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23 jun 2026 . Actualizado a las 16:47 h.

Los Refuxos de Porto Quilmas, premiados en los II Premios Internacionales de Arquitectura Cubiertas Tejas Verea, recuperan la esencia de las antiguas construcciones de pescadores con una arquitectura integrada en el paisaje y cubiertas de teja gallega de máxima calidad.

Hay lugares en Galicia donde el paisaje parece detenido en el tiempo. Porto Quilmas, en Carnota, es uno de ellos. Un pequeño puerto natural en plena Costa da Morte donde el granito del Monte Pindo desciende hasta el Atlántico y donde todavía sobreviven las huellas de una arquitectura nacida para convivir con el mar.

Allí, entre rocas, vegetación atlántica y vistas infinitas al océano, surgen los Refuxos de Porto Quilmas: siete pequeñas cabañas turísticas inspiradas en los antiguos refugios donde los marineros guardaban sus utensilios de pesca. Un proyecto que ha conseguido convertir la tradición local en una experiencia contemporánea de alojamiento y que fue reconocido en los II Premios Internacionales de Arquitectura Cubiertas Tejas Verea.

El proyecto, diseñado por los arquitectos Francisco Xabier Liñares y Alfonso Salgado, parte de una idea clara: homenajear la memoria del lugar.« Queríamos hacer un guiño contemporáneo a este tipo de construcciones tradicionales», explica Liñares. «El entorno nos pedía una intervención integrada, casi efímera y reversible».

Un alojamiento integrado en el paisaje de la Costa da Morte

Los refugios reinterpretan la arquitectura popular marinera con formas simples y reconocibles: volumen rectangular, cubiertas a dos aguas y materiales que dialogan con el paisaje. El resultado es un conjunto que parece haber nacido entre las propias rocas del Monte Pindo.

Cada cabaña mira al puerto de Quilmas y a la playa, situada a apenas cien metros y accesible a través de un camino privado. Detrás, el macizo granítico del Monte Pindo domina el paisaje.

En el interior, los alojamientos están pensados para parejas, familias o grupos pequeños, combinando diseño contemporáneo y funcionalidad. Pero es en el exterior donde el proyecto encuentra su verdadera fuerza: la sensación de habitar el paisaje sin alterarlo.

La cubierta como parte esencial de la experiencia

En una arquitectura tan vinculada al territorio, la cubierta tenía que ser mucho más que un elemento constructivo. Por eso los arquitectos eligieron la teja Marsella de la Gama Eternal de Tejas Verea, fabricada en Mesía (A Coruña).

«La teja era casi obligada porque forma parte de la memoria de este lugar», explica Liñares. La elección de una teja plana atornillada permitió desarrollar «una solución más limpia y moderna, manteniendo al mismo tiempo la esencia de las cubiertas tradicionales gallegas». La instalación en seco sobre estructura de madera y rastreles mejoró además la resistencia y la durabilidad en un entorno especialmente exigente por la humedad, el viento y la cercanía al mar.

Los Refuxos de Porto Quilmas representan una nueva forma de turismo en Galicia: más conectada con el entorno, más silenciosa y más consciente del valor del patrimonio local.

Arquitectura para vivir el paisaje

Y también demuestran cómo materiales tradicionales como la teja cerámica pueden seguir formando parte de la arquitectura más contemporánea cuando detrás existe innovación, calidad y conocimiento técnico.

Porque en lugares como la Costa da Morte, construir bien no consiste en destacar sobre el paisaje, sino en saber formar parte de él.