Treinta escolares abren una vía para recuperar la escuela de Muíño

La revitalización de algunas áreas rurales mantiene las unitarias en marcha


Carballo / La Voz

Hace 17 años echó el cierre la escuela de Muíño, en Zas. Desde entonces, en la Costa da Morte, se han perdido 40 unitarias y podrían haber sido más, si las madres de Carnés no hubieron hecho una defensa numantina de su centro, que iba a ser clausurado en el 2014, pero que el próximo curso seguirá abierto porque tiene suficientes alumnos. En ocasiones, la situación demográfica cambia o son los propios vecinos los que la hacen cambiar. Es el caso de Muíño, donde 30 niños en edad escolar permiten soñar a la parroquia con la recuperación de su escuela que, por otra parte, está llena de niños.

Los padres se constituyeron en asociación, A Pita Cega, y consiguieron devolver a la vida hace cuatro años este centro educativo, que a principios de este año abrió una ludoteca inaugurada por Xurxo Souto.

La entidad es una de las que batalla por mantener la vida en las aldeas y para eso es imprescindible una escuela que haga que los niños crezcan en el mismo entorno que lo hicieron sus padres y sus abuelos. Ahora, A Pita Cega intenta recuperar la unitaria para fines lectivos, porque para la educación lúdica de los niños está abierta desde hace tiempo y a lo largo de todo el año.

En las vacaciones estivales se desarrolla un campamento con múltiples actividades y hay niños para ello y más. Según Xosé Calvo, presidente de la asociación, 13 vecinos de Muíño tienen edad suficiente para ir a clase en la escuela que cerró en el 2002, puesto que tienen menos de 7 años de edad. Si a ellos se le suman los mayores, hasta 12 años, edad en la que empezarían en el instituto, nos encontramos con 30 alumnos. Curiosamente, algunos de estos vecinos de Muíño proceden de otros municipios. La parroquia solo tiene 250 habitantes en este momento, pero está dando la batalla para ganar población y, de hecho, algunos residentes nacieron fuera de Zas.

La resistencia al cierre de las escuelas es habitual en la zona, sobre todo cuando se roza el número mínimo de alumnos. En Queixas lucharon incluso desde el Concello porque contaban con que en el 2017 habría matrícula suficiente, pero no fue posible volver atrás. Sí lo lograron en Carnés, en Vimianzo, y 5 años después la escuela permanece abierta, pero la batalla duró meses y tuvo que implicarse incluso la federación de ANPA.

El cierre de la escuela de Anos ha sido el último episodio y ha supuesto la desaparición de otro CRA, el de Os Remuíños, tras la clausura del de Malpica. En ambos casos, las escuelas que fueron quedando se integraron en el Nosa Señora do Faro, que perdió su sede de Ponteceso y que aguanta la matrícula con dificultad, ya que está en la zona con más pérdida de escolares.

Símbolos de identidad

Las escuelas unitarias, como las iglesias, los cruceiros o los palcos de la fiesta, son un símbolo de identidad de las parroquias. Y son, sobre todo, un elemento cohesionador y formador (lo básico), de integración vecinal y de aproximación a la tierra. Más que son, lo eran. Los tiempos han cambiado mucho, y sobre todo la población ha bajado más, y se las han llevado por delante. Cada cierre ha sido una muerte silenciosa. A finales de los 80, algunas que llevaban años inactivas se recuperaron, fruto de un curioso bum demográfico, pero fue una ilusión que poco duró. Tal vez ahora, treinta años más tarde, se repita en alguna zona. Es difícil, no imposible. Y sería un gran premio para las zonas rurales.

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