La atención a la dependencia sigue lastrada por el retraso y la desigualdad

La efectividad varía mucho entre los concellos, aunque todos se quejan de la tardanza

t. longueira
cee, carballo / la voz

La atención a la dependencia, que la semana pasada centró el debate político en Zas, con pleno extraordinario incluido, presenta tantas disparidades en la Costa da Morte que resulta incluso difícil entender que se trata de un sistema común de competencia autonómica, aunque en su gestión intervengan los diferentes concellos. En cualquier caso, hay una serie de reivindicaciones que resultan comunes, y que empiezan, fundamentalmente, por la tardanza entre que una persona solicita el servicio y, de verdad, recibe la prestación de manera efectiva.

«Entre que o solicitas, van a visitalo e todo pasa un ano. Agora mesmo están valorando aos de outubro. Entón nós o que facemos para evitar esa espera -porque a xente cando o pide é porque lle fai falta xa- e ilos metendo polo servizo básico», explica la alcaldesa y concejala de Servizos Sociais de Camariñas, Sandra Insua, quien también apunta, que hay muchas situaciones repentinas. «Un ictus, por exemplo, xa pode ser un grado III [el de máxima prioridad] de repente», detalla la alcaldesa, que va a tratar de que, con los presupuestos del 2019, en los que está trabajando, quede cubierto hasta el grado I.

Ese servicio básico o de libre concurrencia, al que se refiere Insua, es el que le compete a los concellos. Pueden acceder a él personas sin tener reconocido un grado de dependencia e implica una aportación económica mayor por parte de los usuarios y de los ayuntamientos, aunque cuenten con ayudas de la Deputación. Ahora bien, también sirve para darle respuesta a las situaciones urgentes, como explica el alcalde de Vimianzo, Manuel Antelo, que señala que, en su caso, no hay lista de espera como tal, ya que tiran de este mecanismo para ir atendiendo a todos los usuarios que lo necesitan de manera perentoria.

De hecho, el alcalde de Zas, Manuel Muíño, que en el pleno para tratar este asunto criticó duramente a la Xunta por la manera de gestionarlo, también acaba de aprobar una modificación para que las horas del servicio básico que no se gastan, dentro del contrato que tiene con una empresa, se puedan destinar a los dependientes.

Aunque salta a la vista que la agilidad en la gestión varía entre unas localidades y otras, resulta muy complicado realizar comparaciones. Por ejemplo, el propio Muíño, destacaba que en Zas se prestan 5,72 horas de servicio de ayuda en el hogar por habitante -ahora serán más con la ampliación que acaban de aprobar-, mientras que en un municipio bastante más grande y gobernado por el PP como el de A Laracha, son 3,43. Sin embargo, para que los datos fuesen equiparables habría que saber el número exacto de personas dependientes que hay en cada caso, porque parece evidente que no son los mismos en un municipio tremendamente envejecido que en otro con una pirámide poblacional bastante más dinámica. Sobre todo porque, aunque está creciendo de manera exponencial, se trata de un servicio aún desconocido por muchas familias, que no todas solicitan y que incluso algunos usuarios que tendrían derecho a él rechazan por razones de intimidad, costumbres, disponibilidad de ser atendidos por familiares...

La ayuda en el hogar consume una parte cada vez mayor de los presupuestos

Por lo general, en los concellos de Bergantiños se muestran satisfechos por el incremento de horas aprobadas por la Xunta, en septiembre del pasado año, para atender los casos de dependencia, sobre todo los más urgentes y preocupantes, aunque quede aún mucho camino por recorrer hasta la cobertura plena de las demandas de la población.

En Cerceda, tal y como apuntó la edila de Servizos Sociais, María Viqueira, el coste total de la iniciativa supera los 455.000 euros anuales. Dijo que existe una gran diferencia entre la aportación dada por la Diputación y la Xunta: «A Deputación son 12 euros á hora e a Xunta son 9,70». La edila también hizo balance del centro de día y hogar residencial: «Son uns quince usuarios, de media, no centro de día e o fogar residencial ten as 21 prazas cubertas».

En Ponteceso, el alcalde, Lois García Carballido, declaró que el servicio de ayuda en el hogar «é una prioridade para o Concello. Neste mandato aumentáronse as horas de atención e externalizouse o servizo para cubrir de xeito máis rápido as necesidades dos máis dependentes». Y añadió: «A Deputación financia a libre concorrencia, a educadora social, unha auxiliar para o servizo e tamén aumentou moito a aportación económica». De forma paralela, Carballido apuntó que «o aumento das horas á dependencia concedidas pola Xunta permitiu suprimir as listas de agarda existentes».

Necesidades

En Malpica, Marisol Blanco Gorín, indicó que el Concello atiende las necesidades de 78 usuarios, en una horquilla de entre 20 y 70 horas. Comentó que había una decena de personas en lista de espera en el denominado «nivel un, ou de maior autonomía física e psíquica». La concejala recordó que desde septiembre la Xunta incrementó las horas concedidas al Concello de Malpica, hasta las 3.548 al mes, y señaló que el equipo de gobierno local destina cada año 100.000 euros a sufragar este servicio. En el caso de Coristanco, según dijo el regidor, Abraham Gerpe, el ejecuto local destina cada año más de 200.000 euros al mantenimiento del servicio de ayuda en el hogar.

Unas cifras que, en definitiva, hablan de peso creciente que esta atención tiene en los presupuesto municipales -en Zas acaban de aprobar 479.000 euros- ya proceda el desembolso en mayor o menor medida de fondos propios o transferencias ajenas.

La gestión de cada caso es un encaje de bolillos en el que las circunstancias pueden variar casi cada día

Maica Ures, la concejala responsable del área de servicios sociales del Concello de Carballo, asegura que la gestión de la dependencia, que conoce bien, es en muchas ocasiones un «encaixe de bolillos» para atender a las circunstancias que cambian cada día. Y ocurre a menudo. Casi inevitable, en un municipio tan grande, que obliga a una gran logística (de Ferrol de Rus a Rebordelos hay más de 25 kilómetros) para atender a sus 170 usuarios, además de los 50 en lista de espera. Cada caso es un mundo, reconoce, con todas sus particularidades. Cada familia tiene sus vivencias concretas, y lo que se necesita una vez (un centro de día, ayuda en casa, hospitalización, asistente personal...) puede variar más adelante. O puede haber cambios, o incluso diferencias. Las inspecciones son habituales y necesarias para comprobar que la necesidad existe y se cumple.

Del otro lado, si falta una auxiliar no se puede desatender a un dependiente, y hay que mover personal y cambiar sobre la marcha. Esto, que pasa en todas partes, se nota más en municipios tan grandes, y además con un crecimiento exponencial en los últimos años, de plantilla y de presupuesto (que este año vuelve a crecer).

La parte económica no es una cuestión intrascendente, y los recursos municipales son básicos cuando una persona necesita con urgencia ayuda y la Xunta no la tramita a tiempo (tras los correspondientes informes locales), porque, explica Ures, suele tardar seis meses. En esos casos el Concello asume el gasto. Carballo, por cierto, ha pedido varias veces el asistente personal, pero la Xunta no se lo concedió.

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