Tello se lanza a la calle para encontrar «disconformes que queiran dar un novo pulo á cidade con ideas de progreso»
14 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?enrique Tello es profesor (de Filosofía) y además se le nota. De los años duros de las aulas ha adquirido callo para tratar con todo tipo de público. Conoce la dureza de los bancos de la oposición y hasta la soledad de los que le miran con recelo desde su propio partido. Se sabe ante una reválida. Por primera vez, el Bloque quiere dejar de ser una fuerza marginal. Son tales sus expectativas que los más optimistas hablan incluso del sorpasso a la derecha de Fernando Rodríguez Corcoba. Tello es optimista, pero prefiere la cautela. Ya ha visto peligrar su bigote por las exigencias de un salto cualitativo en la representación del Bloque en María Pita. Pero ello no ha provocado un cambio de actividad en su campaña electoral. El candidato nacionalista pertenece a la vieja escuela. Le gusta perseguir los votos de uno en uno y este año ha decidido gastar mucha suela en las labores de captación de posibles votantes. Le acompaña una destartalada carpa que instala en los diferentes barrios de la ciudad. Ayer le tocó el turno a Labañou. El número uno del BNG estuvo más de una hora repartiendo folletos con su foto y su programa. No hubo mayor ni adolescente, hombre o mujer, al que Tello no se acercara con la mejor de sus sonrisas. «O que noto de verdade é que a xente ten ganas dun cambio. Penso que todos nos demos conta de que as maiorías absolutas son moi malas. Eu busco disconformes que queiran dar un novo pulo á cidade con ideas de progreso», resume. Su sondeo a pie de plaza sorprende. «O martes estivemos na rúa Barcelona e non vimos a ninguén tirar a nosa propaganda. Outros anos había moitos menos dispostos a recibila», recuerda. Y la carpa que le acompaña es el mejor ejemplo de ese incremento del número de descontentos. Tres personas embuchan folletos y panfletos con anuncios de los mítines. Manuel Monge, número cinco de la lista y conocido por sus compañeros como «La máquina» por su frenética actividad, reparte papeletas más allá. Bajo el toldo, Mario López Rico atiende quejas sobre una presunta irregularidad urbanística en San Roque de Afuera. «Estamos a facer un auténtico clube de descontentos que aproveitan a nosa visita para protestar. Prometo que é a primeira vez que me pasa e levo dende o 89 neste mundo», afirma. La primera parte de la jornada acaba frente a una caña rodeado de sus colaboradores. Por la tarde le esperaba un nuevo mitin, de nuevo un colegio, de nuevo regresando a su pasado profesional como docente. «Vázquez dilapidou todo o solo útil da Coruña», repitió Tello.