El Día da Ciencia reconoce la labor de Ángeles Alvariño

nacho blanco REDACCIÓN / LA VOZ

CIENCIA

La oceanógrafa ferrolana identificó más de 20 nuevos organismos marinos y consiguió trazar la distribución de las especies de todos los océanos

08 nov 2019 . Actualizado a las 19:43 h.

La Academia Galega de Ciencias (RAGC) rinde homenaje a la investigadora ferrolana Ángeles Alvariño (1916-2005), a quien le dedica esta edición del Día da Ciencia en Galicia. Aunque para casi todos esta mujer es una gran desconocida, los méritos de Ángeles Alvariño trascienden nuestras fronteras. La escasa publicidad de su persona, su mínimo afán de protagonismo y su condición de mujer fueron un freno al conocimiento de su trabajo. No así fuera, pues para países punteros en la investigación marina, como Gran Bretaña o Estados Unidos, Alvariño es de las más importantes en disciplinas como el zooplancton. Nada menos que 22 nuevas especies descubiertas por ella. Hoy, un buque oceanográfico luce el apellido Alvariño.

Nació en Serantes, cuando esta parroquia era concello propio limítrofe con Ferrol. Estudió en esta ciudad, en Santiago y en Madrid, para luego licenciarse en Ciencias Naturales y recalar en Vigo. Alberto González Garcés, investigador del Oceanográfico vigués, la conoció personalmente y coincidió con ella en la Universidad de La Jolla, en California. «Ángeles era muy inquieta, una persona muy culta y también afectiva», dice Garcés. Su inquietud la llevó a solicitar una beca en Plymouth, Gran Bretaña. Hasta ese momento Alvariño se dedicaba a la docencia, pero ese viaje la cambió. Su afán investigador ya no se detuvo. Fue la primera mujer en Gran Bretaña que participó como científica en una exploración naval.

Su nombre comenzó a sonar en el mundo de las ciencias marinas. Regresó a Vigo, donde inició la tarea de investigar el plancton conjuntamente con los pescadores gallegos. Ideó hasta redes especiales para retener estos minúsculos seres acuáticos para su posterior análisis. Posteriormente se desplazó a Estados Unidos para trabajar a mediados de la década de 1950 en uno de los más prestigiosos centros del saber marítimo como es el Centro Oceanográfico de Massachusetts. Sus expediciones por la Antártida agrandaron su currículo. Su paso por Estados Unidos no terminó en Boston, sino que participó activamente hasta su retiro en La Jolla.