Los castillos visitables de la provincia, todo un tirón turístico

En la Costa da Morte solo el de Vimianzo abre al público


ferrol / la voz

Nobles, asedios, guerras... La provincia coruñesa, especialmente la zona costera (con la gran excepción de la Costa da Morte, salvo la notable presencia de la fortaleza de Vimianzo), permite, con un poco de imaginación, hacer un auténtico viaje a otras épocas. El litoral está jalonado de fortificaciones que, tras siglos sin su uso original, afrontan una segunda vida ligada al sector turístico. El Cardeal de Corcubión o el Príncipe de A Ameixenda (Cee), en manos privadas en ambos casos, son un buen ejemplo de herencia militar, lo miso que lo mínimo que queda del Soberano de Camariñas. Una ojeada al listado oficial de Bienes de Interés Cultural de la Xunta permite rastrear algo más de medio centenar de monumentos en la categoría «castillos» en la provincia. Aunque un vistazo más detenido permite discernir entre fortificaciones, torres, baterías militares.... Buena parte de ellas, en condiciones ruinosas.

La ciudad ferrolana, y su comarca, por aquello de la protección de la base militar, se muestra como una auténtica potencia en este terreno. Aunque el área metropolitana de A Coruña le va a la zaga. El castillo de San Antón, reconvertido en Museo Arqueolóxico (con un amplio patrimonio de la Costa da Morte) a finales de los sesenta, tras su reforma y adaptación, representa un caso paradigmático del cambio de uso. Con interés por sí mismo, se ha convertido en uno de los reclamos del turismo cultural de A Coruña. Y así, como apuntan desde el propio centro, el equipamiento cultural cerró el pasado año rozando la barrera de las 73.000 visitas.

Menos concurrido, pero igualmente cuidado, se encuentra el castillo de Santa Cruz, en Oleiros, volcado desde hace años en la divulgación ambiental - es la sede del CEIDA- e igualmente abierto al público. Otro ejemplo de manual. A San Antón le seguiría, en un hipotético ránking de castillos con gancho turístico, el de San Felipe, situado en la boca de la ría de Ferrol, justo enfrente del mugardés de La Palma. Con 48.000 metros cuadrados de superficie, la fortificación de titularidad municipal se ha convertido en el monumento más visitado de la ciudad naval. Según detalla la edila ferrolana de Patrimonio, Rosa Méndez, sumó en 2018 unos 40.000 visitantes.

Aunque, sin duda, donde el poderío de las fortalezas se deja sentir con más fuerza es en las villas y pequeños municipios. Localidades como Vimianzo, con su céntrico castillo medieval, que acoge la muestra de artesanía en vivo, completó el año con cifra récord de visitantes: 37.330. Otro tanto sucedió en Pontedeume, con el fortín de los Andrade que, en los tres meses que abre al público (Semana Santa y verano), recibió a 5.490 personas; o con el restaurado castillo de Moeche, propiedad de la Casa de Alba, que experimentó un crecimiento del 29 %, pasando de 3.630 visitantes a 4.690, casi cuatro veces la población del municipio.

Algunos fortines se saltan la norma sobre los BIC

 

 

Que la inclusión en el listado de

Bienes de Interés Cultural (BIC) no garantiza ni la conservación ni el acceso a los castillos es un hecho.

Buena muestra es lo sucedido durante años en Mugardos, donde se levanta el castillo de La Palma, popular en su día por haber sido una de las cárceles militares donde cumplió condena Tejero. El Concello lleva tiempo batallando para conseguir que se cumpla la Lei de Patrimonio y que el fortín, en manos de un grupo inversor que antes de la crisis quería reconvertirlo en un hotel de lujo, cumpla con el mínimo de aperturas que establece la ley: al menos 4 días al mes, 4 hora al día.

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