«Los problemas del niño hoy son los mismos que había en Egipto»

Entrevista | Emilio Fernández Álvarez Doctor y maestro de doctores, fue de los primeros neuropediatras que hubo en España. Ahora, pasa también consulta en la Maternidad Belén


a coruña

Además de ser uno de los primeros neuropediatras de España, el lucense Emilio Fernández Álvarez (Meira, 1936) trabajó ocho años en el Vall d'Hebrón antes de montar el servicio de Neuropediatría del San Juan de Dios, de cuya dirección renunció hace unos años, pero al que continúa vinculado laboralmente. Es autor de dos libros de referencia para la especialidad, uno de los cuales - Movement Disorders in Children - es, además, el único publicado en inglés sobre los trastornos del movimiento en la infancia. Coincidiendo con su regreso a Galicia, desde hace unas semanas ejerce de consultor en la Maternidad Belén. «Veremos si puedo aportar alguna cosa», dice.-¿Hay pocos especialistas o pocas neuropatías infantiles?-Hay muchos trastornos neurológicos en el niño. Entre los pacientes de una consulta puntual, a los que sigue el pediatra, y los que por su gravedad o complejidad requieren que los lleve el neuropediatra, pueden suponer entre el 4 y el 5% de la población infantil. En nuestra especialidad entra todo lo que tiene que ver con la epilepsia, todo lo que tiene que ver con los trastornos del desarrollo, como el déficit de atención e hiperactividad, y los trastornos del movimiento y las distonías.-¿La barrera con lo psiquiátrico o psicológico está bien definida?-No del todo. Por ejemplo, las causas del autismo las conoce el neuropediatra y el manejo, el psiquiatra, la hiperactividad también es cosa de varios especialistas... se trata de colaborar.-Y, ¿qué espera encontrarse aquí?-No son diferentes los problemas aquí que en Nueva York. Variará la expresión o la idiosincrasia de la comunidad. Me imagino que las diferencias pueden venir por el acceso, que no será igual en el entorno urbano que en el rural.-Es experto en trastornos del movimiento.-Hace ya treinta años comencé a interesarme por este tema, porque era completamente nuevo. Se calcula que hay más de 300. Hay una parte importante que se ven en el lactante, son transitorios y benignos, y hay que conocerlos para no someter al niño a tratamientos innecesarios. Después hay distonías que implican la contractura simultánea de músculos antagonistas. Los más frecuentes son los tics.-¿Y los signos de alarma?-Corresponde a los pediatras -y en Galicia son muy buenos- recurrir al consejo del neurólogo. Lo importante es la información. Los padres desorientados, que no saben lo que le está ocurriendo a su hijo, no saben cómo manejar el problema.-O sea, hay que tranquilizar a los padres.-Mi misión no es ni serenar, ni ser simpático. Mi misión es ser útil, e informando se puede ser, y mucho.­-¿Existe confusión?-Hay unos prejuicios sociales terribles y ancestrales, por ejemplo, sobre la epilepsia. Existe la idea de que es para toda la vida, cuando el 85% de los niños con ataques se curan, y cuando digo se curan, quiero decir, que pueden dejar el tratamiento. Produce a menudo pavor, pero cada vez tenemos mejores tratamientos y mejores métodos de diagnóstico.-¿Y con los trastornos del desarrollo?-La base orgánica de la hiperactividad está bien establecida, y lo que hay que saber es qué niño necesita tratamiento farmacológico, cuál conductual y cuál los dos. Y lo mismo ocurre con otros trastornos como el autismo. Lo que sucede es que dentro de estos cuadros existen formas muy variadas y de muy diversa gravedad, y hay un abanico amplísimo de formas ligeras que son compatibles con una buena vida.-¿Se superdiagnostica la hiperactividad o es que ahora no sabemos tratar a los hijos y acaban muchos con problemas de conducta?-Yo no tengo base alguna para creer que cualquier tiempo pasado fue mejor. Es más, tengo la impresión de que los problemas del niño hoy son los mismos que había en Egipto. Hemos cambiado muy poco. Lo que ha variado es el nivel económico, el cultural, y, por tanto, el acceso. Cosas más superficiales que esenciales. Porque los afectos, las envidias, el amor y el odio, la preocupación por los hijos... siguen siendo lo mismo.

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