«No sé si soy yo el dueño del violín o es el instrumento el que me posee a mí»

Petrosian ofrecerá mañana su tercera actuación del verano en las Torres do Allo


Carballo / La Voz

El violinista Kamo Petrosian (Armenia, 1957) llenará mañana las paredes de las Torres do Allo con sus clásicos. Es un asiduo a las calles de Compostela, que impregna casi a diario con las melodías salidas de su violín.

-Mañana estará de nuevo en las Torres do Allo.

-Sí, será mi tercera actuación, después de las dos que tuve el pasado mes de julio.

-¿Qué siente uno al tocar entre paredes tan llenas de historia?

-Aparte de todo el significado que tiene actuar en un lugar tan importante, he de decir que la acústica es verdaderamente estupenda. Es un placer tocar por allí.

-¿Qué tal se porta el público?

-La audiencia fue exquisita. En las dos ocasiones anteriores que estuve por allí parecía que había poca gente al iniciar los conciertos, pero poco a poco se fue llenando. Incluso me pedían más temas al finalizar mi actuación. Se portaron bien, desde luego.

-Es usted armenio, pero las calles de Compostela son algo así como su segundo hogar. ¿Qué le trajo a España?

-Fue un poco la necesidad de buscar un futuro. También fue así como empecé a tocar en la calle, y no lo he dejado desde entonces. De todos modos, adoro Galicia y adoro Santiago. Volví por Armenia alguna vez pero, estando allí, ya estaba deseando volverme de vuelta a Compostela.

-¿Qué siente un músico al plantarse en una calle cualquiera y poner banda sonora al fluir de la gente?

-Libertad, sobre todo. No es lo mismo que cuando se actúa en un concierto, donde la presión es mucho mayor. La calle es casi como mi casa, me encanta tocar para la gente que pasa. Aquí y allá.

-¿Qué puede oír un viandante que se pare a escucharle tocar?

-Mayoritariamente música clásica. Hace unos años me compinché con un compañero guitarrista y tocábamos también folk de distintas partes del mundo: gallego, europeo, irlandés, armenio... Pero por lo general me ciño a los clásicos.

-¿Algún compositor que le guste en particular?

-Me encantan Bach y Mozart, no solo para tocar, sino también para escuchar sus creaciones.

-¿Cuando empezó usted en esto de la música?

-Pues tenía solo ocho años, así que llevo ya unos cincuenta en este mundillo. En Armenia una familia que se precie da una educación musical a sus hijos. De hecho, en mi época, entre un 60 y un 70 por ciento de las familias tenían un piano en sus casas. Eran otros tiempos.

-¿Después de cinco decenios, todavía hay lugar seguir formándose y aprendiendo?

-Lo hay. Pero solo si uno está dispuesto a abrir su mente y conocer cosas nuevas. Si uno cree que ya lo sabe todo, no guardará espacio para nada. Yo, desde luego, aprendo cada día.

-¿Cuantos violines han pasado por sus manos a lo largo de sus cincuenta años como músico?

-He tenido tres, creo recordar. Los dos primeros me los compraron mis padres: uno cuando tenía doce años; el otro, cuando comencé mis estudios en el conservatorio. El tercero lo adquirí cuando me vine para España.

-Ya debe sentirlo como si fuera una parte más de usted.

-Totalmente. De hecho, no sé si soy yo el dueño del violín o es el instrumento el que me posee a mí. Los músicos entablamos una relación muy especial con los instrumentos que pasan por nuestras manos.

-Hoy en día es todo un privilegio poder vivir de la música.

-Sí, lo es. Yo he tenido suerte de poder vivir de esto, entre las clases particulares que imparto y lo que voy ganando en la calle. Pero es ciertamente muy complicado; cada vez más, creo.

El concierto de mañana, en las Torres. Kamo Petrosian completará su serie de conciertos en las Torres do Allo con una última actuación. Será mañana, a las ocho y media de la tarde.

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