Tino Andrade: «Non era capaz de vestirme, caíanme os teléfonos da man e non falaba»

Personas con historia | El empresario reconoce que recuperar su carné de conducir se ha convertido casi en una obsesión, pero echa de menos su Mercedes Benz


Carballo / la voz

Tino Andrade, de 52 años, apenas recuerda nada de aquella mañana del 28 de septiembre del 2009. Solo imágenes sueltas en el Chuac y despertarse en el hospital de Oza, donde pasó seis meses muy largos. Lo que ocurrió ese lunes se lo ha explicado Julia, su mujer. «Non era capaz de vestirme, caíanme os teléfonos da man, non falaba e tiña a boca torcida. Daquela ela soubo que me estaba a dar un ictus e chamou a unha ambulancia», explica.

Como viven en Salto, en Vimianzo, fueron al Virxe da Xunqueira de Cee, pero fue llegar y rehacer el camino en un vehículo medicalizado hasta A Coruña.

El día antes del ictus la pareja fue a una misa a Brión, porque se celebraba Santa Minia, y comieron en un restaurante en A Barcala. Dejó a Julia en casa y se fue a ver al Sporting Zas, en cuya junta directiva estuvo bastante tiempo. Después acompañó a un amigo a casa, «nunha aldea», y pasó por el Tívoli antes de volver a casa. Así, a lo tonto, se metió un buen montón de kilómetros entre pecho y espalda, porque a Tino le gustaba mucho conducir. Y aún le gusta, pero el carné le caducó en el 2011 y desde entonces ha matado el gusanillo en el coche de algún amigo, pero «non quero ir coma un delincuente», reconoce.

Hace seis meses se fue al psicotécnico, en Baio, y recibió la primera negativa. Probó en A Coruña, y lo mismo. Él esta convencido de que podría conducir en un coche adaptado y está dispuesto incluso a ir a clases para demostrar que está en condiciones, pero no logra pasar del psicotécnico. Lo que Tino pide es una oportunidad. Es verdad que tiene algún problema de movilidad en el brazo derecho y que arrastra la pierna del mismo lado, porque el trombo se produjo en el lado izquierdo de su cerebro, pero no solo considera que está en condiciones de sentarse detrás del volante, sino que además mejora día a día.

Tres veces a la semana va a Íntegro a realizar ejercicios específicos y camina a diario alrededor de su casa durante una hora más o menos. Reconoce que lo de conducir quizá se haya convertido en una obsesión, pero lo cierto es que siempre le gustó. Lo hacía por placer.

Tenía clientes en Valencia y los visitaba en muchas ocasiones, aunque solo fuera por las diez horas de coche que tenía por delante. Su último coche fue un Mercedes Benz de segunda mano, pero que iba «coma o primeiro día». De hecho, su esposa esperaba que quedara sin batería para que él no estuviera interesado en cogerlo, pero «arrancaba á primeira», dice ella.

Tino habla del techo solar y los calefactores de los asientos como si se refiriera a obras de arte, embelesado y con nostalgia. Vendió ese coche y ahora quiere comprar otro, pero prefiere hacerlo por lo legal.

No solo Valencia era su destino. Cualquier itinerario era bueno. De hecho, durante mucho tiempo siguió al Sporting Zas en todas sus citas fuera del municipio, siempre en su coche, en el que quería ir todo el mundo.

En sus casi 25 años como conductor tuvo dos siniestros, dos vuelcos y ambos en Zas. En uno de ellos iba como acompañante. De ambos percances salió ileso. Para un hombre que dice llevar la conducción en el ADN que el accidente que lo alejó del coche ocurriera en el interior de su cerebro y no en el asfalto parece una broma pesada.

«Estiven en dúas residencias para que Julia poida ir de vacacións, que ben as merece»

Desde que Julia empezó a preocuparse porque tardaba demasiado en salir del baño y acabo por alarmarse al ver la situación en la que estaba su marido, «está conmigo sempre, pendiente de min como se fosa un neno pequeno, anda comigo en volandas», dice Tino. Reconoce que para él ha sido «un cambio de vida moi grande», pero también señala que se ha adaptado bien. Desde entonces ha estado en dos residencias, en Carballo y en Oleiros, para que su esposa pudiera disfrutar de vacaciones con sus amigas, lo que se conoce como respiro familiar. Se trata de airearse para no agotar al cuidador principal.

Tino Andrade es sociable y reconoce que en las dos instalaciones se lo ha pasado muy bien. De hecho, los días que no va a Íntegro aprovecha para pasear por los mercadillos de Vimianzo y de Laxe, de los que es habitual. Las vacaciones que se ha quedado al cuidado de otras personas, en instituciones privadas o de la Xunta, se ha convertido en el rey de la fiesta. Dice que cuando no está trabajando para recuperarse está «de cachondeo».

Objetivo de vida

La pareja no tiene hijos. «De momento non, nin os queremos tampouco. A muller xa ten abondo comigo», señala Tino Andrade, que procura mantener el ánimo alto y que ha hecho de la conducción el objetivo de su vida. «Acabarei conducindo ou morto», explica. Reconoce que se ha aplacado algo y que ya no quiere seguir guiando por la zona rural sin carné, por lo que su objetivo principal es superar el escollo del examen psicotécnico y encontrar el modo de demostrarle a todo el mundo que es tan capaz como antes.

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