Un brillante estudiante descubre diez estaciones de petroglifos en Vimianzo

PATRIMONIO | Localizó el mayor conjunto de arte rupestre de toda la comarca de Soneira


carballlo / la voz

David Roget Blanco, que acaba de superar el bachillerato con matrícula de honor y que estudiará ingeniería aeroespacial, se ha convertido con solo 18 años en un auténtico especialista en la localización de arte rupestre. En los últimos meses descubrió nada más y nada menos que 10 estaciones de petroglifos, casi todos en los montes de Trasouteiro, muy próximos a la capital del Concello de Vimianzo. Puso todos sus hallazgos en conocimiento de Patrimonio y un arqueólogo de este departamento, Manuel Díaz, procedió a los trámites para la catalogación de los grabados.

La primera estación que encontró, y la más importante, es la del Prado da Cruz, con dos paneles: fue el 1 de julio del 2019. El grande incluye combinaciones de, al menos, cinco círculos concéntricos, dos de ellos de 56 y 52 centímetros de diámetro, respectivamente, unas 40 «coviñas» de tamaños muy diferentes, aros, figuras diversas, una de ellas antropomórfica, y otros motivos diversos que cubren gran parte de una pantalla de ocho metros de largo. Desde esta piedra se ve gran parte del valle vimiancés. Un segundo panel, muy cercano, incluye otro concéntrico con cavidad central y seis cazoletillas más. David tiene todo ello debidamente explicado en su libreta de campo, que completa con reproducciones de los grabados en dibujos y fotografías.

No fue una casualidad el hallazgo. El joven sabe perfectamente qué tipo de piedras pueden tener grabados y en qué lugares. Así que continuó la búsqueda. También subió a la Cruz do Loureiro, un monte próximo sobre el valle vimiancés por su parte este y en cierto modo fetiche para las viejas generaciones. Allí, junto a la cruz de 2,26 metros, identificó otra más, de 38 por 15 centímetros, grabada en una roca próxima; otra más pequeña, de 13 por 8, y una tercera en la propia cruz principal. No solo eso, localizó tres «coviñas» prehistóricas con una línea envolvente. Luego halló las cuatro estaciones de Prado Vello. Tres de ellas alineadas de norte a sur, en línea con la del Prado da Cruz. Así, la que sería la de Prado Vello 1 contiene dos circunferencias con una cavidad. La 2 muestra un círculo con ocho posibles «coviñas» y un segundo panel con seis más alrededor de una «pía» natural. Prado Vello 3 está muy cerca de A Cruz do Loureiro y constituye un auténtico santuario pagano con roca de cubierta y ocho cavidades y una cazoleta. En Prado Vello 4 hay una colección de 15 cavidades colocadas de forma simétrica, de las que el autor duda de su autenticidad. Las estaciones restantes son las de Campo 1, 2 y 3. En la primera hay oquedades en zigzag, una de ellas con un aro. La 2 contiene dos «coviñas» juntas y una más separada en una piedra afectada por canteros. La 3 tiene más oquedades.

En Sanfíns, en la parroquia de Cambeda, también halló grabados

David Roget no solo limitó su acción al entorno de la capital del Concello. También revisó el entorno de los montes de Cambeda. Así, en Sanfíns halló un grabado en O Cotriño. Estaba tapado con musgo. Aun así logró hallarlo. Se trata de una cazoleta con rabo y cuatro «coviñas» en línea.

El joven vimiancés encontró un grabado más en el entorno vimiancés. En Sansobre localizó la estación de Somontemio, en el área del monte de la Casa das Eguas, con tres círculos concéntricos bastantes gastados en una parte y tres oquedades antrópicas y tres cazoletillas más, próximas. Manuel Díaz ya la catalogó, pero David la ha vuelto a cubrir de musgo como estaba para evitar que, mientras no sea señalizada y protegida, pueda ser dañada por actividades agrícolas o forestales. Además, cerca del Castelo de Vimianzo vio grabados, pero duda de su autenticidad.

Un joven de matrícula con una tarea de tintes heroicos

David Roget es un joven abonado a la perfección. Llegó al arte rupestre porque iba para crack del fútbol, pero las lesiones lo apartaron del deporte. Lo llamaron de las Escolas Luís Calvo de Carballo. Destacaba como medio centro, pero como también practicaba tenis de mesa -llegó a jugar torneos a nivel gallego- las rodillas se le resintieron y el traumatólogo le indicó que sustituyese ambos deportes por la bicicleta. Amañó una de su padre y acabó recorriendo los montes. Se interesó entonces por la zoología, los lobos, los zorros, los jabalíes y los corzos. Se fue internando en sus rutas y empezó a fijar su atención en mámoas, dólmenes y, tras ellos, vino el arte rupestre. Leyó libros, visitó Campo Lameiro, consultó todo lo que halló en Internet y se fue especializando en petroglifos, en dónde suelen ubicarse, en qué tipo de roca, qué motivos incluyen, orientaciones, posiciones y demás.

Su tarea tiene tintes heroicos. Ni la maleza ni los tojos ni los accesos más difíciles son un freno para él. Se pasa las horas en los montes. Sin embargo, esta tarea frenética no le impidió sacar dieces en todas las asignaturas en los dos años de bachillerato, estudios que completó con matrícula de honor en el instituto Terra de Soneira de Vimianzo.

En las pruebas de la ABAU también obtuvo un éxito rotundo, con un 13,61. En las próximas semanas emprenderá los estudios de Ingeniería Aeroespacial. Dice que el único secreto para poder hacer todo ello es la buena organización del tiempo y, sobre todo, no ser esclavo de las redes sociales. David es un gran enamorado de su Vimianzo natal y espera que sus descubrimientos puedan contribuir a completar las grandes rutas de visitas al pueblo y hacerlo más atractivo todavía.

Un soño

David Roget

Sempre lembrarei ese 1 de xullo do 2019 coma un dos días máis felices da miña vida. Consumara un soño ó que tanto esforzo dediquei. Chegaba á casa moitas veces enchoupado pola chuvia, e outras sen folgos pola calor, co corpo marcado polas feridas dos toxos e silveiras. Andaba por zonas sen camiño, onde a maleza o devora todo, sentindo medo nalgunhas ocasións por perderme ou anoitecer máis rápido do que contaba, sabendo que a meus pais non lles agradaba a idea de estar eu só polo monte, sobre todo cando comecei as pescudas con 16 anos. Pero ver agora o resultado, eses espectaculares xogos de sombra e luz entre figuras tan fermosas feitas hai miles de anos, provócame unha ledicia inconmensurable. A suor, medo, cansazo e tempo invertido pagaron a pena con creces.

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