«Non frearon na meta e levaron por diante as tendas de rosquillas»

Fotos con historia | Las primeras bajadas de carrilanas en Trasouteiro (Vimianzo) | «Grazas a aquela festa amañouse a capela e todo o seu entorno», dice el que fue uno de los organizadores durante casi 30 años


Carballo / la voz

La foto

1992. Hubo un tiempo en el que el tramo comprendido entre el Alto do Cornado y la capilla de Trasouteiro se convertía cada año en un auténtico circuito de velocidad. Adrenalina pura respaldada por gentíos de cientos de personas, que se agolpaban en los márgenes de la carretera para observar como decenas de bólidos bajaban, en apenas dos minutos, los 1.800 metros de tramo (y muchas veces sin frenos). La imagen corresponde a la edición de 1992, de las primeras en celebrarse y en la que participaron 26 carrilanas llegadas desde Vimianzo, pero también de otros puntos de gran tradición, como Esteiro, donde aún perdura su certamen a día de hoy.

Los protagonistas

Veteranía y juventud. En la foto actual, de izquierda a derecha: Adolfo Valiña, José Manuel Carballo y José Ageitos. El más veterano de los tres, José Manuel, estuvo siempre en la organización, tanto de las fiestas como de la bajada de bólidos, excepto en la última, la vigésimo quinta. De esa se encargó José Ageitos, junto con un grupo de chavales, que trataron de tomar el relevo de los primeros organizadores. Tanto él como Adolfo probaron también el sabor de la adrenalina bajando a gran velocidad por las cuestas de Trasouteiro. José Manuel nunca se atrevió, quiso verlo todo siempre desde «a barreira», disfrutando del magno espectáculo.

La historia

Hubo un tiempo en el que desde Trasouteiro (Vimianzo) consiguieron hacer sombra a la antiquísima bajada de carrilanas de Esteiro (Muros), que supera ya las treinta ediciones: eran las dos citas de referencia a nivel gallego para los amantes de los bólidos sin motor.

Corrían los últimos años de la década de los ochenta, y en Trasouteiro decidieron recuperar las fiestas en honor a fray Diego de Cádiz, unos festejos que llevaban más de 40 años sin celebrarse. Además de competiciones de fútbol femenino o de motocrós, y viendo el éxito que las carrilanas estaban teniendo en otros lugares, desde la comisión se decidió apostar por tan curiosa carrera, que en sus primeras ediciones logró juntar a varias decenas de bólidos, que repartían en dos categorías diferentes. Por un lado, las carrilanas de exhibición. Esas piezas de museo elaboradas con esmero y con maderas nobles que, en algunos casos, podían llegar a costar hasta 3.000 euros. Por el otro, los bólidos de batalla, los que realmente se batían el cobre por cruzar la línea de meta en primer lugar.

Lo de batirse el cobre... a más de uno le salió más literal de lo que le gustaría: «Nos primeiros anos, sobre todo, as carrilanas non paraban na meta, senón que seguían bastantes metros máis. Dunha vez levaron por diante os tenderetes das rosquillas que había montados polas festas. Xa non quixeron volver máis!», dice José Manuel Carballo entre risas. Él estuvo involucrado en la organización de 24 de las 25 ediciones que llegaron a celebrarse en Trasouteiro. Solo se perdió la última, aunque en ninguna de las ocasiones se animó a probar la experiencia en sus propias carnes: «Ui, non! Eu vino sempre dende a barreira. Era precioso de ver, impresionaba», afirma Carballo, aunque él solo «respiraba» tranquilo cuando todo llegaba a buen término, sin heridos ni incidentes. «Tivemos moita sorte, pois en 25 anos tivemos algunha torcedura, pero nunca pasou nada grave», añade.

Durante esos años de auge el apoyo era tal, que las carpinterías de la localidad, los bares y todos los vecinos en general se volcaban con la cita en lo que buenamente podían. Les ayudaron mucho las asociaciones Axvalso y Cherinkas, pues desde la organización no podían con todo: la delimitación del circuito, la colocación de elementos de frenada, equipo humano y técnico que diese la salida, cronometrase y llevase los bólidos de vuelta al punto de salida... Tenían que lidiar, asimismo, con mucho papeleo burocrático; «trabas de todo tipo», según Carballo, que terminaron por dejar decaer la celebración y «queimar» a sus organizadores, hasta el punto de no conseguir el tan necesario relevo generacional.

De la vigésimo quinta edición, la última que se celebró (2016) se encargó José Ageitos Pasantes, entre otros. Es un auténtico forofo: tiene 25 años y lleva desde los 18 participando en bajadas de carrilanas de toda Galicia. «En Vimianzo permitían participar a menores de idade, pero co permiso dos pais. A primeira vez fun escapado!», ríe el joven, que no dudaría en volver a organizar otra edición más si tuviese tiempo. «Se ninguén se anima pode que o ano que vén trate de volver a retomala, xuntando aos que adoitábamos baixar aquí en pola zona», asegura.

Los mejores recuerdos los guarda no tanto de la propia competición, sino del proceso de construcción de la carrilana, que no era nada barato, por cierto: «Parecen cacharros de madeira, pero eu unha vez púxenme a meter contas e, cando cheguei a 700 euros, xa non quixen contar máis. Pero valía a pena, pola adrenalina do momento. Antes da saída eu creo que se me pinchaban, non sangraba, da tensión».

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«Non frearon na meta e levaron por diante as tendas de rosquillas»