La ley de incendios desborda a los maderistas y tira los precios

El miedo a las sanciones cunde entre vecinos incapaces de cumplir la normativa


cee / la voz

Las modificaciones introducidas a finales del año pasado por la Xunta en la Ley 3/2007 de la Prevención e Defensa Contra os Incendios Forestais de Galicia y, sobre todo, la decisión -ahora sí- de que se aplique, ante el riesgo cierto demostrado con los incendios del año pasado en Portugal y el entorno de Vigo, ha desatado un verdadero caos en muchos puntos de la comunidad y particularmente en la Costa da Morte. Cunden las dudas y los miedos a las sanciones entre los propietarios, los concellos se resisten a ser ellos los encargados de aplicar medidas nada populares a los vecinos en una competencia que es autonómica y los maderistas -al margen de las actitudes especulativas que puedan tener algunos- no dan abasto para retirar un producto, que ya tenía la cotización por los suelos, con los que en muchos casos no les compensa desplazar toda su maquinaria y dejar de lado la actividad ordinaria.

«Non é coller unha motoserra»

Lo explica Víctor Muíño, de Maderas Muíño Ramos, en Baíñas-Vimianzo, una de las empresas más potentes de la zona. «A lei non é de agora. Nós xa levamos moitos anos plantando e sabendo que había que gardar as distancias, pero a xente dicía: ‘bueno, mentres non ven’ e agora é cando se ven as consecuencias. Eu teño que ir cortar uns eucaliptos todo na volta dunha estrada a un señor que a partir do día 14 venlle unha multa de 1.000 euros. Leva meses recurríndoa, pero agora ten que ser, e así todo. Despois a culpa levámola os da madeira, pero isto non é coller unha motoserra ir e cortar. Tés toda unha loxística detrás que non podes mover por 10 toneladas», detalla.

Un técnico forestal de la zona, que pide la reserva de su identidad, explica que el asunto tiene bastantes más aristas y destaca que también entre los profesionales existe picaresca, para llevar la situación al límite y, ante las amenazas de las multas, quedarse la madera gratis a última hora. Sin embargo, a su juicio, lo más grave «é o medo no corpo que se lle está metendo á xente». De hecho, considera que todas estas premuras, porque más que en general se trate de acciones necesarias que vienen de tiempo atrás, está generando situaciones de estrés e incluso peligrosas, sobre todo en gente mayor. «É que non estamos libres de calquera día ver a un señor de 80 anos debaixo dun eucalipto. Vés xente cortando, polo medo as multas, que non pode coa motoserra», señala, al tiempo que describe otras situaciones, como carreteras cortadas de manera accidental por la caída de árboles y, sobre todo, muchas dudas, porque no para de recibir llamadas de personas cercanas para preguntarle por la situación.

Es más, tanto él como otros especialistas dudan siquiera de que las medidas, en determinados casos, resulten eficaces contra los incendios. «Se vés un piñeiral con pinos vellos, debaixo ten pradería, porque asombran. Se os cortas e plantas castaños, cun pouco de sorte dentro de 15 anos volverán a facer esa sombra. Se o deixas quedar xa podes limpar todos os anos, porque se enche de xestas. Non só é cortar e iso moita xente non o sabe», explica.

Los alcaldes de Zas y Vimianzo, dos de los municipios con mayor extensión forestal de la comarca, se muestran especialmente críticos con la manera de actuar de la Xunta, más que nada porque reciben consultas casi a diario al respecto de vecinos preocupados.

«Momento caótico»

El regidor vimiancés, Manuel Antelo, dice que la gente, influenciada por lo que ve en los medios y a consecuencia de lo que considera «unha mala planificación, porque esta campaña non pode durar un mes», tiene miedo y, además, en lugar de informarla debidamente lo que se está es empobreciéndola, privándola de un bien del que se está desprendiendo «o comido polo servido». «Só goberna a golpe de pau aquel que é un irresponsable. Non é conto de meter medo, senón de facer cidadáns ben informados», recalca Antelo.

En la misma línea, su homólogo zasense, Manuel Muíño, califica de «escandalosa» la actitud del Gobierno autonómico, cuando basta ver los márgenes de la AG-55 o la AC-552 para darse cuenta de que «a propia Xunta non cumpre coa lei e despois pretende que sexa un concello de 5.000 habitantes -e coma nós os outros- sen medios administrativos e sen capacidade o que obrigue aos veciños». Es más, incluso denuncia que no se actúa en todo el territorio por igual y que esto no se puede hacer «co verán enriba».

«Hai xa xente maior pagando para que lle quiten a madeira»

El concejal de Medio Ambiente de Camariñas, Sergio Caamaño González, señala que lleva ya muchos días sin hacer otra cosa que ayudar a los vecinos -Sixpac, planos del PXOM y demás en mano- a registrar plantaciones de patata por la plaga de la polilla y ver que obligaciones tienen a la hora de limpiar sus fincas forestales.

«Ti ou eu ao mellor podemos limpar, pero hai xente maior de 80 anos que non pode e xa se están dando casos de pedir de favor e pagar para que lle quiten a madeira, porque se os pinos valen moi ben, pero, se non valen, ¿que?», señala Caamaño.

No pone en duda la necesidad de las medidas, pero sí cuestiona la manera de aplicarlas, porque considera que pasó como con la Ley de Costas, porque muchas propiedades en lugar de un bien suponen una carga para los vecinos. Incide en el punto de la normativa que autoriza a la Administración a realizar la corta si el propietario no la realiza, sufragar los gastos con la madera y, si no cubre, expropiar. «Dígoche que se iso o fan ao primeiro de todo e sen multas, a metade das leiras quédanlle á Xunta», apunta.

Por otra parte también destaca el trabajo de algunos profesionales, caso del agente forestal de su zona, Xoán Carlos Pérez Gestido, que, aparte de la información, «está el mesmo axudándolle aos propietarios a medir. Xa o dixo nas charlas, non quere ser el o que teña que comezar coas sancións».

Lo que dice y lo que no dice la norma

El grueso de los propietarios forestales de la comarca son gente de edad avanzada que no lee el DOG a diario y tampoco sigue con detenimiento cada bando que dictan los alcaldes, con lo que muchos concellos, los distritos forestales y otras entidades llevan a cabo estos días distintas acciones informativas. El Concello de Corcubión, por ejemplo, acaba de publicar unas pautas y la Fundación Pondal ofrece mañana a las 20.00 horas una charla informativa con un agente forestal en la Casa dos Veciños do Couto. La base la normativa del 2007, actualizada el año pasado radica en que hay que tener limpias -eso es algo más que cortar árboles- las zonas entorno a las casas y las vías de comunicación para protegerse contra el fuego. Las frondosas (carballo, castaño, bidueiro, freixo,...) propagan menos el fuego, que los pinos, eucaliptos y acacias, con lo que las distancias a guardar son distintas. Así, por resumir mucho, junto a las casas las primeras pueden estar a 15 metros y las segundas a 50 y en las carreteras a cuatro y 10, mientras que las pistas forestales se reduce a dos y cuatro, respectivamente.

Laboriosa

Los problemas de la limpieza de los montes en el entorno de las vías no es más que una de las caras de la nefasta situación del territorio forestal gallego. La desordenación, el abandono y la deficiente explotación son las principales características de uno los recursos más valiosos de Galicia. Y, al mismo tiempo, no es más que otra de las consecuencias del abandono del ámbito rural. Lo peor es que la solución será laboriosa. Si es que interesa.

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