Cabana recobra la obra de Cuíñas, el cura creador del berro seco

Aprovechará la rehabilitación de la rectoral de Cesullas para potenciar el legado del folclorista, una tarea de recuperación de personajes ya iniciada en otros concellos

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CARBALLO / la voz

La figura y la obra de Saturnino Cuíñas, el cura de Cesullas (Cabana) creador del berro seco, y que dejó una honda huella en la zona por su compromiso cultural y social, estará al alcance de todos los interesados en un plazo no muy lejano. Si todo va bien, ya el año que viene. El Concello de Cabana acaba de recibir el visto bueno del Arzobispado de Santiago para la cesión de la casa rectoral en la que residió, la de Cesullas, por un plazo de 30 años. La rehabilitará, creará en ella un espacio para los vecinos y, sobre todo, honrará la memoria del sacerdote, cuyo trabajo fue mucho más allá del pastoral, e incluso dio pie a uno de los mejores discos de Milladoiro. El Concello ya trabaja en la recuperación de material y documentos que tuvieron que ver con la vida del religioso. Además, seguramente se lleve a cabo algún acto relevante relacionado con el protagonista.

Será una manera de visibilizar a uno de los grandes personajes de la historia reciente de la Costa da Morte, pero no la primera. Hay y ha habido más, aunque con distinta suerte, sobre todo porque a menudo las viviendas se encuentran en manos privadas y es complicado llegar a acuerdos. O, simplemente, han desaparecido.

En el caso de Cesullas, la rectoral está en muy mal estado. Seguirá siendo propiedad de la Iglesia, pero el Concello la arreglará. Más derruida está la vivienda natal del obispo Maximino Romero de Lema, frente a la iglesia nueva de Baio. Pese a que en su día se habló de una cesión al Concello de Zas, de momento no hay nada. La rectoral recuperada que mejor homenajea la figura de un autor es la de Cospindo, en Ponteceso, todo un homenaje a Pondal, además de foro incesantes de actividades.

Se conserva mucho mejor la casa donde nació Alfredo Brañas. Hay intentos recientes de llegar a acuerdos con los propietarios para dedicarla al jurista y escritor, pero no parece fácil. La de Labarta Pose, en Baio, es de uso privado. Cuando se vendió, el Concello o la Diputación perdieron una buena oportunidad de hacerse con ella, ahora es casi impensable. La de Parga Pondal, en Laxe, también está en manos privativas.

Xosé Pumar Gándara, sacerdote carballés, apuntaba hacer unos días la posibilidad de que el Concello de Coristanco se haga con la casa museo de Asunción Antelo, en Segufe, (Seavia), como mejor manera de homenajear a la escultora y escritora fallecida a finales del 2016. Apoyos no faltarían a esta iniciativa.

En Fisterra, la vivienda en la que nació Alejandro Campos Ramírez, Alejandro Finisterre, apenas soporta el paso del tiempo: la fachada resiste y el interior, muy poco. Su último cometido fue el de almacén de muebles. Mucho peor están los restos de la del malpicán Manuel Varela Limia, todo un personaje nacido en 1796 que fue senador y ministro. Hace 8 años se celebró un brillante homenaje a su figura.

Mejor, pero siempre amenazando ruina, está la del insigne navegante cormelán Mourelle da Rúa, tal vez de la que más se ha hablado para su aprovechamiento público, de momento sin éxito. Tuvo más Fernando Blanco: vino al mundo en una pequeña vivienda que ocupaba parte de la parcela de lo que sería la Escola das Nenas de Cee y hoy un flamante museo.

A la del fotógrafo muxián Ramón Caamaño sigue sin sacársele el partido que merece. Y la escuela en la que vivieron Marcela y Elisa en Dumbría tal vez haya que tenerla en cuenta algún día.

Creérselo

Un pueblo no solo es un conjunto de casas. Un pueblo es, sobre todo, además de un vecindario activo, la memoria de sus valores. Las casas en las que nacieron o habitaron personajes insignes sirven para crear una importante red de espacios culturales, sociales y turísticos. Recursos imprescindibles para una actividad social rica que tendría una vertiente clara de atractivo turístico si se maneja bien. Pero antes hay que creérselo.

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Casi medio siglo de labor pastoral

Saturnino Cuíñas Lois nació en Cotobade, Pontevedra, en 1897. Llegó a Cesullas en 1931, donde estuvo destinado hasta poco antes de fallecer, en abril de 1978, por lo que justo este año se han cumplido 40 de su muerte.

A Saturnino -quien por cierto ya tiene una calle con su nombre en Carballo- se le debe la introducción de los elementos más singulares de la romería de San Fins do Castro, y que convirtieron la ancestral romería en la fiesta de interés turístico de Galicia que es en la actualidad, además de cita ineludible para miles de familias y amigos cada 1 de agosto. Pero también tuvo su vertiente social, con el liderazgo de reivindicaciones vecinales, como las mejoras en infraestructuras. Su trabajo ya fue reconocido en 1983, cuando lo nombraron hijo adoptivo de Cabana, y en 1983, predilecto. Una placa conmemorativa en la ermita de San Fins evoca una figura cuya obra fue glosada en un libro de Xosé Manuel Varela editado en 1997.

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