La voz de la Compañía

Ana Rodríguez A CORUÑA

A CORUÑA

Perfil | María Lydia Fernández González Dirigió EGB, guió el coro en las misas y dejó miles de recuerdos en más de 30 años de docencia

15 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

? la madre Lydia le gustaba cantar. Meses antes de aquellas emblemáticas fiestas -la de Santa Juana en noviembre y la de la Niña María en mayo-, ella ya sacaba tiempo a sus oraciones para diseñar las eucaristías y ensayar los coros con todos los alumnos. «Es que eso también era rezar», decía ayer una de las alumnas, una de las de que, en un principio, ensayaban en solitario con la madre Lydia, que pronto tuvo que lidiar con ellos, los chicos que se incorporaron a la Compañía de María en el año 1977, a pesar de que, según reconocía, le costó acostumbrarse al toque que le daban las voces masculinas a las canciones de misa. Porque al principio, hasta bien entrados los años 80, lo que se cantaba en la capilla del colegio eran las típicas y tradicionales canciones de misa. Hasta que ella, la madre Lydia, dejó a todos con la boca abierta-sobre todo a ellas, sus alumnas de toda la vida- cuando, sobre el altar, presentó un Hosanna Hey al más puro estilo gospel. «Da pena, ¿verdad? Cuántos recuerdos», decía ayer Lolita Garrido, directora del centro. No hablaba como profesora. Hablaba como amiga, como confidente, como íntima de la madre Lydia. Hablaba de una historia que comenzó en 1968, cuando una jovencísima Lydia Fernández, nacida en Viveiro, se incorporaba a la comunidad educativa de la Compañía de María de A Coruña tras unos años en el colegio de Ferrol. Pronto asumió la dirección de EGB, y muchas clases de Religión, y alguna tutoría, y la educación infantil, y la atención de alumnos con necesidades especiales. En una de las pocas vacaciones que se tomaba, en la última visita que hizo a su madre en Cangas de Narcea (Asturias), le sorprendió una repentina enfermedad que acabó con ella el pasado domingo, con sólo 67 años y tras casi un mes ingresada en el Modelo. «Con ella se va una época», decía una joven a la salida de su funeral. Se contaban por cientos las antiguas alumnas de la madre Lydia que volvieron ayer a la capilla del colegio. «Esto es como todo. De niña sólo te fijas en lo malo, en las broncas que te echaba, que las había, y en las clases. Luego te cambia la vida, asumes responsabilidades y te das cuenta de lo demás. Es verdad que con ella se va algo de nosotras», explicaba otra mujer, madre de otra niña que ya fue alumna de la madre Lydia. Su despedida: «Ahora la llamaban Lyidia. Pero para nosotras siempre será la madre Lydia».