Noche de bullicio y váteres improvisados


La página web del Ayuntamiento, en su apartado de Medio Ambiente, explica que los jardines de Méndez Núñez «cuentan con numerosos árboles ornamentales entre cuyas ramas habita [...] el estornino pinto», entre las otras muchas aves que cita. Pero ayer de madrugada no fue el canto de estos más que ruidosos pájaros el que acabó con el silencio nocturno. Lo que a medianoche (cuando apenas había trescientas personas en la Rosaleda) era un murmullo fue elevándose con la llegada de más y más jóvenes. Y si una hora después era ya bullicio, a las dos, en su punto álgido, se había convertido en auténtico jaleo.

En plena fiesta, la bebida corría a raudales, y los cuerpos comenzaron a necesitar alivio. A falta de servicios públicos, cualquier esquina o espécimen arbóreo eran buenos para orinar. Eso, ellos. Las chicas se las componían como podían entre algún matorral o al abrigo de varias compañeras de pandilla. Sin embargo, las más organizadas aprovechaban el acceso al semisótano de la cafetería El Mirador. Había cola para ir al improvisado váter, en cuya entrada una muchacha preguntaba: «¿A quién le toca?». El lugar parecía perfecto, lejos de miradas indiscretas, pero luego de varios turnos el hedor y el suelo empapado invitaron a buscarse un sitio mejor.

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Noche de bullicio y váteres improvisados