redacción / la voz

Son feúchos y de nombre impronunciable, pero son tan gallegos como el can de palleiro y pueden presumir además de engrosar el glosario de la entomología como especies nuevas para la ciencia. Domene (Lathromene) barraganensis y Eumicrositus prietoi son dos de los hallazgos que periódicamente y con frecuencia alumbra para la zoología el complejo universo de los invertebrados.

«Claro -ironiza Raimundo Outerelo-, es difícil que vayamos a encontrar un nuevo elefante, pero los descubrimientos son más habituales en el mundo de los insectos». Outerelo, profesor de Zoología en la Universidad Complutense de Madrid, es natural de Moscoso, en Pazos de Borbén (Pontevedra). Su hallazgo es fruto de «los muestreos edáficos realizados de forma periódica y continuada en esa zona, a lo largo de cuarenta años».

En el 2010 recogió una hembra del género Domene, un estafilínido que no pudo asignar a ningún ejemplar conocido hasta entonces. Al darse cuenta de su importancia volvió a rastrear el área en busca de un macho que no hallaría hasta dos años más tarde «en un tocón podrido de roble». Solo así logró confirmar la existencia de un nuevo coleóptero que describiría más adelante como barraganensis, por haber encontrado los insectos «en la Carballeira do Barragán», junto al río que lleva el mismo nombre.

El coruñés Javier Pérez Valcárcel retoma la senda de los elefantes de Outerelo para recordar que «no hace mucho que fue descrita una nueva rana en Manhattan». Un zoólogo la localizó por el canto, «distinto a todo lo que había escuchado hasta entonces».

Pero volviendo a los insectos, es raro que, de la veintena de entomólogos que trabajan en Galicia, alguno no encuentre una especie nueva cada año. Y a veces es la simple revisión de ejemplares ya conocidos la que origina los hallazgos.

Eso es lo que ocurrió con el Eumicrositus prietoi, un tenebriónido que acaba de ser bautizado con el apellido de otro entomólogo gallego, Fernando Prieto. El impulsor del descubrimiento fue en realidad un reputado zoólogo español del Museo de Historia Natural de Estocolmo, Julio Ferrer, que contactó para este trabajo con el gallego Pérez Valcárcel.

«Ferrer revisó muchas colecciones y llegó a la conclusión de que estos tenebriónidos estaban mal encuadrados», explica Valcárcel. De su exhaustivo trabajo afloró el desconocido prietoi, «aunque los holotipos habían sido recogidos en montes de Pontevedra y Ourense (Serra de Queixa) por entomólogos europeos durante el siglo XIX».

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Halladas en Galicia dos especies de insectos nuevas para la ciencia