Los nuevos Curie, de origen gallego

Un matrimonio de científicos es el primero en acceder al elitista plan europeo Starting Grant y en lograr una beca para llevar su investigación al mercado


redacción / la voz

María y Joan nacieron y viven en Barcelona, aunque ahora trabajan mucho más lejos el uno del otro que cuando eran novios e investigaban en Nueva York. Él, en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center y ella, en la Universidad Rockefeller. Apenas los separaba una acera. Ahí empezaron una meteórica carrera que los ha llevado a situarse en la élite de la ciencia europea. Pero no solo los unen los tubos de ensayo, sino que también comparten su vida con tres hijos en común.

Fueron el primer matrimonio, cada uno por separado, en acceder el mismo año al elitista y exigente programa Starting Grant del Consejo Europeo de Investigación (ERC), en el que apenas triunfan el 5 % de las candidaturas presentadas, y hace unos días también se convirtieron en la primera pareja en obtener la prestigiosa beca Prueba de concepto, concedida por el mismo organismo europeo, una ayuda financiera a los científicos excelentes para llevar sus investigaciones al mercado, en una aplicación real para los pacientes.

A ambos, de origen gallego, les mueve el afán de que su labor revierta en la gente. «Lo que intentamos es que nuestro trabajo llegue a la sociedad, que obtenga un beneficio», explica María Lois, cuyo padre es de Monforte. Es investigadora en el Centro de Regulación AgriGenómica de Barcelona, un instituto dependiente del CSIC, el Irta y la Universidad Autónoma. Allí trabaja en los mecanismos que regulan la actividad de las proteínas en las plantas como modelo para poder desarrollar un fármaco para humanos. «Hacemos -precisa- investigación básica, pero todo lo que luego se puede aplicar empieza ahí».

El milagro de la conciliación

Su marido, Joan Seoane, de madre de Vigo y padre de Leiro (Abegondo), es investigador Icrea en el Instituto de Oncología del Hospital Vall d´Hebrón, donde dirige el área de Investigación Traslacional. Él y su equipo están desarrollando un fármaco personalizado para tratar el glioblastoma, el tumor cerebral más común y agresivo. Han identificado y probado en modelos animales un anticuerpo terapéutico con un doble mecanismo de acción: por un lado elimina las células madre cancerosas y, por otro, activa el sistema inmunológico del paciente. «Queremos -dice- que el fármaco que estamos preparando pueda llegar lo antes posible al paciente». Han creado una empresa para intentar, al menos, poder realizar ensayos clínicos en humanos en fase I.

Pero si su trabajo es muy exigente, quizás lo más difícil sea compatibilizarlo con la atención de una familia numerosa: un niño de nueve años y dos gemelos de cuatro. Es el auténtico milagro de cada día. «Es muy complicado y tenemos que hacer muchos malabarismos, porque los niños son pequeños y requieren mucha atención», apunta María. «Nuestro trabajo -corrobora Joan- es un poco esclavo. Implica mucho consumo de tiempo, hay que organizarse muy bien y los abuelos son clave». Cada vez que pueden intentan relajarse en Galicia, con la que no han perdido contacto. Aquí mantienen a familiares y amigos y tratan de disfrutar cada verano entre Baiona y Monforte. Son los Curie de origen gallego.

Fármaco para un tumor cerebral

Joan Seoane trabaja directamente con las muestras de tumores de pacientes en el hospital Vall D´Hebrón de Barcelona. Las analiza, estudia su biología y prueba los fármacos que están en ensayos clínicos para averiguar cuál es el mejor y por qué. «Buscamos el tratamiento personalizado y entender por qué este funciona y este no», explica. Aunque distintas personas estén afectadas por un mismo cáncer, cada tumor es diferente en cada una de ellas. Pero el investigador ha descubierto que existen unas células madre cancerosas que son las responsables de su inicio, de su expansión a otros órganos (metástasis) y de la resistencia a los tratamientos.

«Hemos visto que son una diana terapéutica, por lo que hemos diseñado un fármaco y lo hemos patentado», señala. Han identificado, de hecho, una molécula, un anticuerpo, que es imprescindible para la vida de estas células malignas, que también inhiben la respuesta del sistema inmune del paciente, por lo que si se eliminan mueren y, al mismo tiempo, permiten al organismo desarrollar una respuesta inmunológica. La misma investigación los ha llevado a entender que estas células madre, esenciales para el inicio del cáncer, tienen un efecto protector del embrión, ya que lo defiende de las células inmunes de la madre. «El cáncer coge para su propio beneficio un mecanismo natural imprescindible para la implantación del embrión», subraya Seoane. Su objetivo, y para eso han creado una spin-off, es poder desarrollar un producto comercial para el tratamiento del glioblastoma, el tumor cerebral más común y agresivo en el que la esperanza de vida del enfermo es de un año.

De las plantas a la enfermedad

Plantas y organismos animales comparten mecanismos comunes en la regulación de la actividad de las proteínas. Y esta es el área de trabajo del proyecto europeo de María Lois. La investigadora trabaja en la regulación de las proteínas por sumo, una pequeña proteína que se une con otras y define su actividad, un proceso esencial en las plantas relacionado con la tolerancia a la sequía y el desarrollo de semillas. «Es un sistema conservado en todos los organismos eucariotas, con lo que también existe en humanos. Nosotros desarrollamos una manera de inhibir este proceso, el de unión de esta proteína con otras, porque cada vez hay más evidencias de que puede suponer una diana terapéutica», explica Lois.

Lo que cambia de unas especies a otras son las proteínas que regula el sumo, que en el caso de las humanas pueden ser desencadenantes de enfermedades. «Vamos a utilizar este inhibidor para intentar desarrollar un fármaco para tratar la leucemia, a hacer una prueba con ello», apunta.

El objetivo final es desarrollar moléculas que inhiban el proceso de regulación, lo que se empezará a experimentar en células humanas. «La idea -subraya- es transferir este conocimiento general que tenemos de las plantas para el tratamiento de enfermedades humanas». María asegura estar «muy ilusionada con un proyecto que puede tener un impacto notable», pero a veces echa de menos su trabajo en Nueva York. «Allí bajabas a la cafetería -dice- y estabas rodeada de seis premios Nobel. La gente, si sabe que investigas, casi te hace la reverencia. Tienen un sentimiento muy agudizado de que la ciencia es importante».

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