El cementerio de Baíñas mantiene su abono histórico a la polémica

Ahora las quejas se deben a un nuevo desmonte realizado en el camposanto vecinal

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cee / la voz

En la parroquia vimiancesa de Baíñas mencionar la palabra cementerio es casi siempre sinónimo de conflicto, porque se trata de un asunto que en los últimos dos decenios ha dado lugar a numerosos enfrentamientos, incluso con pleitos entre los vecinos.

Ahora la cuestión parece bastante menor si se compara con todos los episodios que se han vivido en la localidad a este respecto, pero sí está generando cierto revuelo que ha llegado incluso a oídos del párroco, Carlos Javier Fórez Espinosa, que se ha hecho eco durante la misa de los avisos vecinales recibidos.

En resumen, las quejas obedecen a la gestión del camposanto y particularmente a un desmonte realizado del que se ha obtenido una importante cantidad de material de relleno destinado a una obra próxima. No debería haber mayor problema, porque la propia configuración de la parcela invita a su explanación a futuro, pero, por lo visto, los vecinos no fueron informados de estos trabajos y hay a quien no le ha gustado que se llevasen el material de calidad y, por ejemplo, dejasen quedar sin picar un importante peñasco.

Aunque el tema ha dado lugar a muchos comentarios en las últimas semanas, ayer nadie de los consultados quería hablar del asunto. Una vecina que otras veces sí se ha quejado por asuntos relativos al cementerio señalaba: «A xente está queixosa, pero eu non teño motivos nin a favor nin en contra. Eles saberán, porque aquí algúns botan os cans na bouza e despois non queren dar a cara. Gato escaldado... ¿xa sabes como é non? Pois iso, síntoo, pero non teño opinión».

«Véspera das eleccións»

El presidente del colectivo vecinal del cementerio, Ángel Lage, a quien han interpelado para que dé explicaciones, tampoco tenía muchas ganas de hablar, «nin tempo para andar coas tonterías do cemiterio». A su juicio, en el recinto «pasou o mesmo que todos os anos, porque non é nin o cuarto, nin o quinto, nin o sexto, nin o sétimo desmonte que se fai». De ahí que, para él, la única diferencia radique en que «este ano é véspera das eleccións», dando a entender, aunque sin profundizar más en ello, que se trata de una polémica alimentada de manera artificial por motivos políticos.

El párroco, por su parte, lo que ha entendido de todo esto, por lo que le han transmitido, es que «sacaron arena o algo así que luego puede hacer falta». Ahora bien, se trata de un cementerio vecinal y no del parroquial, con lo que su intervención se limita a los sepelios que allí se realizan y, hasta donde sabe, tampoco entiende que se hayan producido «cambios radicales», en el camposanto. De ahí que su participación se haya limitado a leer en las misas las notas que le han hecho llegar. «Son muchas parroquias y parroquias pequeñas con lo que uno muchas veces tampoco sabe lo que puede haber detrás», detalla el sacerdote, que transmitió tanto el primer mensaje en el que «se pedía una reunión para hablar de temas del cementerio, así en general», como la segunda, que le hizo llegar otra feligresa «unos ocho o 15 días después», en la que «se decía que el presidente de la junta iba a presentar informes, aclaraciones, extractos del banco... Lo vi como una muestra de buena voluntad, como de estar dispuesto y receptivo a lo que pedían los vecinos, pero, a partir de ahí, ignoro si se dio esa información», concluye el religioso, que llama al entendimiento y la concordia.

Los 20 años largos de conflicto han dado lugar incluso a pleitos ante los tribunales

El cementerio de Baíñas (Vimianzo), no este sino el parroquial, ya empezó a dar que hablar hacia 1997 cuando un grupo de vecinos pretendían su ampliación. Al año siguiente se sucedieron las muestras de rechazo a estas obras y en 1999 incluso hubo procesados por amenazas. Hacia el 2000 estaba clara la decisión, de al menos la mayoría de la parroquia, de construir el camposanto nuevo, en el que ahora se discuten los desmontes. Se hablaba entonces de 600 panteones. Sin embargo hizo falta más de un lustro de trámites, con modificaciones urbanísticas incluidas hasta que el 7 de octubre del 2006 se convirtió en una realidad. Durante las obras se produjeron al menos siete robos en las instalaciones y, entre tanto, seguía dirimiéndose el conflicto por el viejo camposanto, lo que en el 2007 volvió a llevar a los tribunales a los grupos enfrentados y en el 2008 se conoció su absolución. En el 2009 seguía el empeño por construir nuevos nichos en el cementerio viejo, pero eso ya parece olvidado.

Deseo eterno

Una de las palabras más veces repetida en los cementerios es paz. Sin embargo, en Baíñas no descansan. Y menos en paz, en cuanto a los camposantos se refiere. Una hoja que se mueve en cualquiera de las dos necrópolis ya es motivo de controversia inútil. Ahora es un desmonte. El runrún no cesa entre los parroquianos, que ven como una intromisión en el dominio del cementerio la extracción de escombro. La paz, ese deseo eterno.

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