Ponciano Nieto, de una pala a más de 100 empleos

La constructora de Zas ejecuta las obras viales en su conjunto, desde la primera piedra hasta la última línea. Lleva el mantenimiento de las carreteras de A Coruña


Carballo / La Voz

Llegó desde Ciudad Real con una empresa de Madrid para hacer una concentración parcelaria en Negreira. Empezó por su cuenta con un solo camión y una pala de cadenas transformando para los vecinos fincas de monte en praderas. De eso ha pasado casi medio siglo y el grupo de empresas de Zas (A Coruña) fundado por Ponciano Nieto González , que hoy dirige su hijo Diego Nieto Barreiro, tiene 105 empleados, una extensa flota de maquinaria y tanto su propia cantera como su planta de aglomerado para asumir cualquier tipo de obra vial de principio a fin.

«Poñamos por caso que aí hai unha finca e queres facer unha estrada. Nós temos dende a maquinaria para abrir o oco, ata a pedra para facela, a planta de aglomerado ou a máquina para pintar as liñas. Vamos, deixámola lista para circular», ejemplifica Diego Nieto, quien, eso sí, aclara que el catálogo de servicios que ofrecen, en el sector de la obra pública al que se dedican prácticamente en exclusiva, es bastante más amplio: «Abastecementos de auga, saneamentos, limpezas, mantementos, conservación, beirarrúas...»

Por ejemplo, en estos momentos tienen asignada, en una UTE con otra empresa, el mantenimiento durante cuatro años de las carreteras autonómicas de toda la zona sur de la provincia de A Coruña, la zona entre Fisterra y Melide, aproximadamente, y ya antes se ocuparon de la norte, entre A Coruña y As Pontes. «Cando vas no coche por algunha das estradas da Xunta na provincia da Coruña, se ves alguén pondo un sinal, pintando ou botando sal cando neva, seguramente sexa un dos nosos traballadores», señala el ahora máximo responsable de la compañía, quien reconoce que, como todos, lo pasaron mal con la crisis del sector, pero estaban bastante bien preparados para aguantar y ahora, en estos últimos años, han vuelto a ver la luz. «Tiñamos uns 190 empregados e quedamos con pouco máis dos 57 ou por aí que eran fixos de toda a vida, algúns dos cales levan bastante máis tempo ca min. Chegamos incluso a alugar unha nave en Santa Comba para meter maquinaria, porque non sabíamos o tempo que ía estar parada e se a deixas fóra estrágase toda. O bo é que a nós colleunos con máis ou menos todo pagado, maquinaria e iso, non foi coma outras empresas que tiñan moitos créditos enriba e non deron aguantado», afirma Nieto.

Ese estilo de, dentro de lo posible, ir sobre seguro, también se refleja en el ámbito de actividad, porque aunque han hecho obras para la Diputación de Lugo, por poner un ejemplo, raramente salen de la provincia de A Coruña. «Ademais do tema do persoal, que iso poderíase amañar collendo xente de alí, a nós o que nos permite ser competitivos e que temos aquí a canteira, a nosa planta de aglomerado... Na medida na que me teño que desprazar, aparte de que o aglomerado xa non me aguantaría por un problema de temperaturas, cada vez son menos competitivo», reconoce con claridad el empresario.

Solo hay una excepción en esa estrategia y es otra de las líneas de negocio fundamentales de la compañía, que son los sondeos y los pozos de barrena. De hecho, una perforadora fue la siguiente máquina que compró Ponciano, al poco de empezar, después de aquella primera pala. Y le sirvió en buena medida en lo económico para lanzar lo que sería después todo el desarrollo del grupo de obra pública.

En la Costa da Morte aún hoy hablar de Ponciano Nieto se relaciona con los pozos, porque corrieron a su cargo la mayoría de los que se hicieron en la zona durante los últimos decenios. Eso sí, de eso ya hace algunos años, puesto que en los últimos tiempos en Galicia ese es un negocio limitado, por lo que tuvieron las máquinas desplazadas varias años, primero en Castilla, y después en las zonas de Jaén y Valencia, fundamentalmente. «É un traballo un pouco distinto porque aquí o 80 % ou máis dos pozos que se fixeron foron para particulares. Alí traballamos sobre todo para empresas agrarias e administracións públicas, concellos e iso. Aquí fas pozos de 60-70 metros e moitas veces da metade tamén, pero alá xa te vas a 250-300 metros de profundidade», concluye Diego Nieto, que ha ido cogiendo el testigo de su padre, que ya lleva unos años jubilado.

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