El mejor técnico llegó a tiempo

Juanfran aterrizó en Lugo en el momento más delicado de la temporada, con poco tiempo por delante, pero acabó resultando lo que el equipo necesitaba


Más de uno dudó al principio de la decisión de encomendar la marcha del  CD Lugo a un técnico nobel a falta de cinco partidos. Era una apuesta arriesgada, pero todo ha salido a pedir de boca. De hecho, si aquel 30 de junio, apenas 24 horas antes de jugar contra el Numancia, alguien le hubiese contado a los aficionados lucenses que su equipo iba a llegar a la última jornada dependiendo de sí mismo para salvarse, no se lo habrían creído. Ahora, sonríen incrédulos ante el espectacular arreón final rojiblanco, y lo hacen sabiendo que seguirán en Segunda División. En la consecución de ese objetivo, si hay alguien con un protagonismo especial, es el propio Juanfran.

Números de récord

Poco importan ya las estadísticas habiendo conseguido la permanencia, pero lo más justo en un caso como el del flamante entrenador rojiblanco es observarlas con detenimiento para poder poner en valor lo que ha hecho. Cuando Juanfran aterrizó en Lugo, horas antes de disputarse la jornada 37, el equipo ocupaba la vigésima posición con 38 puntos, a tres del Numancia, que marcaba la salvación y hoy es, matemáticamente, equipo de Segunda División B. Mucho cambiaron las cosas desde entonces a raíz, precisamente, del duelo entre ambos conjuntos. El Lugo se reencontró con la victoria frente al equipo soriano en su primera final hacia la permanencia. Podría haber sido la tan socorrida «suerte del principiante»; pero la racha prolongada hasta este lunes demuestra que la salvación lucense no ha sido resultado de la fortuna.

En los siete encuentros con Juanfran al mando, ante Numancia, Alcorcón, Ponferradina, Girona, Tenerife y Mirandés, los rojiblancos sumaron la friolera de 14 puntos. Con estas cifras, el valenciano se ha convertido en el mejor técnico debutante de la historia del club en Segunda División.

La permanencia es un premio a la fe, pero también a la buena mano de este entrenador que, con esos guarismos, convirtió al cuadro lucense en el más certero durante el tramo final de la competición. La cantidad de puntos cosechada es el reflejo de un estilo de juego con dos premisas muy claras: solidez defensiva y eficacia de cara a puerta. Sin tiempo para grandes cambios a nivel táctico, Juanfran apostó por inculcar en sus chicos esas dos ideas, y los futbolistas respondieron.

Tras haber pecado de tibieza defensiva en varios tramos de la temporada, el equipo se erigió en un muro casi infranqueable en torno a Cantero. Con los jugadores totalmente conscientes de lo que se estaban jugando y comprometidos a salvar la situación, conseguir fortalecerse en el plano defensivo puede parecer algo normal. Lo que escapa a toda lógica es la abusiva efectividad ofensiva que el equipo desarrolló con Juanfran. La confianza plena en sus posibilidades, promovida por un entrenador que conectó desde el primer día con el plantel, hizo de los jugadores armas prácticamente infalibles en los últimos metros. Haber conseguido ocho goles en diez disparos a puerta en los primeros cuatro partidos son la mejor prueba.

El mejor entrenador, en lo que a números se refiere, de la historia lucense en Segunda, llegó justo a tiempo.

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