Sesenta años de comercio ininterrumpido en Zas: el ultramarinos Manitos

Es un pequeño establecimiento con sabor y estética de siempre que ya forma parte de la historia local


carballo / la voz

En la Costa da Morte quedan cada vez menos comercios históricos, de esos que llevan 60 o más años abiertos de manera ininterrumpida. Pero los hay. En Zas subsiste, por ejemplo, el Manitos, un clásico de los vinos y de ultramarinos. Un pequeño establecimiento con sabor y estética de siempre que comparte historia local con la farmacia de Montero, justo al otro lado de la calle en plena travesía de Santiago, o con la de Barreiro, que como tal ya no existe, pero sí como Quiniela, unos metros más allá, hacia en Este, en la misma carretera principal. Atrás quedan comercios legendarios como la de Sabano, que recibía a clientes de toda la comarca, y que ha formado parte de la vida de varias generaciones.

La de Manitos cumple este año 60 justos, porque fue fundada en 1960 por el padre de la actual dueña, Maribel Costa Rial. El nombre es curioso: «Púxollo un amigo de meu pai, que estivera en México», explica. Ese manito tan azteca ya le quedó para siempre, y con ese nombre sigue Maribel despachando lo habitual en una tienda de comestibles y en una taberna al uso clásico. De hecho, una buena parte de la clientela lo es más por acudir a la cita habitual de las tazas de vinos más que por un kilo de garbanzos o de naranjas. Pero unos y otros son los que dan sentido a este comercio que mantiene la esencia de los viejos tiempos, con botellas de aquellas primeras épocas de dedicarse a la alimentación. Que no fueron exactamente la iniciales, sino que el fundador, José Costa, empezó elaborando zuecos, con todos sus elementos. Aún conserva alguna suela de madera de entonces. En el enorme rosario de anécdotas que da un local de este tipo, una de ellas es que el comercio se fundó el día del Carmen del 60, un 16 de julio, y Costa falleció también en la jornada de la patrona de Zas, hace cuatro años.

Explica Maribel que se nutre de clientes de toda la vida, pese a que la vida va haciendo de las suyas y, con esa ley que la gobierna, muchos van desapareciendo. Nunca cerró, con la única excepción de los tres meses necesarios por un tema médico y personal. Pero por lo demás está siempre abierto, con el leve descanso tras la comida. Una forma de vida de las que cada vez hay menos.

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