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OFRECIDO POR LA ASOCIACIÓN ÁREA EMPRESARIAL DEL TAMBRE

Califica al sector de auténtico motor económico por el arrastre que su actividad implica para otros ámbitos productivos

O. P.
SANTIAGO / LA VOZ
27 abr 2026 . Actualizado a las 15:06 h.

José Fernández Alborés, presidente de la Asociación Área Empresarial del Tambre, tiene clara la repercusión de la construcción en la economía industrial: «Es un sector que tira absolutamente de todo. Su actividad implica a empresas de cemento, metal, madera, muebles, textil, electrodomésticos. Es un motor muy potente de una parte importantísima de la economía de Galicia», como recuerda que quedó patente cuando se desató la denominada crisis del ladrillo que en realidad supuso una crisis global. Alborés coincide con las causas que se apuntan desde el sector para el frenazo de la obra nueva, entre las que está la falta de suelo.

Coincide porque es una carencia que padece Santiago también en cuanto a suelo empresarial. Pese a las advertencias que desde el colectivo que preside se lanzaron a las administraciones ya en el 2022, reclamando poner en marcha nuevos terrenos empresariales anticipando que los existentes no durarían mucho, a principios del 2023 se agotaron las parcelas empresariales sin que Santiago disponga desde entonces de terrenos a la venta. Una situación que frena la incorporación de nuevas empresas: «Nos llamaron de una empresa de logística con un proyecto que precisa 15.000 metros cuadrados, pero está complicado eso». Es un sector con fuerte demanda en la capital gallega, por su situación estratégica en un ámbito que Alborés señala quintuplicó su actividad debido a las compras por internet: «Y Santiago está a una hora de cualquier ciudad, en el centro de Galicia, con lo cual es una ubicación idónea». También mostró interés alguna firma metalúrgica y del sector del vidrio, pero la carencia de suelo impide la materialización de proyectos que, en algún caso, precisan amplias superficies.

José Fernández Alborés. Presidente de la Asociación Área Empresarial del Tambre
José Fernández Alborés. Presidente de la Asociación Área Empresarial del Tambre

De esa imposibilidad de asentarse en Santiago se benefician municipios limítrofes, como son Ames y Oroso, con polígonos de fuerte desarrollo en los últimos años, e incluso Boqueixón. Alborés muestra su preocupación por el largo período de tiempo que puede pasar hasta que Santiago disponga de superficie empresarial: «Empezaron en el año 2023 con la ampliación de A Sionlla, pero todavía se continúa con el proceso burocrático» mientras iniciativas privadas como las Pontepedroso Real State en Lavacolla no lograron salir todavía adelante. Mientras tanto, solo queda edificar parcelas en parcelas cuyos propietarios todavía no desarrollaron proyectos empresariales. El colectivo empresarial apunta la conveniencia de flexibilizar la venta de esos terrenos, en lugar de intentar procesos de reversión que a la larga se eternizan en el tiempo. Alborés enfatiza que «si pones en el mercado un millón de metros cuadrados en Santiago, no dura ni un año». De hecho, señala que cada vez que hay una oferta para vender o alquilar una nave existente en los polígonos compostelanos, hay cola de potenciales clientes.

Otro de los problemas que arrastra la construcción, común al ámbito industrial en general, es la carencia de mano de obra. Desde la patronal del Tambre, con larga experiencia en planes integrados de empleo, comentan que pese a las mejoras laborales introducidas por las empresas, resulta un sector poco atractivo: «Tenemos muy pocos chavales que quieran incorporarse a la construcción. Nosotros tenemos ahora a ocho jóvenes haciendo prácticas y son todos inmigrantes», pese a que son muchas las firmas que trabajan en horario continuo, una de las demandas laborales más recurrentes desde la pandemia. Los trabajadores evitan, en la medida de lo posible, empleos que requieran esfuerzo físico.

El presidente de la patronal coincide en la necesidad de agilizar licencias. Una demanda que recibe de forma constante: «Si tú bloqueas una licencia un año y medio, lo que va a hacer la empresa es escapar corriendo a donde se la den antes».

El peso de la industria de Santiago se mantiene estancado, y representa un 6,7 % de su producto interior bruto (PIB), el porcentaje más bajo de las ciudades gallegas, frente a unos servicios que alcanzan el 82 % del PIB, según los datos del Instituto Galego de Estatística referidos al 2023. Fernández Alborés es muy consciente de esa situación y subraya la importancia de fomentar la implantación de empresas en el municipio, pero indica que no ve a la administración pública implicada en esa labor. El Biopolo Sionlla fue la gran apuesta para contribuir a revertir la falta de peso industrial, y generando además empleo de alta cualificación: «Es la idea que tuvimos en el año 2015, para retener en Santiago el talento que aquí tenemos», en los múltiples centros de investigación vinculados a la Universidade de Santiago.

Una las firmas instaladas en el Centro de Servicios Innovadores para Empresas Biotecnológicas alquiló un segundo laboratorio, y la patronal del Tambre recibió consultas de dos empresas para instalarse en el área industrial próxima, cuyas parcelas acaba de sacar a concurso la Xunta: «Les remitimos las condiciones del concurso abierto, y veremos ahora si presentan ofertas». Fernández Alborés defiende el impulso de una nave que pueda reunir a varias firmas que precisen superficies más pequeñas, y comparten los gastos de la instalación: sería además una manera de agilizar plazos de desarrollo, al hacerse con una tramitación unificada.