Tomás Batuecas, el extremeño que situó a Galicia en el mapa del cálculo de las masas atómicas

El homenajeado este año en el Día da Ciencia ganó la primera cátedra de Química Física


La Voz / Redacción

Impoluto. Con una impecable bata blanca, acompañado por uno o dos ayudantes, el semblante serio y el discurso sobrio. Así se presentaba en las clases a sus alumnos el químico Tomás Batuecas Marugán (Aldeanueva del Camino-Cáceres, 1893-Santiago, 1972). Imponía. Pero no solo por su apariencia, sino también por su inmenso conocimiento. Dejó huella profunda en sus alumnos y creó una prolífica escuela de Química-Física. Algunos aún lo recuerdan hoy, como Miguel Ángel Ríos Fernández, que lo tuvo como pupilo en el curso 1959-60 y dos años después. «Era un home moi serio e moi esixente e coidaba tódolos detalles. Impresionaba», rememora el catedrático emérito de Química de la Universidade de Santiago y ex presidente de la Real Academia Galega de Ciencias (RAGC).

La misma academia lo acaba de elegir por unanimidad para ser el homenajeado este año en el Día da Ciencia en Galicia, cuyo acto institucional se celebrará aún el próximo 8 de octubre. Pero, ¿qué hacía un extremeño en Galicia, donde alcanzó una fama internacional que pasó inadvertida en la propia comunidad, a la que nunca quiso abandonar pese a que ofertas no le faltaron? Cuando llegó a Santiago en 1932 tampoco era precisamente un desconocido. Ese año ganó por oposición la primera cátedra de Química-Física habilitada en España, pero con anterioridad ya se había ganado una cierta fama. Este hijo menor de un médico extremeño que tuvo doce hijos se licenció en Químicas en Salamanca; realizó su tesis sobre la revisión del peso atómico del carbono en el Laboratorio de Investigaciones Físicas de Madrid, donde fue discípulo de Blas Cabrera, el gran físico español amigo de Einstein; efectuó una estancia de dos años en la Universidad de Ginebra, donde conoció y colaboró con enrique Moles, con el que formó equipo a su regreso a Madrid.

Fue luego cuando se presentó a la cátedra de la USC, aunque ya era todo un personaje. No en vano, cuando llegó a Santiago fue recibido con honores. «Cando chegou xa tiña moito prestixio e recibiu axuda para montar o seu laboratorio, o primeiro de España da especialidade, no que é agora a Facultade de Xeografía e Historia. Pero todo o fixo co seu esforzo», relata Ríos.

Su trabajo, realizado en la capital gallega, fue lo que lo acabó consolidando su prestigio internacional y lo que lo llevó a la presidencia de la Comisión Internacional de Pesos Atómicos. Por aquel entonces era algo absolutamente inédito que alguien que investigase en la comunidad alcanzase la dirección de un organismo mundial. De hecho, en 1961, con Batuecas al frente de la entidad, quedó establecido que el isótopo 12 del carbono sería la unidad universal de referencia, convención que sigue vigente en la actualidad para los 12 elementos de la tabla periódica.

Humildad

Esta fue su verdadera especialidad, porque el químico, desde Galicia, se convirtió en una figura internacional en la determinación de los pesos atómicos de los elementos químicos. Esta propiedad de los diferentes tipos de elementos que forman la materia es fundamental para orientar y manejar sus aplicaciones en innumerables campos del conocimiento y de la industria.

El catedrático era extremadamente riguroso en un trabajo en el que es necesario realizar cálculos muy precisos con muchas cifras. Tenía un equipo muy preparado para efectuar esta tarea, pero nunca enviaba un trabajo a publicar sin comprobar el mismo todos los datos.

Pese a su reconocimiento y a que en sus clases hablaba con familiaridad a sus alumnos de premios Nobel como Linus Pauling, de los que era su amigo, nunca presumía de ello. «Era -apunta Ríos Fernández- un home moi humilde e, aínda que era unha figura mundial, en Santiago pasou inadvertido, porque dedicábase a traballar e non presumía». Y trabajó hasta casi al final de su vida. Se jubiló en 1964, pero continuaba acudiendo asiduamente a su departamento.

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