La insumisión de los gallineros


Solo en Mazaricos se lo tomaron en serio. Es evidente, porque a nadie se le escapa que en cualquier parroquia de Vimianzo hay más de 30 gallineros, que son los que se han censado por requerimiento de Medio Rural, y también en Zas superan ampliamente la cifra de 74, como ocurre en Dumbría (75), aunque pueda haber alguno más, ya que, al margen de los datos que tiene el Concello, algunos propietarios igual se decidieron a apuntarlos en la Oficina de Extensión Agraria.

Ni siquiera los 380 de Mazaricos son seguramente el total de los corrales con aves que hay en el municipio, porque si por algo se ha caracterizado hasta la fecha esta iniciativa es porque el común de los vecinos o ni siquiera le llegó la información de la obligatoriedad de hacer los censos o, directamente, pasan de un asunto que no está ya en el candelero desde hace años. La gripe aviar dio mucho que hablar en la Costa da Morte, incluso se generó una alarma en parte exagerada, pero hoy nadie la percibe ya como un riesgo real. Sin embargo no está tan lejos. El Gobierno francés bajó de «elevado» a «moderado» el riesgo a finales del año pasado, después de sacrificar cerca de cuatro millones de patos, ante la proliferación de aves infectadas con el virus H5N8, heredero de aquel célebre H5N1, que con aquella más que polémica recomendación de la Organización Mundial de Salud llevó al Gobierno de España en el 2009, encabezado por Zapatero y con Trinidad Jiménez de ministra de Sanidad, a gastarse en torno a 50 millones de euros en 15 millones de dosis del no menos célebre Tamiflu, el antiviral porque el que en aquel momento se peleaban los estados del primer mundo, lo que le tajo pingues beneficios a la farmacéutica Roche.

Muy probablemente a la mayoría de los propietarios de gallineros de la zona estas cuestiones de sanidad y política internacional le suenen más bien de lejos y, como mucho, algunos saben que las aves de corral hay que censarlas en Dumbría, Vimianzo y Zas, porque está ahí el embalse de la Fervenza y cabe la posibilidad, remota, de que alguna especie migratoria de las que para en el pantano dentro de sus travesías internacionales pueda portar el vídeo y desencadenar un pandemia. Por tanto, al margen de que haya quien se lo ha tomado como una cuestión folclórica -en Mazaricos los mayores aprovechaban para hacer el censo al tiempo que recogían entradas para su fiesta- sí hay una razón sanitaria detrás. Ahora, si la medida resulta desproporcionada o llega a destiempo, ya es algo que solo los técnicos y la evolución de la enfermedad acabarán por aclarar. En cualquier caso, tener localizados los corrales, no viene de más porque el último censo disponible es de hace ahora dos decenios y difícilmente se pueden articular medidas de respuesta ante una crisis con esos datos.

Por J. V. Lado CIUDADANA

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