«Baos» emerge sobre el río Xallas

La joven escritora Natalia Lema Otero narra la historia de los habitantes de las casas sumergidas al construir el embalse de Fervenza, que limita con cuatro concellos de la zona


De lo que un día fueron A Pesqueira, O Ribeiro, O Cotón, Pazos o Castrerón ya no queda más que el recuerdo, que no es poco, de quien algún día vivió allí. Hace cincuenta años, la construcción del embalse de A Fervenza sumergió para siempre buena parte de la parroquia mazaricana de Os Vaos bajo las aguas del Xallas y también en el olvido colectivo. De aquel drama que obligó a docenas de familias a abandonar sus casas y sus tierras empujándolas a buscarse la vida en otros lugares, solo quedan la iglesia, el cruceiro y las sepulturas que, piedra a piedra, fueron trasladadas a la aldea de O Niñán. Lugar desde donde, paradójicamente, hoy puede disfrutarse de una magnífica vista del embalse.

Estos días, sin embargo, el Baos -los vecinos lo escriben con b pese a que en la toponimia oficial sea con v- sumergido vuelve a la superficie gracias a Natalia Lema Otero, una joven de Vimianzo que ha recogido en un libro, titulado precisamente Baos, las vivencias de una de las muchas familias afectadas por la construcción de la presa hidráulica.

«Pese a tristeza que supuxo para tanta xente, considero que a dos Vaos é tamén unha historia moi fermosa de amor, compañeirismo, superación e de apego pola terra», reconoce esta joven y ya exitosa escritora -ha ganado numerosos concursos de poesía y relato corto- quien reconoce que la idea del libro se la dieron sus abuelos Manuel y Dulcina. «O que se conta no libro é totalmente real e está baseado no que me contaron meus avós, dúas das persoas que viviron nos Vaos e que tamén tiveron que marchar cando se iniciou a construción do embalse. Cambiei nomes para evitar personalismos e para que todos os que foron veciños se sentisen aínda máis identificados coa historia».

Lo cierto es que no solo los que vivieron en las aldeas de Os Vaos que yacen bajo las aguas del Xallas se han sentido atraídos por el contenido del libro, sino que han sido muchas más las personas que se han interesado por el. «O certo é que estou moi gratamente sorprendida pola acollida que está tendo. Sabiamos que era un tema que podía interesar á xente, aínda que non deste xeito. De feito, non damos atendido as peticións que temos porque as tiradas nesta colección adoitan ser pequenas», reconoce la autora.

Hasta el momento, Natalia Lema Otero solamente ha presentado la publicación en la localidad vimiancesa de Baíñas, de la que es natural, y en A Picota, en Mazaricos. En ambos actos ha cosechado un notable éxito de público y ha despachado más de un centenar de ejemplares. La historia que recoge en su volumen está siendo ampliamente seguida, algo que la llena de satisfacción.

Retorno a Castrerón

La inesperada reducción del nivel del embalse de A Fervenza registrada en 2007 -acabó convirtiéndose en un delito ambiental que provocó la muerte de miles de truchas en las inmediaciones de la presa- permitió a muchos vecinos volver al lugar del que los había echado cuatro décadas antes.

También a Natalia Lema Otero quien, por primera vez y acompañada de sus padres, visitó lo que había sido la aldea de Castrerón de la que tanto le habían hablado sus abuelos.

«Non quedaba nada en pé, pero aínda se podían recoñecer as formas das casas, a súa planta rodeada de pequenos muretes de pedras como se fose un castro. As persoas que estaban alí sabían onde estaban as vivendas, as eiras de cada un. Foi moi bonito e emocionante á vez», apunta la escritora.

Es probable que pasen muchos años, antes de que los restos de Castrerón o de los restantes lugares inundados por el embalse vuelvan a salir a luz. Da igual porque su recuerdo es todavía más imborrable gracias a la iniciativa de Natalia Lema.

A partir de ahora costará más olvidar que bajo el río Xallas continúa habiendo recuerdos y vida porque, tal y como se recoge en el libro de la joven: «As aldeas que quedaron sepultadas debaixo das augas non morreron porque mentres perduren nas bocas das súas xentes seguirán xermolando con ímpeto».

La autora, que reside en Baíñas, desarrolla su trabajo tras una idea de sus abuelos

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