Vivió hasta los 99 años con todos los órganos al revés

Rose Marie Bentley es la persona que vivió más tiempo con una anomalía que solo le fue descubierta tras donar su cadáver a la ciencia

Foto de recurso de una morgue en Londres
Foto de recurso de una morgue en Londres

redacción | la voz

Rose Marie Bentley falleció a los 99 años por causas naturales. Y nada hacía presagiar que guardaba un secreto en su cuerpo. Un misterio que permanecería enterrado en su tumba si no fuera porque había decidido donar su cuerpo a la ciencia. Fue entonces cuando saltó la sorpresa. El estudiante de Medicina Warren Nielsen y otros cuatro compañeros estaban preparando el cadáver para diseccionarlo. Tenían por delante una tarea rutinaria: abrir la cavidad torácica del cuerpo para examinar el corazón. Hasta que surgió lo inesperado.

Primer momento de asombro. A su corazón le faltaba la vena cava, que se sitúa en el lado derecho del cuerpo. Desconcertados, los estudiantes llamaron a sus profesores. «¿Dónde está la vena cava inferior?, ¿estamos locos?», exclamaron. Estaba en el lado izquierdo. Pero a profesores y alumnos les esperaban muchas más sorpresas. Su estómago estaba a la izquierda, en lugar de a la derecha; su hígado, también a la izquierda, en vez de un su lugar habitual. Su bazo, tracto digestivo y el colon ascendente también estaban invertidos.

¿Qué había ocurrido? Rose Marie Bentley había vivido sus saludables 99 años sin saber que tenía una enfermedad rara llamada situs inversus con levocardia, lo que significa que su hígado, estómago y otros órganos abdominales estaban traspuestos de derecho a izquierda, pero su corazón permanecía en el lado izquierdo de su pecho.

«Sabía que algo estaba pasando, pero nos tomó un tiempo descubrir cómo era en su conjunto», explicó Cam Walker, el médico que ayudó a sus estudiantes a descifrar el misterio.

La afección ocurre solo en 1 de cada 22.000 nacimientos y se asocia invariablemente con una cardiopatía congénita grave. Pero si esta anomalía es de por sí rara, el caso de Rose Marie aún lo era más, porque no presentaba defectos cardíacos. De hecho, solo entre el 5 % y el 13 % de los pacientes que presentan este tipo de anomalías en el corazón viven más allá de los cinco años. Y la literatura médica solo menciona dos casos excepcionales, que vivieron hasta los 70 años.

Pero el caso de esta mujer de Oregón aún era más singular. «Esta situación, junto a otras anomalías anatómicas extremadamente raras es lo que convierte a Bentley en un caso único entre 50 millones», dijo Cam Walker.

«No teníamos ninguna razón para creer que tuviera algo así. Ella siempre fue muy saludable. Siempre estaba haciendo algo, pescando, nadando...», dijo a la CNN Ginger Robbins, de 76 años, el tercero de los hijos de Bentley. 

La única pista de que podía suceder algo inusual llegó cuando a la mujer le eliminaron el apéndice. «El cirujano anotó que su apéndice no estaba en el lugar correcto cuando lo sacaron, pero nunca nos dijo nada. Tampoco nadie nos dijo nada cuando le sacaron la vesícula biliar. Mi mama seguro que pensaría que esto era genial y, probablemente, tendría una gran sonrisa en su rostro, sabiendo que ella era diferente», apuntó Louise, la cuarta y más pequeña de sus hijas, en declaraciones recogidas por Science News.

Rose Mary y su esposo decidieron donar sus cuerpos a la ciencia después de leer un poema de Robert Test que comienza así: «Dale mi vista al hombre que nunca ha visto un amanecer, la cara de un bebé o el amor en los ojos de una mujer». Gracias a ello su cuerpo forma ya parte de la literatura científica y es objeto de estudio por parte de los estudiantes de Medicina.

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