CARBALLO / LA VOZ

Los 35 años de la Carballeira de Zas han dado para que el público fiel probase de todo. Noches de esas de mal tiempo en pleno agosto, en la que uno se duele del esfuerzo organizativo pasado por agua y se impregna sin querer de un ligero desaliento, y noches de esas en las que el calor veraniego del día se va acumulando para regalar por la noche solo una brisa morna, un ulular maino de las hojas de los carballos. En esas noches no falta ni sobra nada. Bien, la de este pasado viernes, en la Carballeira de Velar, quedó exactamente así. Fue, entonces, una auténtica noche de Carballeira.

Había en el ánimo colectivo -bastante buena entrada- un aquel de sosiego, de pausa, de tranquilidad, de paz. Se palpaba incluso cuando ya Pelepau había estimulado la marcha con su percusión y sus canciones tradicionales en una puesta en escena cuidada. Niamh Ní Charra fue la encargada de continuar con el arrullo en la Carballeira de Velar, y lo hizo con un violín y una concertina al que acompañaron sendos músicos con guitarra y bodhrán, trío instrumental que devino sumamente agradable. Hizo gala de voz en inglés y en irlandés y logró embarcar al público en un tarareo final.

Dejó así el camino listo para la llegada de una de las más esperadas, cabeza de cartel: María Xosé Silvar, Sés. Por energía, por letras y por activismo, volvió la bergantiñana a demostrar un dominio absoluto del escenario y del auditorio. Citó a Lorca, a Moncho Reboiras y dijo que «que importa morrer, se queda semente de vencer».

«Ese punto de bailar, ese punto bailador, como baila a Carballeira...». Sabía Sés dónde estaba. En la puesta en escena, sus coristas y, entre ellas, la malpicana de Cerqueda Icía Varela. O la aclamada Sabela Galbán, cartel incluido en el publico. Voz, gaita, flauta travesera y acordeón. No le quedó por demostrar nada. Gafas oscuras para los tintes rockeros que se le presumía al primer día de encuentro folk, que no dejó de lado el sentir. «Eu tamén son de Dios», dijo Silvar, parafraseando frases familiares. Así, cuando es de Dios y se pone mal, le apetece algo más melódico. Hubo de eso, y también enseñó su versión cantareira. Entrega pura llegó con su Labregha Bergantiñana, con Como eu canto y con Canto aquí, canto na Habana, todos a coro, pero la entrega absoluta vino con Tempestades de Sal. Quiso Sés agradecer a Luar na Lubre y a Bieito Romero el llevar la música gallega por el mundo y acabó su concierto pidiendo «por un millón de Carballeiras máis». Evocaciones celtas, punk, rock y folk se vieron a continuación en The Fatty Farmers, encargados de cerrar con auténtica energía y ritmo la primera jornada vivida en Zas.

La mexilloada, la larga sesión vermú con Caxade, Os Farrapos y Cé Orquestra, la feria de artesanía con más puestos y artesanos que nunca (24) y la talla con motosierra en directo de Marcos Mariño fueron calentando ayer el ambiente, hasta la foliada vespertina. Por delante quedarían Xabier Díaz y las Adufeiras, Mànran, Harmonica Creams y, de cierre, Astarot.

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Una auténtica noche de Carballeira