«La gente de la zona es muy solidaria»

La religiosa Milagros Muguerza acaba de ser homenajeada en la Cea Solidaria de Cáritas de Soneira


CARBALLO / LA VOZ

Milagros Muguerza (Navarra, 1937) es una de las cuatro carmelitas misioneras que en el año 1992 llegaron a la Comarca de Soneira para ayudar en la labor pastoral de la zona, dando clases de religión en los colegios y organizando coros en las parroquias. Milagros acaba de volver a la Costa da Morte, como homenajeada en la Cea Solidaria de Cáritas interparroquial de Soneira. Cena de la que en su día fue pionera: «Yo fui la que les conté las necesidades que encontré en mis viajes como misionera».

-¿Cómo recuerda su llegada a la Costa da Morte?

-Desde el arzobispado de Santiago de Compostela solicitaron a sus superiores la ayuda de hermanas para echar una mano en la zona. Nos lo encomendaron a mí y a otras tres religiosas más. Empezamos trabajando cuatro misioneras, pero finalmente solo nos quedamos tres. Todas vivíamos en un piso en Baio.

-¿Cuál era su trabajo en el día a día?

-María Jesús era profesora y daba clase en el colegio de Zas, Pilar visitaba a los enfermos, y yo iba por las parroquias preparando la eucaristía de los domingos. Junto a las mujeres de allí que tenían sus propios grupos, ensayábamos cantos y preparábamos un repaso de las lecturas. Yo no tenía coche, por lo que eran las propias vecinas las que me recogían, por ejemplo en Carreira, y desde allí me llevaban a Gándara, Mira, Zas o Nantón. Hace doce años de esto, pero por lo que me cuentan, sé que ellas todavía siguen reuniéndose, lo que me parece una maravilla.

-Usted es misionera. ¿Cómo resumiría su labor a lo largo de estos años?

-Al principio de todo estuve veinticuatro años en Perú, trabajando con la gente pobre. De allí viajé a Bolivia, donde permanecí cuatro años y en el 1992 ya regresé a España. Estuve ocho años en Galicia, luego en Oviedo, Valladolid, y ahora estoy en Madrid. Seguimos trabajando en zonas donde más necesitan de la labor solidaria. Ayudamos en todo lo que está de nuestra parte. Cada vez es más necesaria nuestra presencia. Por mucho que hagas parece que se necesita más.

-¿Cómo recibió la noticia de que en Zas querían hacerle un homenaje?

-Para mí fue una verdadera sorpresa. Fue Carmen Arjomil quien me llamó para darme la noticia, y luego vino a visitarme a Madrid con cuatro señoras más de Nantón para animarme a ir y concretar las fechas.

-¿Qué sintió al regresar de nuevo a Galicia?

-Me hizo muchísima ilusión reencontrarme de nuevo con toda esa gente de las parroquias. Los vecinos son muy cercanos y muy solidarios.

-¿Podemos decir entonces que guarda un recuerdo bonito?

-Por supuesto, tengo unos gratos recuerdos. La gente es muy solidaria. Recuerdo que cuando me iba a ensayar con ellas parecía que venía del mercado porque me cargaban de fruta y verdura. Todas me daban siempre algo. Por eso me alegré tanto el día de la Cena Solidaria.

-Fue una de las precursoras de esa cena. ¿Para qué se destinan y a dónde van a parar esos fondos?

-Si, yo fui la que les conté las necesidades que encontré en mis viajes como misionera. Y desde entonces, la gente se solidarizó y empezó a organizarse. Recuerdo la primera cena estando yo ahí, en la que había un poco de arroz y una botella de agua. Ahora parte de esos fondos se destinan a Cáritas, y otra parte se manda a Perú.

-¿Sigue siendo necesaria la obra social de los misioneros?

-Sí, sobre todo en aquellos lugares donde la pobreza se agudiza. Aquí también la hay, pero los pobres pueden vivir ‘mejor’ que los de allá. En España contamos con comedores parroquiales, hay solidaridad por parte de muchas organizaciones. Pero en Perú no existen esos lugares. Hay una diferencia como de la noche al día.

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