«Non podemos ter 90 anos da nosa historia soterrados»

Patricia Blanco
PATRICIA BLANCO CARBALLO / LA VOZ

VIMIANZO

Luís Lamela, Montse Fajardo y Luís Sánchez nutrieron una mesa redonda sobre memoria histórica
Luís Lamela, Montse Fajardo y Luís Sánchez nutrieron una mesa redonda sobre memoria histórica BASILIO BELLO

Vimianzo M.O.L.A. concluyó con una llamada a conocer la historia propia, de manos de Luís Lamela, Montse Fajardo y Luís Sánchez. Ellos hicieron memoria de un pasado que muchos todavía no quieren, o no les interesa, saber

08 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

«Custou traballo, desgustos, pero insistindo, pelexando, sufrindo, chegamos a un día coma o de hoxe, falando e normalizando o que pasou e que moita xente aínda non quere lembrar». El historiador Luís Lamela (Corcubión, 1945) pronunció estas palabras con la voz entrecortada en el patio del castillo de Vimianzo. Lo hizo en una mesa redonda sobre memoria histórica con la periodista y escritora Montse Fajardo (Vilagarcía, 1973) y con Luís Sánchez (Bamiro, Vimianzo, 1955), autor de un ímprobo trabajo del que resultó la base de datos Mulleres, homes e homiños, más de once años de recompilación hoy accesibles en represion.memoria.gal, 19.530 fichas de represaliados y represores que van a más con aportaciones familiares: «É unha páxina viva». Los tres comparten un empeño vital: combatir la «herdanza de ignorancia deixada polo franquismo», el silencio educativo y social y la versión interesada de la historia, para darles voz a quienes no la tuvieron, evitando el olvido e indiferencia: «Moita xente hoxe pregunta polos seus familiares, algo que antes non fixeron». «Á nosa xeración non se lle contou nada. O único que tiñamos na cabeza era que esa xente que tiña detrás a Garda Civil era bandoleiros, pero non», dijo Sánchez. Él empezó a tirar del hilo por Foucellas, y lo hizo reforzado además por la aparición de corrientes, «e sobre todo xente nova», «que empeza a dicir que con Franco se vivía mellor».

Vimianzo, 1936

Cuando ya caía la noche, su conversación cerró la segunda edición del festival Vimianzo M.O.L.A., este año precisamente marcado por el 90.º aniversario de unos hechos que dieron lugar a una cruel represión en la capital de Soneira y por el 30.º de un homenaje que, como dijo Lamela, «abriu as portas a que outras asociacións [lo promovió en su día Adiante Soneira] fosen facendo o mesmo». Vero Rilo y Santi Cribeiro, con el espectáculo As lavandeiras, habían dejado una idea en el aire: «Que a memoria non se perda».

Vero Rilo y Santi Cribeiro ofrecieron «As lavandeiras»: música y narración oral
Vero Rilo y Santi Cribeiro ofrecieron «As lavandeiras»: música y narración oral BASILIO BELLO

Y de eso se trató el domingo, evocando aquel expediente de expropiación del castillo vimiancés iniciado por el legítimo gobierno republicano para dedicarlo a consistorio, mercado y otros servicios (1936). Tras el golpe militar de julio, y desistiendo de ir a A Coruña para no toparse con un activo grupo falangista de Zas del que les habían advertido que los esperarían en el puente de Baio, mandatario locales y obreros optaron por trasladar su apoyo a la República formalizando simbólicamente esa expropiación de  la fortaleza con el levantamiento de acta y banderas «legais» en el castillo. «De maneira pacífica e sen agredir a inguén», insistió Lamela. No obstante, aquello fue tildado de «invasión violenta» y así se desató una terrorífica represión que acabó con dirigentes fusilados, paseados, perseguidos o escapados, como el entonces alcalde, José Alborés Gándara, durante 14 años oculto en el monte. «E cando chegou á súa casa, a súa muller non o coñecía. Iso pasou aquí, ao lado», incidió Lamela, cuyo trabajo investigador sobre la represión se remonta ya a finales de los 80. Querer del diputado corcubionés Pepe Miñones fue su primer paso. Y no sin lucha para entrar en los sótanos de la prisión provincial de A Coruña, como relató con profusos detalles, hasta hallar el acta de ingreso en la cárcel y también la salida hacia el pelotón de fusilamiento.

Sánchez, Fajardo y Lamela, el domingo en el castillo vimiancés
Sánchez, Fajardo y Lamela, el domingo en el castillo vimiancés BASILIO BELLO

La batalla de Lamela para localizar archivos, pionera e inédita hasta el momento en Galicia y España, dio paso a todo lo demás, también en los últimos tiempos a ese foco puesto en quién ejerció esa violencia (Golpistas y represores, editorial Laiovento, su última obra, toda ella en base a documentos). Tampoco tuvo reparo, en el lado de las víctimas, de los represaliados, en llamar a la puerta de quien no había podido explicarse. Al propio José Alborés Gándara, poco antes de morir, le realizó Luis una entrevista que transcribe en una de sus obras, «a única versión que hai deste home porque ninguén se achegara a el ata que eu comecei a investigar. Ninguén se achegou a el para que contase o sufrimento». Penurias de las que no solo ellos eran los afectados, sino también sus familias, mujeres, hermanos, padres o hijos, por siempre marcados. 

Y en todo este doloroso silencio ellas, las mujeres, no se llevaron mejor parte, muy al contrario de lo que se piensa. La historia no tiene documentadas sus violaciones, sus rapas, sus agresiones de todo tipo, económicas, sociales, pero Fajardo lleva muchos años empeñada en incorporar la perspectiva de género a su investigación y trabajo por la memoria histórica, y he ahí obras como Caídas, sobre el mal llamado Patronato de Protección a la Mujer, institución desconocida incluso dentro de los círculos investigadores pese a ser durante décadas un longevo instrumento represor —y no benefactor—, nada menos que desde 1941 a 1985. Fajardo, durante la intervención en Vimianzo, pulsó en su caso la importancia de la memoria oral y la apertura de puertas de quien deseaba contar, así como la doble sombra impuesta a las mujeres: por un lado, el silencio sistemático sobre ellas («das mulleres non se falaba») y, por otro, la tergiversación o «historia mal contada» a la que fueron sometidas, como evidencia en su publicación A vida incerta, biografía de Virxinia Pereira, que fue muchísimo más que la mujer, el «bastón» o la «enfermera» de Castelao. Desde luego, muchísimo más que la mera «señorita superficial da Estrada». Su compromiso político era profundamente hondo, y siguió sin Castelao.

«Puxen o foco nas mulleres, na represión contra as mulleres, porque ao estudar había esa idea de que a sufriran máis os homes, porque efectivamente foron maioría no paredón, no cárcere ou nas depuracións laborais. Mais a delas non foi menor. En Galicia temos mulleres asasinadas, presas, exiliadas, afastadas dos seus traballos. Mulleres para as que ademais o franquismo ideou uns castigos especialmente sexistas [ingesta de aceite de ricino, cortes de pelo, tatuajes de cruces en la piel, agresiones sexuales...] Que pasa? Que cando hai cadáver hai unha pista documental. Hai un levantamento de corpo ou mesmo unha sentenza. Pero o que non hai son listaxes deses ataques a elas, iso quedou un pouco no ámbito familiar. O meu foi ir petar nas portas, preguntar (...) Historias das que non había rexistro, pero que era importante contar», explicó la periodista y escritora en Vimianzo. 

Con el Patronato, lo mismo. Fue a través de reuniones y «xornadas coma esta» que Montse Fajardo empezó a escuchar hablar de él. Una «especie de cárcere» en el que niñas y jóvenes podían acabar por la mera denuncia de alguien, por ser vista con un chico, por estar embarazada sin estar casada aunque fuese fruto de la violación de un familiar, o simplemente por mostrarse alegre y cariñosa: «Pasaban a ser impuras e castigábanse pechándoas nun convento de monxas sen ningún tipo de xuízo nin nada». De eso sí hay documentación de expendientes. Unas lo sobrevivieron, y todavía hay testimonio, ninguna sin trauma, pero muchas otras se quedaron por el camino, optando por el suicidio o llevadas hasta la locura a base de castigos, explotación y todo tipo de maltrato. Esa realidad, con todo, ha quedado sepultada por la idea de que estas chicas, de entre 16 y 25 años, eran «as nenas descarreiradas que axudaban as monxas». Un relato «mal contado» que difundía la idea de que si las encerraban era porque «algo fixeran». Fajardo buscó «o outro lado da historia»: «E hoxe é moito máis necesario ca nunca esa memoria, porque a rapazada, por ignorancia, di añorar un tempo que foi unha lousa non só para esas nenas que acabaron alí, senón para todas as mulleres».

BASILIO BELLO

Es el compromiso personal de Montse, que recuerda a su abuela materna pelándole pipas y relatándole duros episodios cuando todavía era bien pequeña, aprovechando la ausencia de su madre: «Ti non lle contes a túa nai que eu che falo destas cousas». La vecina que tuvo un hijo escondido en un falso armario, otra vecino que lo había delatado y por eso matado. «E que lle pasou a ese homes que mataron ao fillo do veciño?», preguntó Montse. «Nada, porque eles eran os que mandaban», dijo la abuela. Esa abuela tenía con su hija otro pacto de silencio: que de esas cosas no se hablaba fuera de casa. No obstante, en Montse anidó todo aquello, y si dos generaciones antes que la suya habían callado, «a xeración neta e bisneta penso que xa temos máis claro que o compromiso cos nosos é contar o que pasara». Fajardo fraguó así un hondo interés por la guerra civil que espoleó su crianza en una librería y su posterior trabajo como periodista, particularmente la cobertura un 14 de abril de un acto de homenaje a 69 personas asesinadas en Vilagarcía, tres de ellas mujeres. Allí vio a una muy mayor, en silla de ruedas, bajo la lluvia, que le contó ser hija de uno de los ejecutados. Hija, también, de una madre que se topó a ese marido con un tiro en un camino, un suceso que la llevó a la locura y a acabar en Conxo recortando todas cuantas fotos hallaba de hombres, porque en todos lo veía a él, a su Tucho. «Está moi ben contar a historia de meu pai e de todos os que levaron, pero tamén hai que contar a historia das que quedaron, como miña nai, que morreu tola, e coma min, que con 10 aniños e orfa me puxen a traballar de criada nunha casa na que me daban teito, pero sen soldo e comida ata pouca (...)», le contó aquella mujer a Fajardo. El relato de Carmen, sus manos, son la portada del primer libro que publicó. Por todas las Carmen, y también por su abuela, que la eligió depositaria de toda esta semilla de querer saber y contar, es que sigue trabajando y publicando. 

La batalla por la visibilización y contra el miedo y la desmemoria sigue, y sin duda los tres creen que lo que hicieron hasta ahora, con todo y sus sinsabores, ha merecido la pena: «Foi o mellor que fixen na vida», declaró Fajardo. «Non podemos ter 90 anos da nosa historia soterrados», afirmó Sánchez. «Todo o que se faga por recuperar memoria enriquece», remató Lamela.

Mónica Rodríguez, en la noche del viernes, cerrando el segundo Vimianzo M.O.L.A.
Mónica Rodríguez, en la noche del viernes, cerrando el segundo Vimianzo M.O.L.A. BASILIO BELLO

Vimianzo consolida su castillo como escenario cultural y de creación

El Concello de Vimianzo ha hecho una valoración sumamente positiva de la segunda edición del festival Vimianzo M.O.L.A., concluído el domingo con una mesa redonda sobre memoria histórica con Luís Lamela, Luís Sánchez y Montse Fajado. A su término, y después de evocar los acontecimientos acaecidos en Vimianzo en 1936 y tiempos posteriores de represión, la alcaldesa, Mónica Rodríguez, tomó la palabra para mostrar la «satisfacción» que ha dejado la iniciativa, posible con el apoyo de la Deputación da Coruña y con la suma de fuerzas: el área de Cultura, personal municipal, Culturactiva, libreros, participantes y por supuesto público. Adelantó que habrá próxima edición, la tercera, y que para ello se ponen ya a trabajar. 

Este lunes, desde el consistorio se amplió ese balance inicial de un festival que destacó por su programa cohesionado, hilado, capaz de atraer hasta el castillo a un público diverso, ya fuese con motivo de las propias jornadas o para visitar la fortaleza, pero que acabó quedándose a algunas de las propuestas. En este sentido, desde el consistorio aluden a la consolidación de este bien patrimonial como escenario cultural, como faro, patrimonio vivo, al punto de ser un elemento más de la propia programación, y además un descubrimiento para algunos de los autores que por él pasaron, como lo afirmaron la propia Montse Fajardo o las también escritoras Arantza Portabales y María Oruña. 

Durante tres días de actividades, hubo diálogo entre autores, entre distintas generaciones y trayectorias afianzadas unas y noveles otras. Todos contribuyeron a señalar la reivindicación de la Costa da Morte, y por tanto Vimianzo, como territorio de creación y acción, pulsando la importancia de escribir desde, por y sobre la periferia. Sobre todo el domingo, se incidió además en la necesidad de preservar la memoria, y de conocer la historia propia.