Ángeles Alvariño, oceanógrafa

Se cumplen 10 años de la muerte de la científica, que inició en Vigo su carrera

En febrero del 2012 se botó en Vigo (astillero Armón) un buque oceanográfico que lleva el nombre de la científica gallega.
En febrero del 2012 se botó en Vigo (astillero Armón) un buque oceanográfico que lleva el nombre de la científica gallega.

Vigo

Apie de calle, Ángeles Alvariño podría ser nuestra Jacques Cousteau. Exploradora de los océanos, la primera mujer que trabajó en un buque oceanográfico... su perfil podría encajar. Pero el comandante del Calypso siempre fue un personaje controvertido en el terreno científico. Los llamados divulgacionistas, con sus espectáculos televisivos, no son plato de buen gusto para algunos investigadores. Triunfan en el momento siesta en el sofá, pero su espectáculo a veces despierta recelos en la comunidad científica.

Así que vayamos a los hechos y digamos que fue una oceanógrafa, profesora e incluso escritora que dejó honda huella por sus trabajos. Nacida en Serantes (Ferrol) en 1916, ya desde pequeña tenía inquietudes intelectuales. Sus trabajos de fin de bachillerato fueron: Insectos sociales y Las mujeres en El Quijote. En 1934, comienza la carrera de Ciencias Naturales en Madrid. Y, tras el paréntesis de la Guerra Civil, se licencia, imparte clases y termina el doctorado. En 1950, obtiene plaza en el Instituto Español de Oceanografía en Vigo.

Tres años más tarde, en 1953 consigue el pasaporte hacia el prestigio internacional, al recibir una beca del British Council para investigar en Plymouth (Inglaterra). Desde entonces, comienza a participar en expediciones científicas por el Atlántico y el Pacífico en buques oceanográficos de EE.UU., España, Reino Unido y México. En el año 1956, pasó a investigar en el Instituto Oceanográfico Woods Hole en Massachusetts. Más tarde, en el Instituto Scripps de Oceanografía, en La Jolla (California); y también en el Servicio Nacional de Pesca Marítima de los EE.UU.

A lo largo de su carrera, Ángeles Alvariño descubrió doce nuevas especies de quetognatos y nueve de sifonóforos. Los unos y los otros, con sus nombres raros, son minúsculos depredadores que forman parte del plancton. También describió una nueva especie de medusa. En total, Ángeles Alvariño encontró 22 nuevas especies para la ciencia.

Educadora de biólogos marinos

Nuestra investigadora, que comenzó su carrera científica en Vigo, fue miembro de la San Diego Society of Natural History, así como de la Biological Society of Washington y de la Asociación Hispanoamericana de Investigadores en Ciencias Marinas. Además de su cometido como científica, Alvariño también dedicó mucho tiempo a educar a futuros biólogos marinos, impartiendo clases en la Universidad Nacional Autónoma de México en 1976, en la San Diego State University, de 1979 a 1982 y, después, en la Universidad de San Diego, de 1982 a 1985.

Fue también profesora visitante en la Universidad Federal de Paraná, en Brasil, en 1982, y en el Instituto Politécnico Nacional de México, desde 1982 a 1986. Jubilada oficialmente en 1987, Alvariño dedicó los últimos años de su vida a la historia de la ciencia. Retomaba así su gusto, que venía desde niña, por la lectura y la escritura.

Entre sus aportaciones en el terreno de la historia científica, Ángeles Alvariño llevó a cabo una intensa investigación sobre la Expedición Malaspina, una gran aventura científica oceánica, que viajó por el Atlántico y el Pacífico, de 1789 a 1794.

La Malaspina debe su nombre a Alejandro Malaspina, el teniente de navío que comandó esta aventura, integrada por las corbetas Atrevida y Descubierta. Y es popularmente conocida como la Expedición Vuelta al Mundo. Los exploradores levantaron mapas y compusieron catálogos minerales y de flora, algunos de los cuales forman hoy parte del Real Jardín Botánico de Madrid. Aquella epopeya que fascinó a Ángeles Alvariño terminó mal, como suele ocurrir en España y también, por qué no decirlo, en otras latitudes. A su regreso a Madrid, Malaspina fue procesado por el favorito de Carlos IV, el inefable Godoy, que lo acusó de traición por haber incluido en la memoria de la expedición algunos comentarios sobre el ambiente levantisco que ya se había desatado en las colonias americanas. El ilustre navegante y explorador fue condenado a 10 años de cárcel, que pasó en el castillo de San Antón, en A Coruña. Dicho con todo el sarcasmo que sea posible: un bonito ejemplo para fomentar las vocaciones científicas en el país.

Su investigación sobre la Expedición Malaspina fue la última aportación de Ángeles Alvariño, gallega e investigadora en Vigo, que es hoy una figura reconocida a nivel internacional. Falleció hace diez años, en 2005 en La Jolla, en California. Desde febrero del 2012, un buque oceanográfico del Instituto Español de Oceanografía lleva su nombre.

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