Arranca el juicio contra un vecino de Vimianzo acusado de apuñalar a su expareja en la oficina de Unións Agrarias de Vimianzo

«Entró, me empujó, me tiró al suelo, se puso encima mía y me clavó el cuchillo varias veces», declaró la víctima en la Audiencia Provincial sobre lo ocurrido en mayo de 2019, en su lugar de trabajo


Carballo / La Voz

Acusado y denunciante solo coincidieron en cuatro cuestiones de sus respectivas declaraciones: que habían sido pareja sin que mediara convivencia bajo el mismo techo, que acudieron a una única sesión de terapia a Baio para tratar de salvar la relación, que la mujer, a través del sindicato Unións Agrarias en Vimianzo, llevaba la contabilidad y la fiscalidad del acusado desde el 2012; y que ella sufrió graves heridas en el cuello con un cuchillo. En todo lo demás, las versiones aportadas en el juicio que arrancó en la mañana de este lunes en la Audiencia Provincial de A Coruña por parte de Javier Miñones Trillo, de 43 años, y Montserrat López Mosquera, de 50, ambos vecinos de Vimianzo, fueron completamente diferentes.

La vista arrancó con el testimonio de Javier Miñones Trillo. En un tono muy elevado y vehemente —el juez le avisó en dos ocasiones de que depusiera su actitud e, incluso, le amenazó con expulsarlo de la sala— explicó que conocía a Montserrat López Mosquera porque le llevaba los temas profesionales por su condición de autónomo en el ramo de la fontanería. Ambos iniciaron una relación sentimental, que empezó «en verano de 2017 y concluyó en verano del 2018».

Según su versión, fue él quien tomó la decisión de darla por finiquitada porque la denunciante lo acosaba y le pedía de manera insistente que volviera con ella. Relató en la sala que habían acudido a una especialista, «a petición de ella», para buscar una solución a la crisis. Javier Miñones apuntó que solo acudió a una sesión de terapia y que no había vuelto más. Sí confirmó que después de la supuesta ruptura, en el verano del 2018, ambos continuaron con la relación profesional «y como amigos con relaciones íntimas», pero dejando claro que «no quería estar con ella». Y añadió: «Montse no aceptaba que quisiera dejar la relación». Y dijo que ya quería romper con anterioridad con ella «en tres o cuatro ocasiones», aunque sí aceptó mantener la relación profesional existente previamente.

A preguntas de la Fiscalía y la acusación particular, Javier Miñones relató su versión sobre supuestos conflictos en la pareja y presuntos encuentros casuales en varios locales de copas de Vimianzo. Pero Javier Miñones recalcó que fue la denunciante la que lo cosía a llamadas telefónicas y wasaps para que volviera con ella. «Me acosaba», esgrimió en la sala. Y dado que ambos vivían prácticamente en la misma calle, él le habría dicho a su ya expareja que se iba a buscar otro piso de alquiler en Vimianzo para no coincidir y que cada uno continuara con sus vidas por separado. Negó que la expiara desde la ventana y señaló que antes de que se produjeran los hechos ahora juzgados llevaba días residiendo en Laxe, y no en Vimianzo, porque su padre se recuperaba de un ingreso hospitalario. También negó que se hubiera puesto en contacto con ella por ningún medio.

Con respecto al día de las cuchilladas, Javier Miñones relató que había acudido a primera hora de la mañana de aquel 15 de mayo del 2019 para hablar con Monteserrat de un tema meramente laboral. Ella se encontraba en el aula de formación y no había nadie más en la sede de Unións agrarias. Según él, tras saludarla le dijo que quería comentarle algo en relación a un tema laboral. Ella le habría contestado: «‘Espera un momento que voy al baño, que quiero hablar contigo'». Y añadió: «Esperé. Y al salir fue cuando la vi con un cuchillo en la mano. Le dije: ¿Qué vas a hacer con eso? Ella se acercó al cuello el cuchillo que llevaba en la mano. Tiré de ella por la mano para tratar de quitarle el cuchillo. Forcejeé. Me puse encima de ella para quitarle el cuchillo. Vi sangre al rededor. Me quedé en estado de shock».

Dijo que no recordaba nada de la presencia de una segunda mujer cuando ambos forcejeaban en el suelo. Y se defendió de las graves acusaciones: «Yo no lleve ningún cuchillo oculto, ni ninguna maleta. Solo las llaves de mi casa. Salí de allí [de la sala en la que se produjo el supuesto forcejeo] en estado de shock, desorientado, loco perdido. No sabía lo que había ocurrido, ni lo que acaba de ocurrir. Era incapaz de asimilarlo, no sabía qué hacer, ni a quién recurrir. Nunca había tenido problemas con nadie: ni con mi exmujer, ni mi exnovia... Cogí el coche y fui a la deriva. Recuerdo que estaba lleno de sangre en medio de un monte. No sé cómo había llegado hasta allí». Javier Miñones fue localizado once horas después de los hechos en su furgoneta en una pista de acceso a la playa de Os Muíños, en Muxía.

La versión del acusado no se parece en nada a la facilitada por Montserrat López Mosquera. Señaló que ambos mantenían una relación profesional porque desde Unións Agrarias en Vimianzo se le llevaba al que era autónomo en ese momento la contabilidad y la fiscalidad. Sí apuntó que ambos iniciaron una relación sentimental «entre febrero del 2017 y febrero del 2019», pero hubo interrupciones porque por momentos se sentía agobiada por la que era su pareja. Reconoció que habían acudido, incluso, a una sesión de terapia de pareja a Baio, pero a «petición de él», y que solo asistió a una charla. Sí admitió en la sala que se sentía acosada desde que ella le había comunicado a Javier que quería poner fin a la relación. Sobre todo, cuando, Montserrat le anunció que empezaba a verse con otra persona, aunque no mantenía ninguna relación formal de pareja con ese hombre. A preguntas del fiscal y de la acusación particular señaló que el acusado le insistía una y otra vez en volver con ella: «Me decía que había cambiado, que comprendía que no podía estar siempre tan pendiente de mí o de con quién iba o con quién me relacionaba». Y esgrimió: «Cuando decidí romper la relación él venía una vez por semana hasta la oficina pidiéndome que volviera con él». Montserrat López también dejó claro que no pensaba que él fuera actuar como supuestamente actuó. «Coincidíamos en locales [hosteleros] de Vimianzo y él casi siempre iba solo».

Recordó que el fin de semana anterior a producirse los hechos, ella vio al acusado observando desde la ventana de su piso. Eran las cinco de la madrugada: «Me dijo de quedar un momento para hablar conmigo y yo le contesté que no eran horas, que ya hablaríamos en otro momento». En varias ocasiones él le había pedido una segunda oportunidad, a lo que ella se habría negado. Según la denunciante, seguía con sus actitudes machistas y le habría pillado en una mentira en relación a un supuesto cargo de dinero en una de sus cuentas —como asesora laboral y fiscal tenía acceso a sus claves— procedentes de un allegado muy próximo al acusado.

Sobre lo que sucedió el fatídico 15 de mayo del 2019. Montserrat López explicó: «Abrí, como siempre, a las nueve de la mañana, desconecté la alarma y encendí el ordenador. Como no había nadie para atender, aproveché para retirar unas cajas que había en el pasillo y meterlas en el aula de formación. En una de ellas había una fotocopiadora que pesaba mucho y no sabía cómo iba hacer». No habían transcurrido ni diez minutos y entró Javier Miñones Trillo e la oficina. «Yo salía del aula de formación preguntándome cómo iba a mover yo sola aquella caja con la fotocopiadora. Cuando entró él con la maleta le dije: ‘Que bien, ahora que estás aquí me ayudas a mover la caja'». Y continuó con su relato: «No vi que llevara en aquel momento el cuchillo. Pero no me habló ni me dijo buenos días. Nada más entrar, me puso la maleta delante y me empujó hacia dentro del aula de formación. No recuerdo muy bien cómo me agarró, creo que fue por detrás [señalando al pelo] e intenté apartarlo. Me empujó, caímos al suelo, se puso encima y me clavó el cuchillo varias veces. Tengo heridas defensivas en las manos. Incluso para ver si reaccionaba y se tranquilizaba le decía: ‘Cariño, cariño, tranquilízate. Vamos a hablarlo, podemos arreglarlo aún, podemos volver'. Pero él me contestó: ‘Isto xa non ten solución'». Justo en el momento entró en Unións Agrarias una mujer que supuestamente iba a hacer la declaración de la renta. Al entrar en la sala llena de sangre, el acusado supuestamente le espetó: «¡Lárgate de aquí». La denunciante le gritó que llamara a la Policía. Javier Miñones se levantó para ir detrás de la mujer que acababa de entrar en la oficina. Monserrat López aprovechó entonces para levantarse como buenamente pudo y «a gatas» y malherida se fue hasta la entrada de la oficina. Allí, en plena calle, se desmayó. Tuvo que ser atendida de urgencia por agentes de la Guardia Civil de Vimianzo, cuyo puesto está a 200 metros de Unións Agrarias. El supuesto agresor huyó del lugar a pie.

Por estos hechos, el Ministerio Público solicita 14 años de prisión para Javier Miñones y otros 17 de alejamiento de la mujer. La acusación particular y popular, que ejercen Pedro González Boquete y Félix Porto Serantes, respectivamente, elevan la petición a 16 años de cárcel y 20 de orden de alejamiento. Todos ellos piden además entre 95.000 y 100.000 euros de indemnización para la mujer. Por su parte, la defensa, que lleva Joaquín Martínez Camacho, pedirá «la libre absolución» de su patrocinado al entender que la denunciante pretendía «autolesionarse si él la dejaba». En todo caso, y en función de cómo se desarrolle y se despliegue toda la prueba de juicio, podría modificar la petición en el sentido de que si no hay absolución se le imponga a su cliente «un delito menor, de lesiones».

El juicio oral se reanudará este jueves, día, 15 a partir de las 9.45 horas en la sección primera de la Audiencia Provincial de A Coruña.

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