentes de Ribadeo porque su padre había sido desterrado, por socialista, a 150 kilómetros de la villa», explica el historiador Carlos Fernández. «De los ocho, solo uno fue bautizado, José. Los otros tenían nombres tan llamativos como Voltaire, Jaurés, France o Bebel», continúa. Su padre, que se dedicaba a la venta y distribución de lejía, era un destacado militante socialista, ideología que abrazaron sus hijos. El 20 de julio de 1936, Bebel, France y Jaurés ayudaron en la defensa del Gobierno Civil, atacado por una batería de artillería situada en el Parrote. Pepín, otro de los hermanos, también colaboró en la defensa, pero pudo escapar. Los otros tres fueron detenidos. «Tras una parodia de juicio militar sumarísimo, Bebel y France fueron ejecutados el 29 de julio. Jaurés se libró porque era menor de edad, pero al año siguiente, durante un cambio de cárcel, apareció muerto junto al cementerio de San Amaro. Dijeron que se había intentado escapar», añade el historiador.

¿Fue real el episodio urinario? «Se dice que sí, pero no queda nadie que pueda confirmarlo», responde Fernández. Sí queda quien puede hablar de las virtudes futbolísticas y humanas de Bebel. Rodrigo García Vizoso, que el próximo febrero cumplirá 100 años, fue compañero de vestuario del fusilado. «¡Cómo no me voy a acordar de Bebel! Vivía en la calle San Roque. Su padre era un líder del partido socialista. Era muy buen chico, muy gracioso, aunque algo infantil. Y muy valiente, hacía frente a la policía y a todo lo que hiciese falta. Cuando vino el movimiento se paseaba con un collar y una cruz por la calle Real. Los tenía bien puestos», resume el que fue portero deportivista.

Según la historia del club coruñés realizada por Bocelo, Bebel (que aparece en el libro como Babel) jugó cuatro temporadas en el Dépor, todas en Segunda, en las que coincidió, entre otros, con Chacho. En ninguna de esas campañas el equipo consiguió logros importantes. «Era suplente», apunta Fernández. Un buen suplente. En la 32-33, Bebel jugó cinco partidos e hizo un gol. En la siguiente, participó en 20 y consiguió 10 tantos. En la 34-35 solo disputó dos, y uno en la 35-36. En total, 28 encuentros, en los que consiguió 11 goles. «Era un buen delantero, un extremo derecha. Aunque muy bajito, casi enano, tenía unas condiciones fabulosas para el fútbol, pero en la cabeza tenía otras cosas», recuerda Rodrigo.

No fue el único jugador del Dépor fusilado. «Lemos, que estaba haciendo la mili, fue uno de los soldados detenidos en 1937 a los que se condenó por preparar una insurrección contra sus superiores», informa Carlos Fernández.

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