«Se tardamos dez ou vinte minutos en acudirlles non sei se o contarían»

Dos surferos de Vimianzo salvaron el sábado a un padre y un hijo de León a quienes arrastró la corriente en Lires


Carballo / La Voz

«Non somos heroes, foi algo cívico que estou seguro que faría o 110% da xente na nosa situación». Álex Lema, de Vimianzo, estuvo a punto de no ir a surfear el sábado, ya que había salido la noche anterior y no estaba demasiado motivado. Fue su compañero Bruno Carballo, de Berdoias, quién le convenció para salir a coger unas cuantas olas a la zona de Lires, y así también se despejaría la cabeza.

Estaba siendo una jornada tranquila. Buenas olas, buen tiempo, una temperatura de escándalo... Después de surfear un rato después de comer, salían los dos jóvenes del mar y, cuando ya se estaban quitando los neoprenos, observaron a una pareja de bañistas que parecían estar adentrándose demasiado. La marea estaba bajando y las corrientes podrían arrastrarles sin que ellos pudiesen ponerle remedio. «Hai que botarlle un ollo a eses, por se acaso», le dijo Álex a Bruno. Mientras tomaban algo una señora se les acercó y les transmitió la misma preocupación: «Vós que opinades? Eses darán saído?».

Así, volvieron a ponerse los neoprenos y nadaron hacia los bañistas. Álex se ocupó del que estaba más cerca de la orilla -el hijo- y Bruno se acercó al que se había adentrado más -el padre-. «Pregunteille se estaba ben. Asentiu, pero a súa cara dicía que non», narra Bruno, pero enseguida la corriente agarra al leonés, lo menea y lo arrastra hacia las piedras. Viendo «o percal», el surfista nada hacia él, le acerca la tabla y tratan de nadar hacia la orilla. Entre tanto, su compañero ya había conseguido sacar al hijo: «Ao principio estaba desorientado. De feito, pensaba que o pai xa estaba fóra do mar. Cando se deu conta do que pasara, deume un abrazo», cuenta Álex, que enseguida se lanzó de nuevo al mar para seguir ayudando.

«Facía moito mar. Rompíannos as olas na cabeza e levábanos dun lado para o outro. Cando nos queriamos mover, acababamos no mesmo punto», narra Bruno. Estuvieron más de media hora tratando de moverse hasta que llegaron a la conclusión de que, o nadaban mar adentro, lejos de las corrientes, para esperar a que una lancha los recogiese; o sacar fuerzas de donde no las había y mantenerse hasta que bajase la marea y pudiesen impulsarse hacia la arena. Finalmente, y aprovechando el primer momento de calma que hubo, lograron salir de la corriente.

«Unha vez fóra, dáste conta de en que follón nos puidemos ter metido. Pero nese momento non pensei nin no meu fillo de ano e medio nin na miña muller. Tiñamos que ir axudar», cuenta Bruno, y añade: «Se tardamos dez ou vinte minutos en acudirlles non sei se o contarían».

Cuando llegó la familia de los bañistas prefirieron dejarles en la intimidad, pero más tarde -y una vez atendidos por los equipos médicos- los dos rescatados se acercaron a los vimianceses para agradecerles la gran gesta. «Non sabían o que nos habían facer, abrazáronnos e querían convidarnos a un viño, pero como tiñamos que marchar quedamos en que lles fariamos unha visita a León, para comer unha boa cecina», cuenta Bruno.

Una vez superada la euforia inicial, y tras llamar a sus respectivos familiares, se dieron cuenta de lo que realmente acababa de suceder. «Chamei á miña moza e xa me botei a chorar. Nese momento tiras de todo corazón e fas o que sexa, pero xa cando saes es consciente da gravidade do asunto», explica Álex. Tanto a él como a su compañero les costó conciliar el sueño esa noche. Lógico. Su cuenta con el karma está más que saldada, tras poner en riesgo su propia vida para salvar la de otros.

Falta de medios

Estos dos vimianceses reflexionaban ayer sobre la gran carencia de medios de rescate que hay en muchas playas de la Costa da Morte. Arenales como el de Lires o el de Nemiña -donde, por cierto, veraneaban mucho los dos leoneses- son altamente transitadas y no hay apenas medios. «Somos conscientes de que ter socorristas en cada praia sería unha utopía, pero polo menos que houbese un flotador cun cabo aquí no chiringuito de Lires. Está claro que un bañista normal non se pode meter a rescatar a ninguén nesa zona de corrente, pero con só lanzarlle o flotador xa o axudaría moitísimo, pois podería manterse a flote ata que chegase a zodiac», apunta Bruno. Álex, por su parte, hace un alegato: «Non sempre se trata de imprudencias, ou de non coñecer o entorno. A calquera nos pode dar un mareo cando estamos na auga e precisar axuda».

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