HERCULÍNEAS | O |

05 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

A DUBLÍN le corre por las venas la tinta negra de su cerveza, la lluvia industrial que arrastra el río Liffey bajo el puente del Medio Penique, la inagotable literatura de Wilde y Joyce y la música traviesa de U2, esos cuatro tipos que siempre quedan un poco fúnebres en las fotos del cedé, como si estuviesen aguardando a que los fusilasen al pie del árbol de Joshua. Con el permiso de la banda del Rapid Eye Movement, los dublineses son ahora mismo, después de 25 años en la carretera, la gran leyenda del rock mundial. Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen Junior actuarán en agosto en Madrid y Barcelona. Vale. A más población, más pasta y más público. Una ecuación sencilla. Tanto que todo el papel está ya vendido para estos conciertos. Pero resulta que U2 también ha colocado ya la taquilla completa de su tercera cita española del verano: San Sebastián. ¿Y qué tendrá San Sebastián que no tenga A Coruña? ¿Los chiquitos de lo Viejo? ¿La mirada birolla de Fernando Savater? No será por gente. Donostia tiene 182.644 habitantes y en A Coruña viven 242.846 vecinos. La aritmética, como el algodón, no engaña: les sacamos 60.000 cabezas (seis coliseos o dos estadios de Riazor a tope). Pero U2 no se dejará caer por aquí. Paciencia. Siempre nos quedará la Pantoja. luis.pousa@lavoz.es