Las verbenas dejan toneladas de basura y de plásticos

Los concellos de la comarca tienen que hacer esfuerzos para mantener las plazas y los campos limpios tras las fiestas

x. a.
carballo / la voz

LLegó el verano y las verbenas se multiplican. Y uno de los efectos es que después de las actuaciones de determinadas orquestas, sobre campos, plazas, caminos e incluso fincas quedan toneladas de basura. Comisiones de fiestas, operarios municipales o dirigentes locales tienen que armarse de paciencia y conseguir eliminar esa ingente cantidad de residuos para dejar los espacios públicos decentes. La costumbre de dejar botellas, bolsas, vasos y demás se ha convertido en una costumbre perniciosa.

José Luis Villar, responsable de limpieza de los concellos de Carballo, A Laracha y Malpica, entiende que los jóvenes hagan botellón: «Se van a unha taberna crávanos, e deste xeito sáelles moito máis barato». De todas formas, cree que «poderían ser un pouco máis responsables».

En Coristanco, las comisiones de fiestas reciben la ayuda del Concello para limpiar los desperdicios. En Cabana, sorprendentemente, Carlos Allo Cundíns, edil de Obras, aclara: «Na festa de San Fins a sucidade reduciuse en cantidade nos últimos anos». El regidor de Ponteceso, Lois García Carballido, considera que «o fenómeno do botellón está descontrolado, o que implica un problema ambiental e de saúde». El personal del Concello de Dumbría aporta como solución a tanto descontrol «potenciar as festas pola tarde».

En Laxe tienen 15 operarios. El concejal de obras, Eulogio Constancio, aprecia que «hai moito botellón en calquera sitio, polo que é necesario mentalizar á xente». A la brigada de obras y servicios de Fisterra no solo le sorprende la basura. «Ás veces aínda se atopan con xente por alí», dice Xan Carlos, concejal de Obras.

El personal del Concello de Muxía incluso ven algún atisbo de civismo: «Moitos deixan as bolsas arrimadas a un lado, que non é o mesmo que se quedan no medio da festa», piensa Ramón, coordinador de Protección Civil.

En Cee tienen una empresa externa para la limpieza de sus zonas públicas. En los meses de verano tienen que contratar más personal y aumentar la plantilla, entre otras cosas para limpieza de las verbenas. El Concello de Corcubión tiene siete operarios. «As grandes festas complícannos bastante a situación», afirma el alcalde. En Zas, el regidor comenta: «Hai algunha melloría dende que levamos contedores de vidro». La gente joven está concienciada, pero «chegado o momento do botellón non se dan conta», comprende Muíño.

«A dedicación dos operarios é de 10, é de agradecer o seu traballo», declara la alcaldesa, Mónica Rodríguez, sin querer poner leña al fuego. En el Concello de Cerceda disponen de una brigada de la Diputación además de la brigada municipal, un auténtico batallón «Para a Festa do Cochiño do domingo irán 14 persoas», declara José Liñares.

En Camariñas escasea el servicio. «Cada vez son menos operarios e neste momento non podemos contratar», manifiesta la alcaldesa, Sandra Insua.

«Ensinamos a divertirnos de xeito incorrecto»

La Asociación Vieiro, de Carballo, se encarga de todo lo relacionado con la prevención del alcoholismo. Organiza actividades como programas para alumnos de ESO sobre cuestiones de salud, talleres para niños de primaria sobre prevención de drogas y participación de autoescuelas en encuentro con el tema principal del alcohol y su implicación en la seguridad vial.

En cuanto al botellón en verbena, el portavoz de Vieiro, José María Arán, cuenta que «son moitas as problemáticas asociadas ao consumo masivo de alcohol». De esta manera no entiende que se permita consumirlo en espacios públicos, y afirma: «Estamos ensinando a divertirnos de xeito incorrecto». Además cree que «non é culpa dos mozos, eles veno e fano». Todos nos vemos afectados de alguna manera. «Nas grandes festas xa se normalizan os consumos», explica.

Cuando se habla de quien tiene la responsabilidad en esta situación Arán tiene claro que: «É responsabilidade dos organizadores, das comisións e dos pais dos menores».

Incivismo

Una cosa es la fiesta, y otra, beber sin cuento. Cualquier sociedad sana debería promover la diversión sana. El argumento de que las consumiciones en los bares son caras no sirve porque beber no es una obligación. Divertirse sí es una necesidad, pero uno puede hacerlo sin necesidad de ingerir a calderos. Lo que no es admisible es que los campos de fiestas y plazas queden como estercoleros. Eso es incivismo puro y duro. Sin paliativos.

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