Evitó con un sinfín de paradas que el Mirandés igualase la contienda y recibió los elogios de Carlos Mouriz al terminar
08 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.El fútbol tiene dos caras, y si para los aficionados del Mirandés siempre quedará en la memoria como el portero que impidió a su equipo puntuar en el Ángel Carro (lo que consumó su descenso a Segunda), para los del Lugo, la actuación de ayer de José Juan se recordará como un compendio de paradas imposibles que mantuvieron su portería a cero. El éxito de un héroe inmutable.
Porque el vigués no es de los de grandes aspavientos, ni en las victorias, ni en los malos momentos. Carlos Mouriz desvelaba ayer que incluso jugó con un dedo roto en Las Palmas. A la isla también viajó con una rotura de fibras Dani Mallo. No tenía duda la profesionalidad de ambos. «Un ejemplo de seriedad», remarcaba el director deportivo sobre José Juan, que también se podía hacer extensible al de Cambre (quien por cierto, a cada paradón de su compañero ayer tarde salía del banquillo a felicitarlo).
Pablo Infante
Los aficionados del Mirandés soñarán con José Juan, pero también Pablo Infante, el futbolista de los visitantes que más claras opciones tuvo para marcar. Hasta en un momento, tras la enésima parada, se dirigió a él, entablando una conversación. ¿Qué se dirían? El meta no quiso desvelarlo. «Lo que pasa en el campo, queda en él», dijo.
No le gusta el protagonismo, y ayer volvió a rehuir de él: «Yo no salvo a nadie. Intento hacer mi trabajo lo mejor posible. Ellos se lanzaron al ataque, las cosas nos fueron bien y conseguimos la permanencia». Y recalcó: «Somos un grupo». No tiene contrato para el año que viene, y es su propio representante.