L. Balado

Una botella, una moneda y una prórroga fueron los causantes de los tres encuentros a puerta cerrada que les ha tocado disputar a Celta y Deportivo.

El episodio más reciente lo protagonizó el equipo de Balaídos muy lejos de su estadio. Fue en Cartagena, en mayo del año 2012 con el Celta en plena carrera por regresar a Primera División, a la que acabaría llegando a meta en la última jornada frente al Córdoba.

El Celta marchaba segundo en aquella jornada 33 y el equipo local era el colista. Los primeros 59 minutos se disputaron con normalidad en Cartagonova, con unos 7.000 espectadores. Sin embargo, a esas alturas de encuentro, Pino Zamorano decretó la suspensión después de que una botella de plástico impactara en la cabeza de uno de sus asistentes con 1-1 en el marcador.

«Para nosotros eran momentos decisivos, en la recta final de la temporada y jugándonos el ascenso. Se nos hacía extraño tener que saltar al campo en esas condiciones y lo afrontamos con la incertidumbre de no saber qué nos íbamos a encontrar», recuerda Toni, titular en aquel duelo que comenzó en el mes de abril y finalizó en mayo. Las tablas con las que se reanudó el duelo no se movieron del electrónico. A Cristian Bustos, miembro de aquella plantilla entrenada por Paco Herrera, le tocó ser titular en la reanudación. «Recuerdo que empatamos y fue muy frío. Creo que les perjudicó a ellos porque jugaban en casa. El recuerdo que me viene es que por momentos parecía un entrenamiento», explica el central.

En plena recta final hacia el ascenso, el Celta tuvo que afrontar en el curso 2011/2012 a puerta cerrada la última media hora de un partido a domicilio frente al Cartagena. El impacto de un objeto sobre un miembro del equipo arbitral llevó a Pino Zamorano a suspender el duelo en el minuto 59. Fue un 7 de abril, con 1-1 en el marcador, resultado que no varió en la reanudación un mes después.
En plena recta final hacia el ascenso, el Celta tuvo que afrontar en el curso 2011/2012 a puerta cerrada la última media hora de un partido a domicilio frente al Cartagena. El impacto de un objeto sobre un miembro del equipo arbitral llevó a Pino Zamorano a suspender el duelo en el minuto 59. Fue un 7 de abril, con 1-1 en el marcador, resultado que no varió en la reanudación un mes después.

Un escenario mucho más impactante tuvo la vuelta de los cuartos de final de la Copa del Rey del curso 2005-2006. El Deportivo saltó a Mestalla el 1 de febrero para tratar de meterse en semifinales ante 55.000 asientos vacíos. Fue la consecuencia del monedazo que un juez de línea había recibido seis días antes y que llevó a Megía Dávila a suspender el encuentro en el minuto 44.

Aquel Deportivo de Caparrós había recibido un gol en contra un minuto antes de que la moneda volase desde las gradas. Flaco favor hizo aquel hincha a su equipo. Tras la reanudación a puerta cerrada y sin afición que caldease el ambiente, el Deportivo —que llegaba con un 1-0 favorable de la ida— igualó el partido gracias a un tanto de Víctor Sánchez del Amo en el minuto 68 de encuentro. «Está claro que jugar de visitante sin público puede influir», reconoce Manuel Pablo, capitán en aquel partido en dos actos.

Pero pese a que aquel cierre pudiese favorecer a los blanquiazules, Manuel Pablo asegura que jugar sin aficionados no es plato de buen gusto: «Al final estás ahí y no tienes ese elemento que hace que el fútbol sea pasional. A pesar de que te puede ayudar un poco, no compensa», una opinión con la que coincide Dani Mallo, exguardameta deportivista que vio aquel espectáculo desde el banquillo. «He vivido ambientes fríos en el futbol modesto. pero jugar en un campo como Mestalla sin público no es normal. El principal es el aficionado», explica.

Mucho antes, al Celta ya le había tocado jugar a puerta cerrada el desenlace de una eliminatoria copera. Fue en 1980 y su rival era el Arosa. El duelo se fue a la prórroga y a los dos equipos se les hizo de noche. Literalmente. Hubo que esperar al día siguiente para resolver el duelo en los penaltis. En principio sin gente, aunque cientos de aficionados acabaron colándose. Pasó el Celta.

También el Lugo tuvo que jugar en un estadio vacío. Fue en un duelo de Tercera del curso 81-82 ante el Lemos que había sido suspendido porque la afición monfortina lanzó objetos al campo que hirieron al colegiado.

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Celta, Deportivo y Lugo ya saben lo que es jugar sin público