Río Mar avanza en su labor de salvar el cauce del Grande

Más de 30 voluntarios trabajaron en tres áreas con apoyo de tractores para retirar gran cantidad de árboles muertos

La entidad soneirana necesitó tres tractores para retirar los troncos y maleza del cauce.
La entidad soneirana necesitó tres tractores para retirar los troncos y maleza del cauce.

carballo / La Voz

Navia, la diosa céltica de los manantiales y los ríos, estaría muy orgullosa de ellos. Son los valedores del cauce del Grande. Cada otoño salen a limpiar los márgenes para darle vida a la arteria que riega las tierras de Soneira. Más de treinta socios y voluntarios de la entidad Río Mar llevaron a cabo ayer una nueva jornada de trabajos en el área del Pozo Retorto y Casas da Braña (Baio) y O Mosquetín (Salto-Vimianzo).

Es un trabajo duro que exige gran esfuerzo físico, aunque una buena parte de ellos supera con creces los cuarenta e incluso los hay jubilados. Y no solo son de Baio y lugares del entorno. También llegan, según informó el presidente de colectivo, David Gómez Brandariz, desde Padrón o Meicende. Van limpiando la maleza y retirando los árboles muertos a golpe de motosierra, hachas, hoces y las ya imprescindibles grúas de los tractores. Ayer tenían tres. Los necesitan para retirar los alisos, los robles o los pinos secos. «Desfanse como o papel », decía Espasandín, uno de los aficionados a la pesca que, como los demás, trabaja todos los años para que el río mantenga la vida y no perezca poco a poco bajo la maleza, los árboles sin vida y la contaminación.

Jesús Rodríguez, uno de los jubilados, labora en un rincón y bromea con la posible llegada de los inspectores de la Seguridad Social, al tiempo que otro operario voluntario lamenta que haya tan poca gente joven involucrada en esta tarea. «O que pasa é que onte saíron a deitáronse tarde», tercia otro trabajador mientras retira unas ramas con la hoz. Los chavales, explican, no están dispuestos a tanta obra para poder salir un día a pescar y no llevarse ni una sola trucha al cesto. Tal vez ellos aman de verdad el río y ya no les importa tanto si llenan o no el cesto. «Os máis novos van ao mar, que se pesca máis», se oye decir mientras la grúa levanta un gran tronco muerto para tronzarlo para leña.

La hora de tractor se paga a 30 euros, por eso no hay mucho descanso. Eso sí, cuando termina la tarea, se reúnen todos en el Muiño do Allo, se toman un bocado y comparten cervezas y conversación. La leña se la ceden a los dueños de las fincas, si la quieren, o la venden, pero los ingresos son raquíticos, 150 euros.

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