La nueva directiva de Artesanos aumenta el número de socios, sanea las deficitarias cuentas, reforma el mobiliario y planea la puesta en marcha de una página web
01 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.La gran cristalera que da a San Andrés es el escaparate del Circo (o Círculo, para gustos) de Artesanos. Hace años, un socio con solera pasó ante esta fachada y contempló una escena tan simbólica como preocupante. Tras el cristal sesteaba un anciano. Recostado en un sillón viejo, rodeado de penumbra, se le había caído la dentadura postiza, que pendía de su chaqueta. Ésa era la imagen que proyectaba al exterior la Sociedad Recreativa e Instructiva de Artesanos. Hace trece meses y medio, una nueva directiva, encabezada por Áurea Rey, se hizo cargo de la entidad. «Renovarse o morir», pudo haber sido el lema de su campaña. Volvamos a mirar tras la cristalera. El Circo ya no está en penumbra, sino bien iluminado, resplandeciente. Hay gente leyendo el periódico. Nadie duerme, y eso que los sillones son confortables y tienen pinta de buenos. «Son los que había en el hotel Finisterre. Los compró la Condesa de Fenosa y después nos los donó», apunta la presidenta. La sociedad ha cambiado la imagen de diversas estancias con el mobiliario donado por Carmela Arias y Díaz de Rábago y por Caixa Galicia. Recorte de gastos La metamorfosis ha ido mucho más allá del tema decorativo. En ese período se han saneado los números. Tan rojos eran que amenazaban con extinguir una sociedad fundada en 1847. «La deuda corriente, que es de diez millones, pronto estará liquidada», apunta Áurea. Se han recortado al máximo los gastos y se han generado nuevos ingresos. La contribución del Ayuntamiento, que paga por emplear las dependencias del Círculo como centro cívico, ayuda, muchísimo, a casar las cuentas anuales. Aquellos 3.500 abonados En 1978, la sociedad llegó a contar con las aportaciones de 3.500 socios. Cuando Áurea llegó había 392 (76 familiares, que pagan menos) y se perdían un buen puñado cada mes. Detuvo ese goteo la directiva. Creó la figura del socio juvenil (hasta 30 años), para atraer a los estudiantes a la biblioteca del Círculo. La nueva política ayudó a retener a los que no se habían ido. Hoy día, la entidad cuenta con 350 socios titulares, 90 familiares y 34 juveniles. 474, 82 más que trece meses atrás. La cuadratura del Círculo la completan los planes de futuro (inmediato). «Queremos crear un Ateneo de Artesanos, un foro juvenil, para que esta sociedad vuelva a ser un faro social». Jóvenes abonados están redactando los estatutos del grupo de debate, que se encargará además de crear la página web del Circo.Dan para mucho los 2.400 céntricos metros cuadrados (tres plantas y sótano) de la sede. Las paredes están repletas de papeles en los que se anuncian actividades. Exposiciones, conferencias, cursillos, conciertos, los bailes de los sábados y domingos. Un proyecto abierto Hace unos días, dos jóvenes le preguntaron a Áurea qué actividades tenía el Círculo para la tercera edad. Querían anotar a sus madres. -Rock and roll.Eso pensó contestar la presidenta. No lo hizo. Por prudencia, porque hay que ir paso a paso, porque sabe que la imagen de la entidad no se puede cambiar en un día. Tampoco en trece meses. En el Circo de Áurea caben todos, mayores y jóvenes, pero se exige mentalidad abierta.