«Claro que che dá pena abandonar a túa casa, pero era o que había»

Álvaro Rama fue el último habitante de A Cotela, en Zas, que dejó hace 55 años. Hoy solo queda un trozo de muro y el ciprés que plantó su abuelo en el gallinero


carballo / la voz

Eran otros tiempos, en todos los sentidos. «A vida mellorou moito en ter estradas, e servizos e adiantos, pero a xente era doutra maneira. Máis honesta. Aquela forma de vivir, hoxe non existe». Así resume una época Álvaro Rama García, de 72 años, último habitante, junto a su familia, de la aldea de A Cotela, que dejó atrás para siempre (ha vuelto solo de paseo) hace 55 años, con apenas 17. Pertenecía a la parroquia de San Cremenzo de Pazos, en Zas, en una zona estratégica, a escasa distancia de Lamas y de Xerne, por donde pasa la AC-552. De la casa en laque nació solo queda el trozo de un muro. Hay que saber llegar. Álvaro lo hace con los ojos cerrados, pero el que no conozca esa zona puede despistarse. Tampoco hay mucha manera de verla, porque forma parte de la explotación maderera y propiedad privada de Daneiro, aunque como está rodeada en buena parte por el río Grande los pescadores sí pasan con cierta regularidad. Salvo esas piedras, que por parte materna vienen de muchas generaciones atrás, nada indica que allí hubo mucha vida. Y dos casas, la suya y la vecina, la de A Galiña. «Había más vida por aquí que agora na AC-552», explica, medio en broma medio en serio, aunque sabe de lo que habla porque suya es la parrillada A Hermida, de las más veteranas de la zona, y ya conoció tiempos mejores en cuanto a tráfico, un recuerdo tras la construcción de la autovía. Un cambio de tiempos que recuerda más o menos al que le tocó vivir en A Cotela. Álvaro dice que allí había vida porque justo al lado tenían un camino que iba a hacia Baio y por el que pasaba mucha gente, sobre todo a caballo, que llegaba desde San Cremenzo. Y que también atravesaba Pedra que Tangue, curioso topónimo que tal vez evoque una roca resonante (¿un dolmen?) en el que solo había una casa y de la que no queda nada. De la vecina de A Galiña, tampoco.

A Cotela, hoy, es un lugar que solo se puede recrear con la imaginación gracias a las indicaciones de Álvaro, pero da la sensación de que tuvo riqueza y belleza. «Tiñamos unhas froiteiras extraordinarias. Non había mellor froita na volta. Vendíaa miña nai. Xaponeses, pexegos, mazás, unha parra da que aínda queda algo... Pola volta tiñamos leiras e herbais ata o río. Non había as plantacións de agora e podiamos ver Xerne. Moi cerca, unha fonte cunha auga impresionante, que algunha vez quixeron explotar. E un muíño. E unha corte con nove vacas», explica, en una recreación casi visual de la vida hace más de seis decenios en un terreno alto en el que ahora crecen carballos y castaños. Y un ciprés enorme, que Álvaro señala que tiene más de cien años porque lo plantó su abuelo en la zona que ocupaba su gallinero.

Arrendamientos

No era mala vida, pero se tuvieron que ir. Como tantos. Los terrenos que ocupaban estaban arrendados, en buena parte, al titular del pazo próximo, conocido en todo el entorno, desde siempre, como «o amo de Daneiro». Porque lo era. Poco a poco fue llegando a acuerdos con los arrendatarios que residían en varios lugares para que se fueran marchando. En el caso de Álvaro se daba la circunstancia de que tenían terrenos propios, pero llegaron a un acuerdo. Y consiguieron una casa en Xerne, a poca distancia. Del lado de Anos, porque una parte es de O Allo (Zas) y la otra de Cabana. Cruzaron el río Grande con sus pertenencias por un puente muy estrecho, llamado durante años «a ponte de madeira», porque lo era. El actual, metálico, es relativamente reciente. En Xerne pasó apenas cuatro meses. En esa época, aún adolescente, trabajaba en la explotación forestal.

Ayer, a pocos metros de ese río caudaloso, siempre muy truchero, Álvaro recordaba el momento el que se fue, sin excesiva nostalgia: «Claro que che dá pena abandonar a túa casa, pero era o que había. Non valía a pena loitar, marcharon case todos». Un trozo de aquella vida lo tiene al lado de la parrillada, el hórreo. El restaurante, abierto en el 78 (entonces funcionaban en la misma carretera el Montevideo y el Buenos Aires, pocos más), sí que ha marcado su vida. Eso, y los 15 años que pasó en Londres, en la hostelería, en la que le fue muy bien. Y los tres que acudió a la escuela de San Cremenzo, la que le correspondía. Pasando sobre el puente de Vadusal, que aún conserva sus espectaculares losas alargadas de piedra. De los 9 a los 12 años. Fueron suficientes.

Más de 40 lugares deshabitados oficiales, pero no reales

 

 

Según el Instituto Nacional de Estadística, en los 16 municipios de Bergantiños, Soneira y Fisterra hay, a 1 de enero del 2018, 46 lugares deshabitados. Pero la realidad no es esa en absoluto. Ni siquiera la mitad. A Carballo le atribuyen nada menos que 23. Cotejados uno a uno, no llega a cinco, porque -por ejemplo- se incluyen zonas de parroquias que no tienen ningún vecino, pero dentro de un lugar que comparte parroquia con otro que sí tienen empadronados. O por errores. El Concello carballés enviará una carta al INE para explicar la situación, como ya hizo hace años el de Cerceda para que se borrasen de la estadística algunos núcleos de As Encrobas que llevaban años desaparecidos tras la apertura de la mina.

Eso no significa que haya errores en todas partes. En Zas, por ejemplo, se cita solo un lugar, Maxín, en San Martiño de Meanos, y efectivamente ha quedado vacío, aunque con visitas regulares de los propietarios. En A Laracha se enumeran nueve. No llega a tanto, desde luego, pero sí se han ido quedando sin lugareños sitios como Pumar o Gallardo. Otros tienen truco: el Cabo de Fisterra o Sisargas, donde ya no viven fareros. Algunos llevan vacíos muchos años, como As Teixoeiras de Dumbría, un pequeño lugar de casas con tejados de piedra que merecerían ser conjunto etnográfico algún día. Para conocer lugares que se han ido perdiendo con los siglos, una buena guía es el informe que el cardenal Jerónimo del Hoyo hizo en 1607, donde cita puntos que ya no existen. A Cotela, entre ellos.

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