Los desmanes con el horario de las verbenas hartan a la Guardia Civil

Agentes advierten del riesgo que supone para los organizadores incumplir las normas

Actuación de la orquesta Panorama, una de las más reclamadas, en las fiestas de Muxía.
Actuación de la orquesta Panorama, una de las más reclamadas, en las fiestas de Muxía.

Cee / La Voz

La noche de Jueves Santo se celebró una macrofiesta en el polígono de Vimianzo y dos días antes a las fuerzas de seguridad todavía no le habían entregado toda la documentación preceptiva. No pasó nada porque la verbena se desarrolló con normalidad: asistieron miles de jóvenes, el promotor contaba con todos los permisos en regla, tenía contratados una docena de vigilantes de seguridad y baños móviles accesibles y se cumplió razonablemente el horario de cierre. Solo hubo que lamentar un incidente con el camión de una orquesta y cierto disgusto en la parroquia porque, según dice el cura, Daniel Turnes, «había máis días para facer iso» que en plenas celebraciones religiosas. «A min fastidioume está claro, pero cada un é moi libre dos seus actos», reflexiona.

Aunque en este caso «o desenvolvemento foi modélico», como dice el alcalde, Manuel Antelo, por tratarse de la primera gran cita de una temporada de verbenas que se prevé larga e intensa, los responsables de algunas unidades de las fuerzas de seguridad de la comarca, quieren que sirva de ejemplo y advertir de que los desmanes que se cometen habitualmente con estos actos pueden traer consecuencias muy graves porque «nunca pasa nada ata que pasa», como dice un veterano comandante de puesto de la Guardia Civil.

Pese a que pueda sonar a broma para alguien que conozca mínimamente como se desarrollan las verbenas en la zona, el horario máximo que puede autorizar normalmente un Concello son las tres y media de la madrugada, a partir de ahí debería entrar ya la Delegación del Gobierno.

Además, a raíz de las investigaciones por fraude en este negocio, se acabó lo de contratar un agente de orquestas y que se encargue de todo. Las comisiones, o las empresas en su caso, tienen que contar con un seguro de responsabilidad civil que cubra unos 300.000 euros, asegurarse de que los trabajadores de las orquestas tengan la seguridad social al día, que los camiones y los remolques hayan pasado tanto la ITV como la inspección de Industria, pagar a la SGAE y las tasas municipales,... además de asumir una gran responsabilidad.

De ahí que los agentes consultados adviertan de la ruleta rusa en la que se están convirtiendo estas fiestas y hagan un llamamiento a las responsabilidad colectiva, empezando por las Administraciones, para evitar consecuencias que pueden ser muy desagradables.

«Nisto vai pasar como co alcohol e os envases de cristal no fútbol. Ata que pasou o do Camelle e o árbitro denunciou ninguén facía caso. Agora todo o mundo espabilou, vés vasos de plástico e todo iso», señala otro mando intermedio de la zona, que también hace autocrítica. «Moita da culpa témola nós e máis os municipais porque deixamos facer demasiado, a xente acostumouse mal e agora para cambiar iso custa moito. Non temos en conta que canda os que están na festa hai outros 1.000 ou 2.000 veciños que teñen dereito a durmir e non pode ser que as 10 da mañá sigan retumbando a música que fai vibrar o chan», añade.

Además, los guardias y policías advierten de lo importante que es entregar las autorizaciones a tiempo y cumplir con las exigencias porque «se pasa algo nunha festa con catro ou cinco mil persoas temos que dispor de medios para actuar. Non nos imos meter unha parella de axentes a desaloxar algo así porque sería peor o remedio que a enfermidade», apunta otro policía que recuerda que mucha gente puede salir perjudicada si no se afronta este asunto con seriedad.

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