El castaño cultivado más antiguo del sur de Europa es gallego

El análisis genético que lo ha probado ha sido distinguido como la mejor investigación del año por la Academia Galega de Ciencia


redacción / la voz

Con un perímetro de 15 metros, más de 500 años contemplan el castaño ubicado en Pexeiros, en el municipio ourensano de Os Blancos. Su longevidad no es, sin embargo, su única particularidad. Es la primera evidencia que se tiene en el sur de Europa de la domesticación instantánea de esta especie arbórea. O, lo que es lo mismo, de su cultivo mediante injertos para mejorar sus propiedades. Es lo que se deduce de un estudio genético realizado a 105 castiñeiros centenarios de España, Italia y Portugal realizado por el grupo de Agronomía del Campus de Lugo de la Universidade de Santiago, un trabajo que ha sido elegido como el mejor del año en Galicia por la Real Academia Galega de Ciencias, que lo ha distinguido con el premio de investigación Ernesto Viéitez, dotado con 6.000 euros.

«Gustaríame que este premio sirva para que estas árbores sobrevivan, para que non morran, porque sofren moitas agresións. En Galicia aínda están ben conservadas, pero en Cantabria ou no País Vasco os exemplares están moi afectados polas enfermidades ou outras agresións humanas», destaca Santiago Pereira, coordinador de la investigación junto a Ana María Ramos.

Los investigadores aún no han identificado la variedad a la que pertenece el castiñeiro de Os Blancos, lo que queda pendiente para nuevos análisis. Pero sí lo han podido determinar en otros casos, como el castaño monumental ubicado en el Val do Douro de Portugal, que fue injertado hacia el 1479 con variedades de Longal y Rebordá. Otras utilizadas en Galicia y el resto de la península son las lebre o courela. «En todolos pobos había inxertadores, porque os agricultores utilizaban esta metodoloxía para mellorar os seus cultivos, para conseguir variedades máis productivas e unha maior calidade das castañas», apunta Pereira.

El árbol centenario de mayores dimensiones que se ha estudiado es el Cento Cavalli, o de los cien caballos en español, situado en la isla italiana de Sicilia, que cuenta con un perímetro de 57 metros. Pero en este caso se trata de una variedad silvestre, que no ha sido injertada, al igual que otro ejemplar de 19 metros de diámetro localizado en Ávila, el más grande de España.

En Italia, los primeros injertos se han identificado en el siglo XVII, lo que no significa que no se hubieran realizado mucho antes. Es incluso muy probable que esta técnica de cultivo para mejorar la especie ya se hubiera realizado en la época romana, importada de Grecia. Solo que los ejemplares no han sobrevivido. Es, en todo caso, una técnica milenaria, porque la primera evidencia del cultivo activo del castaño se encontró en la parte oriental de la cordillera europea -península de Anatolia, noreste de Grecia y sureste de Bulgaria- en el tercer milenio antes de Cristo.

 Del análisis realizado por el equipo gallego se desprende que la estructura genética de los castaños cultivados no difierede la de los silvestres. Los investigadores recomiendan mantener la diversidad clonal para conservar la variabilidad de los castiñeiros en toda Europa.

Juan Cuñarro, que lucha contra la obesidad, mejor investigador joven

Juan Cuñarro Gómez, del CIMUS de la Universidade de Santiago, fue distinguido como el mejor investigador menor de 30 años. El jurado eligió su proyecto en el que identificó una proteína, la p107, que puede servir como una potencial diana terapéutica para el tratamiento de la obesidad y del síndrome metabólico en general. Dada la relación directa con las enfermedades cardiovasculares -la principal causa de muerte en todo el mundo- y con la diabetes tipo 2, el descubrimiento de nuevas dianas farmacológicas es un reto científico de primer orden, lo que pone de relevancia la importancia del trabajo liderado por Cuñarro.

La Academia también distinguió con una mención honorífica, en la categoría sénior, a María Celeiro, también de la USC, por el desarrollo de una metodología in-situ que permite determinar la presencia de contaminantes químicos en las aguas. Esta científica del instituto Cretus, adscrita al equipo de María Llompart, demostró la eficacia de su método para la detección y análisis de 43 sustancias químicas presentes en cosméticos en las aguas de ríos cercanos a la costa galaico-portuguesa.

 En la modalidad de investigadores jóvenes recibió una mención honorífica Xabier García, del departamento de Matemáticas del Campus de Ourense (Uvigo).

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