¿Y en las Bárbaras?

JOSÉ LUIS GARCÍA LÓPEZ

A CORUÑA

PLAZA PÚBLICA | O |

21 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

A LO largo de mi vida he tenido la oportunidad de ver la Pasión, como espectáculo, en muchas versiones y en diferentes concepciones y artes. He de confesar que, salvo interpretaciones en vivo, entre las cinematográficas la titulada La historia más grande jamás contada sigue siendo, para mí, la más atrayente. El jueves, volví a verla. Y si no fuese porque, como decía el propio Jesús de Nazaret, tenía que ajustarse al previo guión de las Sagradas Escrituras y a su visión de convertirse en testimonio del amor del Padre, y del Hijo a los hombres, el final de su vida se podría utilizar en las facultades de Políticas como el mejor y más terriblemente eficaz ejemplo de la manipulación humana, de como unos pocos vociferantes, estratégicamente situados pueden enardecer a los espectadores del juicio de Pilatos, hasta el punto de hacerles exigir la crucifixión de un ser, como mínimo, bueno e inocente. Los mismos que, horas antes, le recibían victoreándole como su Mesías. Da escalofríos reflexionar sobre principios y honestidades en políticas y en religión, porque lo de Jesús fue también una crucifixión política. Y me ilusionaba ser espectador de cualquier Pasión, incluso la de este filme (1965) de George Stevens, en la plazuela de las Bárbaras en un tibio anochecer coruñés.